Archivo de la etiqueta: feminismo

Distorsiones cognitivas

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Como parte de este proceso de encontrarme a mi misma me encuentro buscando las propias fronteras de mi cuerpo, mi contorno. El cubículo que me encierra, los límites de mi existencia.

Va y ven de episodios y formas, dos embarazos, dos lactancias, respuestas metabólicas y ese esperar, a ver que pasa.

Me hice una promesa, no pisar la báscula, ¿a qué más? En sendos embarazos las matronas tomaron nota y ahí quedó la cosa.

Cuando albergas en tu cuerpo, cuando alimentas son muchas las necesidades calóricas, tienes una gran excusa, la mejor, y comes, tienes hambre, un hambre primitiva, ancestral, nocturna, después de las largas tomas que devienen al sueño de la criatura te descubres ávida, ávida de dulces sueños y de dulces tentaciones. Así transcurre el tiempo y sin embargo tu figura decrece, la magia de la leche, la magia de la luna.

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¿Jugamos con pistolas?

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Muchos pensamientos invertidos en los iconos femeninos, en el modelo de mujer que quiero transmitir a Maia, libre para no ser la niña buena, la princesa sumisa o la “mujer perfecta”.

Preocupada de inculcar los valores adecuados a Marco para que no menosprecie a sus compañeras, para que sepa advertir lo verdaderamente importante que hay en ellas, y en ellos.

Mientras tanto los iconos masculinos se nos van colando por debajo de la puerta, no los coartamos, como sí haría con las princesas, y cuando menos me lo espero estoy rodeada de Jedis y superhéroes, un mundo fantástico de naves voladoras súper-rápidas y sables láser de luz y cañones ultrasónicos y pistolas y… Y entonces se me hiela la sangre, ¿no son muchas armas? “Mami porfi, una escopeta de policía”, pero todos sabemos que la delgada línea entre “el bueno” y “el malo” en juego de roles es tan etérea como el humo. Y claro, me preocupo.

¿Permitiendo esas lides potencio la violencia? Se trata del típico juego de rol a esta edad, “¿vale que tu eres?” Pero si jugar a maquillarse y a estar bonita deja el poso de la superficialidad ¿qué poso deja la beligerancia y el heroísmo?

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Muñecas

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Las muñecas son las grandes protagonistas del juego simbólico. Son uno de los juguetes clásicos. Bloques de construcción, muñecas, pelotas, los imprescindibles.

Cuando los niños coquetean con la idea de crecer imitan a sus figuras de apego, es entonces cuando ellos mismos crían, acunan o cuidan; atribuyen características humanas a sus muñecos (también peluches o animalitos) e incluso a veces se proyectan a sí mismos en ellos, éste es el juego, la experimentación con las relaciones sociales en un entorno seguro, yo conmigo mismo.

¿Son las muñecas cuestión de género? No me atrevería a decir tanto, sólo os puedo contar nuestra experiencia en casa. Marco tuvo una muñeca antes de que naciera su hermana y en ocasiones le prestó atención, la porteó y acunó pero la mayoría de las veces jugaba con ella como si fuera una pelota, o la sentaba y le daba un empujoncito para desternillarse después. En cambio Maia adora a sus muñecas bebé, incluso les da tetita y las cura cuando se caen. Niños distintos, experiencias distintas.

Llegados a este punto y teniendo en cuenta que muñecas y muñecos son un elemento clave en el juego de niñas y niños, mi reflexión va encaminada a las características que han de tener para que sean el juguete de nuestros hijos, cualquiera no vale, debemos elegirlas con sumo cuidado ya que tendrán influencia en el imaginario visual, estético y ético de los pequeños, Es importante que no estén cargadas de valores inadecuados. ¿Y qué valores no son adecuados para mí? La frivolidad, la sexualización prematura, “adolescentizar” a las muñecas, adelantar etapas y subrayar valores como la coquetería, el glamour o bellezas y cuerpos imposibles.

Este es un Nenuco que tiene Maia. Puede que sea exagerada pero ¿no veis que tiene la cintura estrecha, pestañas larguísimas y ropa como para ser el más fashion del gimnasio? Por no mencionar que lleva el chupete de serie, cosido a la ropa, Maia jamás ha usado chupete y no veo razón para que se identifique con él, ¿así son los bebés?

Otro rasgo que he observado, a propósito de este muñeco, es que con el paso del tiempo esta saturación de la frivolidad en las muñecas se ha ido acrecentando.

