Archivo de la etiqueta: igualdad

¿Jugamos con pistolas?

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Muchos pensamientos invertidos en los iconos femeninos, en el modelo de mujer que quiero transmitir a Maia, libre para no ser la niña buena, la princesa sumisa o la “mujer perfecta”.

Preocupada de inculcar los valores adecuados a Marco para que no menosprecie a sus compañeras, para que sepa advertir lo verdaderamente importante que hay en ellas, y en ellos.

Mientras tanto los iconos masculinos se nos van colando por debajo de la puerta, no los coartamos, como sí haría con las princesas, y cuando menos me lo espero estoy rodeada de Jedis y superhéroes, un mundo fantástico de naves voladoras súper-rápidas y sables láser de luz y cañones ultrasónicos y pistolas y… Y entonces se me hiela la sangre, ¿no son muchas armas? “Mami porfi, una escopeta de policía”, pero todos sabemos que la delgada línea entre “el bueno” y “el malo” en juego de roles es tan etérea como el humo. Y claro, me preocupo.

¿Permitiendo esas lides potencio la violencia? Se trata del típico juego de rol a esta edad, “¿vale que tu eres?” Pero si jugar a maquillarse y a estar bonita deja el poso de la superficialidad ¿qué poso deja la beligerancia y el heroísmo?

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Una escuela libre y democrática

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En pocos días empieza Septiembre, ya sabéis a lo que me refiero, horarios, adpataciones, síndrome post-vacacional para grandes y chicos, algunos miedos empiezan a rondar y también ilusiones, muchas ilusiones. En este entorno personal os traigo una de mis últimas lecturas, Summerhill hoy de la editorial Litera.

La educación de mis hijos y el sistema educativo español es un tema que me preocupa, que duda cabe, así que indago y siempre me gusta hacerlo volviendo a las semillas de la revolución, recuperar los sueños de grandes pedagogos de la historia para salvar las ideas que se puedan aplicar a mi entorno, o sencillamente para crear debate, se pueden sacar algunas conclusiones de la confrontación de ideas.

¿Y qué es Summerhill? Summerhill es una escuela situada al sur de Inglaterra fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill, es una Escuela Libre pionera, entre sus muros conviven niños de primaria y secundaria de manera interna por lo que cuentan con amplios espacios, hectáreas de campo, dormitorios colectivos, aulas, comedores…

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Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

Celos II: las etiquetas.

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Necesitamos categorizar el mundo, las palabras nominan lo que percibimos de nuestra realidad, pero son insuficientes, son parciales y son traicioneras, muy traicioneras. Estoy  hablando de las PALABRAS-ETIQUETA y del modo en el que nos pueden hacer sus prisioneras.

¿Cuándo usamos las etiquetas? Cuando definimos y cuando comparamos, y en este contexto las traigo, las etiquetas entre hermanos, las etiquetas que pueden acentuar los celos y encorsetar personalidades.

Es de lo más habitual decir este tipo de cosas: “es tan nervioso por las noches, no duerme bien, en cambio su hermana lo hacía del tirón desde los cuatro meses”, “el mayor come de todo, ¿pero el pequeño? es caprichoso y sólo bebe leche”, “ella es tan sociable, sin embargo él, pobre mío, es tímido, no saluda, se esconde detrás de mí”, ahora mi favorita “el niño es listísimo, pero muy vago, ¿su hermana? muy trabajadora, le cuesta, pero como trabaja tanto…”, o esta “las niñas son más habilidosas, qué buena psicomotricidad fina tiene la mía, pero los niños… torpes con las manos y tan brutos…”

Podríamos seguir enumerando, quizás recordéis con dolor las vuestras. Yo era “¡tan responsable y estudiosa, una niña de diez!”. Y si para mí era una carga mi propia etiqueta, imaginaos para mi hermana, suerte que nos llevamos bastantes años. No sé por qué, pero una vez que nos definen nos esforzamos muchísimo por cumplir esa expectativa, ya sea en virtud o en defecto: “si soy un niño malo y se espera de mí que no comparta o que pegue a mis amigos, no decepcionaré a nadie, no hay sorpresas, esto es mío o ZAS!

