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Una escuela libre y democrática

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En pocos días empieza Septiembre, ya sabéis a lo que me refiero, horarios, adpataciones, síndrome post-vacacional para grandes y chicos, algunos miedos empiezan a rondar y también ilusiones, muchas ilusiones. En este entorno personal os traigo una de mis últimas lecturas, Summerhill hoy de la editorial Litera.

La educación de mis hijos y el sistema educativo español es un tema que me preocupa, que duda cabe, así que indago y siempre me gusta hacerlo volviendo a las semillas de la revolución, recuperar los sueños de grandes pedagogos de la historia para salvar las ideas que se puedan aplicar a mi entorno, o sencillamente para crear debate, se pueden sacar algunas conclusiones de la confrontación de ideas.

¿Y qué es Summerhill? Summerhill es una escuela situada al sur de Inglaterra fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill, es una Escuela Libre pionera, entre sus muros conviven niños de primaria y secundaria de manera interna por lo que cuentan con amplios espacios, hectáreas de campo, dormitorios colectivos, aulas, comedores…

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Operación pañal (B)

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Maia roquera

Y llegó la “operación pañal” por segunda vez. La pequeña Maia decidió, como hiciera en su día su hermano, deshacerse de lastres. Pero no era la primera vez, en Diciembre del año pasado, cuando tenía 22 meses, hizo su primer intento, se desprendía del pañal y se resistía con vehemencia a que se lo pusieramos de nuevo; dudamos mucho, la veíamos pequeña, pero ante su insistencia y en nuestro propósito de respetar sus decisiones, máxime cuando se trata de su propio cuerpo, accedimos. Justo es decir que la primera vez que se orinó encima, se asustó tanto que nos pidió de nuevo el pañal, final de partida.

Cuando despuntaba la primavera nos hicimos con este cuento, ¿Puedo mirar tu pañal? divertido, con solapas, escatológico, con todos los ingredientes que adoran los niños. Un ratoncito se dedica a mirar el pañal de sus amigos y va descubriendo las diferentes características de las cacas de los demás animales. En la línea del cuento de “El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza“, pero con una clara finalidad práctica, motivación para dejar el pañal.

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Desempolvemos la confianza

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Cruzando el puente

Os traigo algunos pensamientos a propósito de un libro de Naomi Aldort, Aprender a educar, sin gritos, amenazas ni castigos. En mi búsqueda constante, en la reiterada revisión de mis creencias topé con esta autora que no dejaba de resonar en mis círculos, probablemente la hayáis leído, si no lo habéis hecho es urgente, la tenéis pendiente. Es la enésima lectura de crianza que visito y sin embargo me ha resultado novedosa, no venía a repetirme lo que ya sabía, me sorprendía y estimulaba párrafo a párrafo, cada pensamiento se me traducía en un tuit y cada enseñanza me dejaba rumiando ideas.

Sin duda su perspectiva, válida con hijos o con cualquier otra relación social, es la consciencia: si me remueves o enfadas en qué medida la situación habla más de mí que de ti, no dejar que los automatismos hablen por nosotros, ser dueños de cada una de las palabras que pronunciamos, o al menos intentarlo. Con este objetivo desarrolla la fórmula A.P.E.G.O. que ampliamente desarrolla en el libro pero que se puede resumir así: Aislarse de la situación de estrés o comportamiento del niño cuando provoque nuestra reacción y escuchar mentalmente las palabras que vienen a nuestra boca de manera automática; Prestar atención, después, a su genuina necesidad; Escuchar de nuevo promoviendo con preguntas la total expresión del niño; Garantizar la VALIDACIÓN de sus sentimientos y Otorgar poder para que él mismo pueda resolver su propio dilema o malestar.