Este es Nenuco hace veinte años:

Nancy antes y después:

Pin y Pon antes y después:

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Barriguita antes y después:

¿Es necesario frivolizar tanto a las muñecas? La creación de un referente tan alejado de la naturalidad, tan estereotipado, tan decorado. Esos ojos cada vez más grandes, esos rostros maquillados, esa preocupación por la moda, por un tipo de moda, el tipo de moda que convierte a la mujer en un objeto que exhibir. Son figuras sexualizadas, con ademanes de picardía, son auténticas vedette, Lolitas que a la vez que insinúan se convierten en espectros inalcanzables, etéreos llenas de candor “¿es a mi a quién miras? y una risita nerviosa e inocente sin serlo. Siento que el mensaje es confuso y totalmente inadecuado, lejos de acercar a las niñas a una sexualidad libre y placentera, que está por llegar, aún no es el momento, adelanta etapas para las que no están preparadas, ni saben gestionar. “¿Has de estar mona para gustar a quién?” Las niñas de siete años no viven enamoradas pero saben de sobra coquetear, ¿con quién con el príncipe azul?

¿A qué viene esta apresurización? Ah ya, las niñas no deben ni pueden escapar del mercado, desde bien pronto han de consumir maquillaje o al menos conocer que ése es su sino. ¿Pero son referentes válidos? ¿Cómo son las mujeres que rodean a esas niñas? Sus maestras y tías, sus madres y amigas.

Este análisis superfluo en cuanto a las muñecas de niñas pequeñas, pero ¿y las muñecas de niñas mayores?  Sin meternos en el campo de la pre-adolescencia, que se nos hace de noche. ¿Hablamos de Monster High, de Bratz, de Barbie? Mejor nos conformamos con un par de apuntes en estos interesantes artículos: Así son las muñecas Bratz sin maquillaje

y Lammily, la muñeca “normal” con celulitis que compite con Barbie. En este enlace podemos ver un vídeo muy interesante sobre las impresiones de los niños cuando ven por primera vez a Lammily, por poner sólo un ejemplo “Cuando se les pregunta por las profesiones que podría desempeñar Lammily entre sus respuestas figuran las de profesora, piloto, informática o nadadora. Sin embargo, Barbie sigue estigmatizada por su aspecto a pesar de que haya pasado por 150 profesiones hasta la fecha. “Modelo, maquilladora o profesora de natación” son los trabajos que los pequeños asocian al juguete de Mattel“.

Y para terminar, pero no para dejar de pensar, este otro artículo Las niñas objeto.

A veces me pregunto si sonaré muy alarmista pero igual entre varias alarmistas conseguimos mirar con otros ojos menos complacientes aquello que nos rodea y que nos está dañando.

Estoy pensando en un nuevo Post lleno de muñecas respetuosas con la naturaleza humana, ¿queréis ayudarme a seleccionarlas? Escribidme con vuestras sugerencias por favor, serán muy bien recibidas. (lamamacorchea@gmail.com).

Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

¿Rosa o malva?

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Todas las madres tienen sus manías, yo tengo las mías y hoy os desvelaré una de ellas: me declaro anti-princesas, anti-rosa, picores que me suben desde la planta de los pies, ¿anti-purpurina? ¿anti-hadas? Igual con los dos últimos aspectos tengo mayor tolerancia, pero en general la fobia me supera.

La cuestión es la siguiente, Maia va a cumplir dos años en unos días y quería dejar constancia de mis pensamientos antes de que la realidad nos coja y las princesas sean inevitables en casa.

Mi postura es sencilla y hay millones de lecturas buenísimas sobre el tema, pero os daré mi versión. No soporto la sexualización de ropa y juguetes, para niñas todo rosa (y sus variantes) y para niños el resto de universo de color. No comprendo como desde tan pequeños, bebés recién nacidos, ya hemos de segregarles por su sexo; las mujeres aprendemos que ése es nuestro color porque no dejamos de verlo a nuestro alrededor. En algunas tiendas como H&M, me resulta complicadísimo encontrar ropa que no sea rosa, lo que me lleva a pensar que no sólo es cuestión de que sea una manía mía, es que realmente se merma nuestra libertad de elección.

sección de niña

¿Y qué nos cuenta la Psicología del color acerca del rosa? Vulnerabilidad, deseo de no crecer, desconexión con la realidad, preferencia por las cosas fáciles, adaptabilidad, ternura, docilidad… El asunto es que no hablamos de una presencia del rosa si no de una predominancia. Irremediablemente llenamos al color rosa de un valor social nuevo-generado, de lo “femenino”, y a su vez ése carácter nos es devuelto con su uso. ¿Alguno de vosotros vestiría a su hijo de rosa? Ciertamente ya no es color para niños.