No puedo soportar el extendido uso de este niño “es un bicho”, o “eres un niño malo”, desde que somos bebés nos estamos juzgando unos a otros. Pero si hay un “niño malo” también ha de haber un “niño bueno” y esto no es necesariamente mejor. Para un niño recordar continuamente lo bueno (obediente, sumiso y a-problemático) que es, también le encadena, merma su capacidad de reacción para defenderse. Esto también me pasaba a mí y debo admitir que había una especie de placer al comprobarte absolutamente bondadosa, a pesar del tirón de pelo recibido, porque después siempre encontraba el abrazo reconfortante, “pobrecita tan buena y tan dulce, ven cariño que yo te arropo”, de algún modo merecía la pena.

¿Qué sucede con los hermanos? Que la etiquetas vienen a pares y antagónicas, obediente-desobediente, aplicado-vago, sedentario-deportista, tímido-extrovertido, listo-tonto, frío-sensible, cariñoso-desapegado, bueno-malo… víctima-verdugo, y ésto si que no.

No se a vosotros, pero a mi se me cuelan algunas etiquetas por los rincones y ya me he plantado. Liberemos a los niños. Vamos a reparar en un ejemplo cotidiano, un niño que empuja a otro:

“Eres un pegón, eres malo, eso no se hace” Y “pobrecita mi pequeña, ¿te duele?” Estamos reforzando las etiquetas de agresor y agredido, de víctima y verdugo y hemos de considerar que lo que practicamos en casa es lo que vuela fuera, formando parte de la personalidad que se va gestando. No queremos ni víctimas ni verdugos.

La situación es injusta para la víctima, pero confiamos en que se podría resolver de otro modo, esto es: “Dile que no quieres que te  pegue, que te hace daño” y “estoy segura de que la próxima vez podrás resolverlo de otro modo, yo se que eres amable, ¿pensamos una solución juntos? ¿qué se te ocurre?”. No hay víctimas, no hay verdugos, o al menos en teoría.

Otra etiqueta que por su simplicidad puede pasar inadvertida es la de mayor-pequeño, el concepto de primogénito, el del medio o el de benjamín, en sí mismo encierra unas características de personalidad concretas, ¿por qué el mayor ha de ser el más responsable? ¿20 meses de adelanto se pueden traducir en un modo de actuar para siempre? ¿o por qué el más pequeño ha de ser más mimado o dependiente? ¿y el del medio, libre o ignorado, siempre pugnando por su lugar? Los padres podemos condicionar más de lo que pensamos.

Ahora el juego consiste en ser creativos para liberar a los niños de sus etiquetas, eliminar los NUNCAS y SIEMPRES de nuestro vocabulario, ofrecerles alternativas, ya sabéis, también paciencia y bla-bla-blá.

¿Pero y los adultos? todo esto está muy bien para los niños, ellos tienen una mente plástica, en movimiento, en plena ebullición… Pero ¿y nosotros? ¿y nuestra pareja? ¿y nuestros amigos y familiares? Liberémonos todos de las etiquetas, atrevámonos a ser y confiemos en los demás. Ejemplo: “siempre estás cansada a estas horas, no se puede contar contigo después de la cena, eres aburrida, tienes poca batería” a “veo que hoy estás cansada, ¿puedo ayudarte de algún modo?, seguro que mañana nos animamos a ver una película después de dormir a los niños”. Creo que esta actitud es más creativa, ¿os animáis?

POR UNA ABOLICIÓN DE LAS ETIQUETAS

Para saber más: Las terribles consecuencias del “efecto pigmalión“.

Celos: las comparaciones son odiosas

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Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.

 

Aprender a vivir con niños

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Aprender a vivir con niños. Ser para educar. Éste es el último libro de crianza que ha pasado por mis manos. Su autora, Rebeca Wild, no me ha dejado impasible, excava en aquello que nos incomoda, en lo que duele, y libera a los niños de la etiqueta de la inmadurez, de ser aquellos que dificultan las relaciones con nosotros, los adultos.