Es posible que miremos con recelo el tema de VALIDAR cualquier tipo de emoción, pero si el niño está viviendo un sentimiento negativo, (miedo, ira, celos, impotencia…) podemos ocultarlo, pero no borrarlo, con valentía hemos de mirarnos en los ojos de nuestros hijos y aceptar todas las facetas de la experiencia humana, en ellos y en nosotros. Al hilo de este tema escribí No llores recientemente.

Otro tema tradicionalmente peliagudo es el de otorgar PODER, de manera automática imaginamos tiranos que nos doblegarán, pero la ALDORT (que para mí ya ha subido al limbo de las divas) nos mostrará cómo se trata de una indefensión aprendida que promueve justo eso, inseguridad y temor. El texto es una apuesta por la bondad innata del ser humano en libertad, siempre que recorramos ése mismo camino y nos liberemos de nuestras respuestas automáticas podremos acompañar a personas amables y genuinas sin necesidad de recetas que coaccionen, chantajeen, atemoricen o dobleguen a los niños.

En diversos cuadernos he ido anotando frases que me calaban hondo:

-Hemos de “aprender a vivir con las personas y a tomar decisiones que no requieran controlar a los demás“, ser padre puede confundirse fácilmente con la necesidad de control, de control de otras personas, la dificultad es titánica ¿no creéis?

-“El niño cuenta con nuestro liderazgo, no quiere que nos quedemos atrapados en su drama, cuenta con nosotros para conseguir que emerja su parte poderosa“, la no victimista.

-“La vida no proporciona cambios de la realidad para satisfacer los deseos humanos, alterando omnipotentemente las circunstancias no deseadas acabamos con los retos y los desengaños del camino del niño, que de lo contrario, saldría fortalecido“. Dejemos de ser “padres helicóptero” y confiemos. Y confiar implica no transmitirles que son “demasiado débiles para manejar la situación. Algo va mal y hay que cambiarlo” si no más bien, “confío en ti. Tienes la fuerza para salir de esta dificultad y para aceptarla o resolverla“.

-La postura de la Aldort ante las mentiras es la siguiente: “Incluso cuando se miente por miedo a la represalia no debemos empujar más allá de sus límites, no demostrar que ha mentido. Si esconde la verdad es porque no se siente seguro. Nuestro objetivo es ALIVIAR la causa del miedo“.

-¿Cuándo se siente un niño seguro? “cuando se le trata con amabilidad y respeto ante la expresión de sus sentimientos y cuando observa que sus padres son vulnerables y ve que otras personas pueden expresarse con seguridad” en sus momentos flacos.

Éste es el tono y ésta la tendencia de este fabuloso texto de Naomi Aldort, no dudo que volveré sobre sus páginas y os animo a que también las visitéis, hay demasiadas creencias que se dan por sentadas y una nueva mirada, amable y llena de experiencia y sabiduría es siempre de agradecer.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

 

Negociar la lactancia

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A veces me agoto, quiero desaparecer, hacer una elipsis, cerrar los ojos y dormir profundamente. No es ninguna novedad que las madres no descansan mucho pero yo ya empiezo a pagar mi factura y me siento terriblemente triste por ello.

La crianza de un bebé es entregada y absorbente y transitamos esta etapa primal, sin descanso entre un niño y otro. Sumo cuatro años y dos meses de lactancia ininterrumpida, el hilo es frágil a veces, por eso cuando me topo con un escollo: mastitis, hongos, grietas o alteraciones varias de la flora del pecho, llega el dolor y entonces, entonces me agoto. ¿A estas alturas? Si, a cualquier altura, exactamente igual que mi garganta, mi tobillo o mi muñeca, mi pecho puede fallar y se enferma.

Llegan las tomas dolorosas, temes los despertares, te muerdes el labio para aguantar la punzada y te das de bruces con la negociación con una bebé de 22 meses que mama mucho y come poco. “Mamá tiene pupita, mejor de ésta, mejor de la otra, ¿y no quieres agua? ¿te preparo un sandwich?” La razón te dice que nos es el momento de poner fronteras, de negociar, pero el cuerpo se repliega en otra dirección, la lactancia a demanda ha de reestructurarse para que respete el ritmo de las dos.

