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Stabat Mater. Iconos de mujer

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Las calles de medio mundo se encuentran colonizadas estos días por una familia rota de dolor, su iconografía. Jesús crucificado, hijo, y su madre dolorosa. Esta santa familia viene a ser espejo de una situación desesperada que por desgracia se repite en muchos hogares y que viene a erigirse en una de las circunstancias mas dolorosas de la vida, la muerte de un hijo. La muerte en general se convierte en un paradigma difícil de salvar y de comprender para el ser humano. Suele ser un concepto al que tendemos pero en el que nunca pensamos y quizás ésta, la muerte de un hijo, sea un cisma que trastoque el devenir de la existencia.

Para mayor énfasis del sacrificio de Cristo, se usa casi tanto como la crucifixión, el suplicio de su madre, subrayando el hecho, convirtiéndose en dos iconos indisolubles en la religión católica. Es aquí donde encontramos uno de los iconos marianos, que se establece como referente de madre y referente de mujer en la cultura occidental. La mujer sufriente, piadosa, abnegada, herida en lo más profundo de su existencia. Aquí termina el retrato de su calvario, desconozco si en su virtud es capaz de odiar a los asesinos de su hijo, la historia oscurece este aspecto, ya que la redención es el siguiente paso y el valor heroico del coste de esa vida ilumina el devenir.

En la iconografía cristiana del tema encontramos dos imágenes:

La piedad, cuando el cuerpo del hijo yacente se encuentra en los brazos de la madre. Qué mejor ejemplo para ilustrarlo que dos de las “piedades” de Miguel Ángel:

El expresionismo de la primera, La Pietà Rondanini (Castillo Sforzesco, Milán), siempre me ha ensimismado, no está terminada y es su última obra, trabajó en ella hasta tres días antes de morir. El recogimiento de la línea nos habla de una concepción del dolor vivida en la intimidad. Y por supuesto la segunda, magistral obra de juventud símbolo universal de la piedad, Pietà (Basílica de San Pedro del Vaticano) colmada de una serenidad que contrasta con el patetismo de la primera.

Y el Stabat Mater, representación plástica de la madre dolorosa caracterizada por contar con María y el apóstol San Juan a los pies de la Cruz. Para ilustrarlo nos valdremos de la versión de un maestro anónimo realizada para el castillo de Pahl (1410) y que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Baviera (Munich).

Stabat Mater Dolorosa es una secuencia medieval (s. XIII) de veinte estrofas que relata la muerte de Cristo a través de los ojos de su madre. Fue escrita por el fraile franciscano Jacopone da Todi, con un lenguaje sencillo y directo. Como no podía ser de otra manera, semejante texto fue musicado por compositores de todos los tiempos como Pallestrina, Haydn, Vivaldi, Rossini, A. Scarlatti, Verdi y un largo etcétera, pero hoy nos detendremos en la versión del malogrado Pergolesi (1710-1736), estrenada en 1736, siete días después de su muerte. La obra se difundió ampliamente por Italia y el resto de Europa y se caracteriza por combinar el estilo religioso heredado de la tradición y las formas profanas propias del género operístico, costándole, este hecho, muchas críticas en su momento. Escrita  para orquesta de cuerda, bajo continuo y dos castrados (ya que su ejecución estaba destinada al ámbito eclesiástico), ahora por supuesto se interpreta con soprano y contratenor o contralto.

Me quedo con las palabras de Fernando Fraga, “lo que da a la obra su imperecedera vigencia es que el compositor supo sentir y comunicar el hecho religioso de la madre de Cristo contemplando a su hijo muerto en la cruz con sentimientos y emociones humanas, capaces de enternecer o impresionar a cualquiera que posea la mínima sensibilidad ante el dolor ajeno o simplemente ante el reconocimiento de uno de la existencia del otro. Éste es quizás el objetivo principal de la mayoría de las obras de arte, saber descubrir en nosotros lo mejor que lleva de sí el ser humano. Y Pergolesi lo consigue cada vez que escuchamos su obra.”

Escuchemos dos fragmentos:

Canto llano. Stabat Mater. Patricia Bovi (Soprano) y Pino de Vittorio (Tenor) 

Stabat Mater dolorosa            La Madre piadosa estaba
Iuxta crucem lacrimosa,         junto a la cruz y lloraba
Dum pendebat filius                 mientras el Hijo pendía (Lope de Vega, traducción)

Giovanni Battista PERGOLESI. “Vidit suum dulcem Natum” Stabat Mater. Patricia Bovi (Soprano), Le Poème Harmonique, Vicent Dumestre (Director).

Vidit suum dulcem natum        Vio morir al Hijo amado
Morientem desolatum               Que rindió desamparado
Dum emisit spiritum                 El espíritu a su Padre

Hasta aquí una esquinita de la representación en el arte de la Madre dolorosa. Pero la historia no deja de derramar mujeres dolientes, madres de soldados jóvenes y fuertes, víctimas de violencia, terrorismo, enfermedades que no se quiebran ante la juventud y accidentes que siegan la vida de hijos e hijas antes de lo esperado. No acierto a pensarme en una situación semejante, engullida por la sinrazón. Pero me gustaría ir un paso más hacia delante, no existe la figura del padre doliente, ¿acaso un padre no siente la vida de sus vástagos con igual fuego? Pienso que se ha mutilado esa capacidad de sufrir en los hombres, esa capacidad de expresión. Un hombre no llora, no siente, o al menos la sociedad vuelve la espalda a este hecho. Es cierto que una madre engendra en su interior y cría a sus hijos con mas voluntad los primeros años, además cuenta con el beneplácito del “quejío” público, pero el mundo está cambiando y el dolor compartido, al menos es eso, no menor pero mas acompañado. Siento en mi pecho una punzada y un enorme respeto, aflicción, por el dolor de esas madres y padres que alguna vez pasen por ese trance.

Fotografía de Samuel Aranda

Premio World Press Photo 2011