A través del relato de la fundación del Pesta, escuela activa creada por Rebeca y Mauricio Wild, la autora nos conduce a su universo, microcosmos educativo perlado de utopía. Con sus palabras llenas de verdad y crudeza me he asomado al sendero de consciencia que nuestra sociedad nunca atravesará.

Uno de los aspectos que más ha llamado mi atención es la AUTORIDAD SOTERRADA con la que tratamos a los niños, en el mejor de los casos. Wild propone dejar que el niño encuentre su propia esencia para después florecer en sus capacidades con felicidad, pero en no pocas ocasiones ejercemos nuestra directividad, corrigiendo cada palabra, gesto, dibujo, grafía, comportamiento. Acompañar sin dirigir es una actividad más complicada de lo que a priori podríamos suponer. El texto lleno de ejemplos se nos revela con claridad. Descubrir cómo se vuela un avión se aprende haciéndolo, no mirándolo en la tele, no solo admirando la destreza del adulto que nos demuestra su pericia, no, se aprende haciendo, viviendo, errando, repitiendo, acertando y después volviendo a fallar. Lo que un niño necesita no es un adulto que le muestre lo estúpido que es, que le corrija hasta el contorno de su sombra, y que siente cátedra con sus enormes conocimientos, lo que un niño necesita es verdadero respeto en sus capacidades, en sus motivaciones y en su tempo.

¿Cómo evitar la autoridad unilateral adultocéntrica, la que considera a unos por encima de los otros? Favoreciendo “que los niños pasen la mayor parte posible de su tiempo junto con otros niños, sin que los adultos determinen sus actividades y prevengan o resuelvan sus conflictos”. Con ésto se persigue un objetivo, “superar el egocentrismo por medio de interacciones espontáneas con el mundo”. Cómo veis las palabras de Wild me conducen a dónde quería, argumentos favorables para la escolarización, claro está, en una escuela activa, que provea de espacios y circunstancias en las que se puedan dar estas condiciones.

Las necesidades auténticas de los niños varían con los años, (en Etapas del desarrollo también de Rebeca Wild) y si, hay una etapa egocéntrica, pero en cualquier caso tienen excusa, es biológico, pero ¿qué ocurre con nosotros? nunca lo superamos, seguimos alimentado nuestro ego y un niño supone una amenaza importante a nuestra endeble personalidad. Usamos nuestro poder con ellos porque estamos inseguros, por la costumbre o porque no conocemos otro camino. Según Wild “al vivir inconscientemente en un nivel de autodefensa nos resulta imposible tener las “antenas puestas” y llegar a una verdadera comprensión sobre las necesidades de los niños” y yo diría que tampoco tenemos las “antenas puestas” en nuestras genuinas necesidades, entrenados durante años en el arte de des-oirnos. La infancia se basa en la directividad continua por parte del adulto, consideramos a los niños inmaduros y con nuestro comportamiento reforzamos una autoestima pobre basada en su incapacidad, así encontramos en el futuro adultos dependientes, egocéntricos, insatisfechos y poco creativos o espontáneos.

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Pero hay una buena noticia, podemos “aprender a vivir con niños”, es una gran oportunidad para deshacer los viejos bloqueos que nos acompañan ya que los procesos externos que vivimos con ellos rozan nuestros procesos internos, “pasar tiempo en el ambiente de los niños sin obligación provoca que nos percatemos del estado interno propio y del de los niños”, nuestra lógica infalible nos abandona, “cuando retrocede nuestro miedo latente se abre paso la confianza en la vida”.

Wild, sin ser taxativa, establece algunas pinceladas en nuestro proceder, nos insta a que respondamos las preguntas de los niños pensativos, tentativamente, como si nos hiciéramos esa pregunta por primera vez, así les ofrecemos la oportunidad de contraponer sus convicciones. También hemos de ofrecer un ambiente enriquecido con estímulos sensoriales que debe garantizar la libertad de movimiento y la atención humana, el niño no ha de estar solo. Subraya, además, el juego libre con objetos concretos como base de la experimentación y del aprendizaje.