El momento difícil de nuestra travesía ya ha pasado y el dolor ha remitido pero la reticencia se ha instalado y a mayor resistencia más demanda. Maia siente que necesito espacio y eso le da miedo. Yo siento que tiene miedo y necesidad de maternaje y ahí ando, buscando el modo de negociar de manera respetuosa entre su inercia y la mía.

Y estoy tan triste y confusa. Frustrada. ¿Por qué ya? Quisiera ser complaciente con ella en el infinito sentido de la palabra, pero le pongo excusas, quisiera cuatro grandes tomas a lo largo del día y no veinte pequeñas y dos extenuantes. Quisiera no escribir esto, quisiera ni pensarlo, igual mañana quiero otra cosa, que mi bebé no crezca, que su mirada no cambie, que las caricias que me dedica fueran eternas. Así es la espiral de mi mente, quizás sólo me agote, quizás estoy cansada. Dormiré al tick-tack de su respiración, al olor de su cabello, al calor de su blandura; entonces y sólo entonces recuperaré mi energía, la suficiente para negociar, aunque no me apetezca y me dé pereza, porque eso lo complica todo, o quizás no.

Sin la duda, hay confianza; la confianza trae naturalidad, sosiego; el sosiego, paciencia; paciencia yo con ella, paciencia ella conmigo. Sin destete, sin disponibilidad absoluta a cualquier hora y en cualquier sitio. Habrá un lugar a mitad de camino, para nosotras, dónde dibujemos corazones de leche, dónde nos comprendamos y encontremos, habrá un lugar.

Nadie sabe

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Nobody Knows

Nobody Knows (2004) es el retrato fílmico de cuatro niños que literalmente subsisten solos en la atronadora Tokio.  Traigo esta película al blog porque sus imágenes son pura poesía y la naturalidad con la que se presenta la infancia es sublime, las miradas, las risas, las lágrimas contenidas, los silencios que gritan caos, toda ella se nos muestra como una suerte de música para la conciencia.

Visito por primera vez a este director japonés Hirokazu Kore-eda y es sin duda un gran hallazgo, recientemente ha estrenado Like Father, Like Son (2013) que será la próxima de mi lista, también de temática filial y roles familiares, y bueno, como ya sabéis estar a vueltas con la crianza es mi debilidad.

Insisto en delicadeza de la realización, ritmo lento, detalles que siempre suman información, ningún plano es gratis y un naturalismo que te abochorna, sientes que estás allí, escondido y observando la intimidad de sus vidas, y he de decir que es un alivio después de tanto maquillaje a lo Hollywood.

Una madre, sus cuatro hijos y pocos medios, Kore-eda los presenta con humor, parece divertido hasta que las ausencias de la progenitora se dejan notar, el mayor de los niños, con doce años, se erige en cuidador, responsable de la casa y de sus hermanos. A nivel práctico el protagonista consigue llegar a todo, se convierte en la madre de sus hermanos, pero en el plano emocional la situación se deteriora paulatinamente, la madurez no era más que un reflejo de su verdadera alma, su niño interior ruge y reclama calladamente su espacio hasta que la historia torna y se convierte en un Señor de las moscas que se vale esta vez de una jungla de hormigón y luces de neón.  Los protagonistas son conmovedores y tiernos, los adoras en todo momento, acentuando así lo insoportable de su desamparo, pero el joven Yuya Yagira es fantástico en su papel de hermano mayor, incluso resultó ganador del Palmarés en el Festival de Cannes a la mejor interpretación masculina en 2004.

Yuya Yagira

 

La invitación a un mundo sin adultos es muy sugerente, sin embargo el experimento no termina de resultar, aunque a veces, francamente, pienso que el “experimento” tampoco termina de resultar con adultos, de todos modo podréis llegar a vuestras propias conclusiones al ver la película. Basada en hechos reales, y esto es aún más descorazonador.