Quería expresar mi opinión ahora, porque quiero ser valiente, quiero mostraros el estado de la cuestión en casa, ahora. El color rosa está censuradísimo, no quiero que la niña se identifique con ese color por la fuerza de la costumbre, porque se le adjudique por el mero hecho de ser mujer. Los que me conocéis ya tenéis esto en cuenta a la hora de hacer regalos y os lo agradezco mucho.

Mi “manía” es bastante acusada, os mostraré dos excepciones en el atuendo de Maia no exentas de debate interior, un Buff y unas botas.

 

Algunas mujeres sabias me contáis que se trata de algo biológico, que la fascinación de vuestras hijas por lo rosa y las princesas es algo visceral, que sin referentes previos, ni intoxicación de los medios, ellas se sienten atraídas por estos elementos. Otras personas no dejan de advertirme de que la fase “princesa de fresa” llegará, por eso quería escribir este Post, para poder escribir también como “no fue suficiente” con las medidas de precaución que tomé, prometo confesarme si llega ese día.

Para vuestra tranquilidad diré que si la niña empieza a mostrar su inclinación, libremente elegida, por el fenómeno princesil la dejaré fluir, pero no lo reforzaré, soy demasiado consciente de los valores que representa. En este sentido leía hace unos días una Reivindicación de las princesas rosas.

El icono de mujer que representa la princesa lo desarrollaré en otra entrada, hoy solo quería abrir boca con el color rosa.

Os dejo alguna lectura, Evitemos la cosificación e hipersexualización de nuestras hijas, sobre este tema y la alucinante experiencia de una madre estas navidades cuando eligió un juguete rosa, no tiene desperdicio.

 

Lactancia acrobática

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Cada hijo cuenta una historia de nuestro cuerpo, cada uno tiene su sabor y deja su huella.

Con Marco la teta era siempre paz, remedio y consuelo, cobijo y calidez donde refugiarse, dejaba de tener prisa junto a mamá, el tiempo se detenía.

Nuestra conexión irrompible, difícil saber dónde empezaba uno y terminaba la otra. Sus ojos de pura empatía conocían siempre mis mareas emocionales. Quizás por eso finalizar nuestra lactancia no fue sencillo, los dos temíamos que nuestro vínculo se resintiera. Con algo más de perspectiva y tras los coletazos contemplo nuestra historia de amor, intacta, segura, siempre compleja y muy muy intensa. Complacida y feliz por lo vivido.

Así, sin prisa, Maia ha ido ganando espacio y ahora vivimos nuestra lactancia, la de las dos y es un privilegio. Su carácter de raíz muy diferente no es tan rápido ni tan lento, es siempre allegro. De difícil soborno, no gozo de su exclusividad, ni hay una solución única a sus industrias y desventuras.

Nuestra lactancia siempre fue pura acrobacia. Al principio éramos tres, encajados sobre cojines y dificultad en las madrugadas pues yacer  y lactar se nos resistía. Pero pronto, Maia, te revelaste dueña del movimiento y no podías perder un segundo. Siempre preparada para salir corriendo me regalas un amplio repertorio de posiciones “lácticas”.

En mi rigidez y mi costumbre no dejaba de sorprenderme, creo que hasta me molestaba por lo inesperado. Es más fácil contar las veces en las que mama de modo convencional que en las que no lo hace. Ahora me divierte, me embelesa, espero que trepe hasta mí y se acople con esa frescura suya. Temía remover sombras en su hermano pero con mucha madurez ni repara en nuestras jerigonzas, entonces… nos hemos relajado, acepto sus preferencias y me deleito con lo nuevo que me trae.

Como toda una prestidigitadora no hay escote que se le resista, coge lo que es suyo en cualquier momento y circunstancia y después continúa con sus quehaceres, celebra que no me cubra, le gusta contar en todo momento con la posibilidad, ésa es mi chica, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo y la adoro por ello y por mucho más.