Este libro me ha hecho soñar con una escuela nueva, también me ha entristecido, ilusionado, enfadado, en definitiva me ha movido en todo momento. No creo en gurús ni en verdades absolutas pero el pensamiento analítico que rema contra-marea siempre es bienvenido.

Os recomiendo este enlace, contiene videos sobre la escuela activa del Pesta, todo un hallazgo.

Equilibrio

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Lactancia playera¿Cómo se siente una madre reciente en verano? O más bien, ¿cómo me siento yo, madre reciente, en verano?

Como una funambulista, que busca el equilibrio. Equilibrio entre las verdades profundas que me grita mi instinto y lo aprendido y vivido a lo largo de los años.

La brisa es fresca cuando cae la noche y sientes como algo se mueve. Las veladas musicales se suceden en Granada, el evento del año, el Festival de Música y Danza. Las corcheas se apresuran entre los insignes muros de la Alhambra. Las terrazas bullen entre conversaciones y cervezas, pero para mi un lunes de marzo no es distinto a un viernes de julio. Parece que se crea una elipsis y tu sigues flotando en tu propia burbuja balanceante. Yo he elegido y compensa, pero eso no me exime de tener sentimientos, deseos o añoranzas.

Después viene ese otro tema, la biología perfecta que se enfrenta al concepto de lo oportuno, la belleza oportuna, el cuerpo canónico en los tiempos que corren. El intelecto constata lo absurdo de la uniformidad, constata que todos tenemos un cuerpo adecuado, deseable y único. Llevas tiempo sin ver apenas publicidad, sin frecuentar tiendas de moda, pero el hábito hace al monje. Eres la típica mujer del s. XXI que no ha estado contenta con su contorno, con su tono de piel, con su altura, con su cabello, con sus pecas, con su ropa, con su, con su, con su… Y tu intelecto lo vuelve a constatar pero te imaginas en ropa de baño y te estremeces, quizás te avergüenzas.

Son muchos años preparando el momento que une la toalla con la orilla del mar y en este impás de debilidad, de sombra, te sientes blanda, blanca y redonda. La biología tiene maravillosos planes para ti,  has engendrado y alumbrado a un nuevo ser. Te ha cualificado para alimentarlo, protegerlo y amarlo con tu propia leche, se trata de un gran milagro ¿por qué pierdes el tiempo lamentando que no encajas en un contexto social que invisibiliza y menosprecia a las madres? Quizás porque siempre te lamentaste, al margen de una reciente maternidad, nunca encajaste en el molde que había en tu cabeza o en el que pusieron en tu cabeza, ahora eso ya no importa, el daño está hecho y la inseguridad camina de tu mano por cualquier sendero al que te expongas.

De nuevo mi intelecto constata que debe haber otros planes para mi. Que no puede ser tan malo estar a la sombra en la playa, porque así protejo a mi bebé del brillante sol. Que no puede ser tan mala la voluptuosidad, porque así proveo de alimento a mi bebé. Que no puede ser tan malo acompañar cada noche a mis hijos en el tránsito al sueño. No puede serlo.

La sombra está ahí, ¿por qué negarla? Aunque la luz se proclama vencedora, pero esa es otra historia. Amarnos como seres únicos que somos, amar nuestro cuerpo y nuestras circunstancias, no es algo que debamos hacer a propósito de nuestros hijos, si no a propósito de nuestra propia existencia.

Quiero traer a este espacio lecturas que me han conmovido e inspirado estos días.

La soledad de la crianza, de Madres Cabreadas, cuando el mundo gira y tú lo observas.

Un cuerpo bonito. Retratos de madres reales realizados por Jade Beall.

Modelos a seguir. El peso extra que va a parar a nuestras hijas. Estupenda reflexión de Kasey Edwards, que escribe una carta a su madre proponiendo una herencia del concepto corporal preconcebido.