No puedo dejar de mencionar el cariz oriental de la película, esa sensación de que “algo más” va a pasar aunque ya sea tremendo lo que estoy viendo, esa emoción contenida, ese drama sin gritos, esa sonrisa perenne en sus gestos, ese contento hueco, ese cariz tan japonés, me viene a la cabeza Cuentos de Tokio en ese sentido.

¿Y qué decir de esa madre? La madre, la eterna juzgada, la eterna portadora de la culpa. Sin duda en este caso el abandono es un acto de egoísmo inconmensurable, pero no me gustaría obviar que los niños ya tenían un padre que previamente les había abandonado, sin embargo lo fácil es cargar las tintas con ella, como siempre.

Infancia, ensoñación y puro arte fílmico, no os la podéis perder, siempre viene bien sacudir los resortes de lo común y de lo convencional para asomarse a ese otro  espacio en el que no te sientes tan cómodo y es inevitable pensar.

De aventuras, colonias y duendes

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Una de las actividades programadas para el curso escolar (1º Infantil) era una aventura campestre, dos días ¡con su noche! en unas cabañas.  A medida que se acercaba la fecha lo decidí, si le pregunto y no le apetece no irá, os podéis imaginar la escena, ¿qué sentido pedagógico tiene que un niño tan pequeño sufra porque echa de menos a sus padres? Lo veía inviable e innecesario así que dejé el agua correr y llegado el momento formulé la pregunta, “¿sabes lo que son unas colonias, quieres ir?” Sí a todo. Resignación por mi parte y máxima colaboración.

Para preparar un evento de este tipo con niños pequeños es necesario trabajar el concepto de tiempo. Para ello se ideó una cuenta atrás, los niños iban tachando y teniendo en cuenta cuántos días faltaban. En nuestro caso, cuando anunciamos planes futuros a Marco él espera que se lleven a cabo en el acto: “-En verano iremos a la playa, -¿hoy es verano?”… Y así todo el tiempo. Este fue nuestro calendario-cuenta atrás:

calendario

 

 

Otro hecho importante era preparar la noche, se distribuyeron los niños en tres dormitorios, eligieron el nombre de cada habitación y se le asignó un símbolo, sol, luna y estrella. También eligieron compañero de camita y se dibujaron a sí mismos durmiendo con su amig@ correspondiente, la famosa “visualización” que se emplea en psicología, anticiparse a lo que sucederá e imaginarlo con placidez tiene un efecto realmente potente. Además en clase había murales-organigrama con cada uno de los dormitorios y sus moradores.

Los niños fueron agentes activos de la preparación de la actividad, ésta es la lista de las cosas necesarias para el equipaje:

la foto 1-6

 

Así llegamos a la noche previa, se podía cortar el entusiasmo, imposible dormir, vueltas y vueltas. Sus palabras exactas fueron “mamá no puedo dormir, estoy emocionado, ¿cuándo es de día? ¿el cole está cerrado todavía? me quiero ir ya”. Por la mañana no quería desayunar por miedo a que se hiciera tarde. Y se fue con su papá en busca de aventuras.

Las 30 horas que transcurrieron después fueron efervescentes para mí. Ya sabéis que soy muy sentimental, cada vez que me lo imaginaba montadito en el autobús se me empañaban los ojos de felicidad. A lo largo de ese tiempo recibimos varios e-mail que nos relataban las hazañas campestres de los infantes, al punto, más lágrimas y emoción. Pero la alegría nerviosa se fue tintando de gris como el día,  y al llegar la noche, la hora del cuento se me hizo insoportable, no solo era una cuestión de dudas sobre su estado, es que lo echaba de menos de forma brutal, y me puse a llorar como una niña, no eran lágrimas, eran sollozos con su volumen razonable de decibelios, descargué tensión, conecté con mi zozobra y… y sonó el teléfono.