¿Y qué hay de mí? Aunque no lo creáis soy tímida para esto, aún estando solas tengo la manía de taparme apenas abre la boca cada vez que termina De algún modo retorcido me resisto a mi función de madre nutricia, de verdad, en serio, esto es una confesión. Los senos son un “símbolo demasiado patriarcal”, demasiado tiempo pensando que su función es la de excitar al hombre y no sólo eso, además en tal caso sería “pecado”, algo sucio. Mi cabeza sabe que no, por eso reviso mis costumbres y deconstruyo lo andado y almacenado. Mi cuerpo grita y también mis tetas lo hacen, me siento a cada paso más libre y mi pequeña acróbata me ayuda con eso, su indocilidad y su espontaneidad me reconcilian con mis fronteras sinuosas, nutricia y exultante ésa también soy yo.

De mujeres y corcheas

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De mujeres y corcheas quería hablaros hoy. El feminismo es complejo y me consta que hay especialistas en la sala, así que corregidme si me equivoco, soy apenas una transmisora de trabajo de campo.

Tradicionalmente hay profesiones más masculinas que otras, nos puede sorprender encontrarnos con una conductora de autobús, una taxista o una directora de orquesta.

Los referentes son claros, en la Orquesta Filarmónica de Viena no fue hasta el 1997 que una mujer ingresara como miembro de pleno derecho, y porque el gobierno retiraría las subvenciones de lo contrario, o hasta 2005 que una mujer empuñara la batuta para dirigirles. Increíble pero cierto.

Cuando cruzas ciertas líneas, las de la profesionalización, y no eres soprano, se puede palpar el desdén andrógino. La situación se acentúa con las instrumentistas de viento y se subraya con las directoras de orquesta.

Mis vivencias cada día me demuestran cómo ellas, las directoras, deben demostrar mucho más, porque no sólo está en juego su valía musical sino sus formas y su contorno. Pero bueno, ésto tampoco es nada nuevo, sin embargo vengo observando algo curioso, hay otra línea de fuego y es la del rol. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que el rol de un director es tan decididamente masculino, en términos tradicionales, que una mujer en ese puesto puede resultar “un marimacho” o “una cursi”, debe decidir ser rígida, seria, hasta hosca y gruñona, mientras mueve su batuta con movimientos secos y cortantes, o bien puede explayarse con ademanes flexibles, circulares, cerrar los ojos y dejarse llevar por el baile ancestral del artista, en cuyo caso, al ser mujer, será sobreactuado, amanerado y “femenino” en la peor de las acepciones. Me entristece esta bipolaridad, este maniqueísmo trasnochado, femenino/masculino, no se ve a las personas, a los individuos, el género tiene una importancia totalmente inapropiada.

Los directores, hombres, o son buenos o malos músicos, o se hacen entender con la batuta o no lo consiguen, pero no noto que los músicos que ejecutan sus versiones estimen si visten mal o bien, si son follables o no, si tienen toque masculino o lo tienen femenino, sencillamente hacen lo que hacen nadie juzga lo accesorio porque no importa.

Ahondando en el concepto de individuo, cuando una mujer se sube a la tarima, de repente se erige en representante de toda la “especie feminoide”, ha de defender el listón de sus compañeras de viaje, si lo hace mal, “las mujeres no saben dirigir” y bueno, si lo hace bien, tendrá un buen día. No soporto las generalizaciones.

En el poder está la clave, ese atributo intrínsecamente masculino en manos de una mujer. Imagino que las directoras de empresa, las presidentas de gobierno, las mujeres que ostentan el poder tienen mucho que justificar y serán encasilladas velozmente, incluso la excesiva belleza puede ser un lastre para que no se las tome verdaderamente en serio, muñequitas bonitas. Ni jóvenes, ni bellas, ni muy amaneradas, solo la “reina tradicional” quizás, solo quizás, puede ser tomada en serio, pero sobre una tarima…  Demasiado complicado, ¿una mujer mayor, rellenita dirigiendo una orquesta? Hasta ahí podríamos llegar, como mucho que cante algo.

Y las madres, ¿qué pasa con las madres? No bonita, ese tema ni lo hablamos, ¿te imaginas? ¿una carrera de triunfos y de pisar cabezas? Pero mañana que el niño tiene fiebre hoy.

Tremendo señores y señoras, mi crispación ya empieza a causarme indigestión así que me retiro a jugar con mis apilables.