Era su maestra que llamaba para contarnos cómo iba todo, que estaba contento, colaborador y que no había preguntado por nosotros, ya eran las diez de la noche y se disponían a dormir en breve. Esto vino a demostrarme algo, que la persona encargada del cuidado de los niños tiene desarrollado un talento muy importante, la empatía, y eso me tranquiliza mucho, si supo leer mi necesidad por la impresión que le causé en los prolegómenos, también sabrá leer las necesidades de los niños.

Por fin llegó el viernes y con él Marco cargado de historias. El duende nocturno que buscaron con sus linternas, siguiendo pistas, recorriendo senderos, por fin lo hallaron entre los pinos, con la luna vacilante. Mariquitas naranjas, riachuelos helados, pompas de jabón, su bolsa repleta de piedras y palos, grandes tesoros, cuentos al caer la noche, risas y canciones. En definitiva, estaba feliz, se sentía mayor y valiente.

Esta edad marca el paso entre el niño-bebé y el niño-pequeño, estas experiencias los cargan de orgullo y heroísmo, consiguen sus primeros hitos hacia la independencia. También destaca su tendencia a la fantasía por lo que barnizar la experiencia de duendes y cuento me parece mágico y acertadísimo.

También yo estoy feliz con la experiencia y he aprendido dos cosas, Marco es más capaz y competente de lo que suponía, me maravillo ante su crecimiento y su sabiduría interior, ésa que va desarrollando a cada paso, y bueno, yo soy menos capaz de que él, su ausencia me resulta insoportable, conecté con el hueco que dejaría en mi vida si algo le sucediera y fue un abismo aterrador.

 

La no-adaptación

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Colegio, ¡precaución!

Llevo meses esperando que el proceso termine para contaros nuestras experiencia. Se suman las fases, cuando acaba una empieza otra. Atravieso diversos estados emocionales, duda, aceptación, convencimiento, ilusión, duda, frustración y bla, bla, bla. Marco también vive los suyos y como se nos van acumulando he pensado que era el momento de verter aquí el estado de la cuestión.

Es 12 de Febrero y la primera frase del día ha sido “¿hoy hay cole?” Lágrimas en el desayuno, lágrimas mientras nos vestimos, aceptación cuando cogemos la bufanda, salimos por la puerta y lágrimas de nuevo en la despedida. Os podéis imaginar que desde el 18 de septiembre hemos pasado por muchos registros, tonos y timbres de llanto, es una incógnita el nuevo estado derivado.

También hemos tenido periodos de paz y hasta de ilusión. Son muchos los momentos buenos, las actitudes y aprendizajes, el camino, el puente, el vuelo hacia la niñez autónoma , la que gana terreno sobre si misma, la que se empodera y siente que la necesidad de exploración es mayor que la de fusión. Por esto cuando retrocedemos y vuelven las negativas, las excusas y el llanto su padre y yo nos sentimos perdidos, frustrados.

El más mínimo cambio, un fin de semana largo, un día de fiebre en casa o una visita excitante nos devuelve diez casillas atrás y no llegamos a la meta, se nos resiste, yo me agarro a cualquier sonrisa, cualquier signo me viene a demostrar que está feliz con su vida colegial, pero agazapado nos espera otro estado gris, de confusión, de queja y entonces vuelvo a tocar fondo.

Intento no dudar sobre la idoneidad de su escolarización, me daña. Nos daña. Marco necesita una figura de referencia adulta que le de seguridad, ¿si yo no creo que le beneficia, cómo habría de creerlo él?

Entonces reviso cómo afrontar las crisis. Valido su malestar, “entiendo que no quieres ir, que te apetece estar en casa, pero no puede ser, mamá y papá trabajan, es solo un ratito por la mañana, pasaremos juntos toda la tarde, toda la noche, ¡y los sábados y domingos! ¿Qué te parece? Ánimo, se que eres valiente y en el cole tienes muchos amiguitos…” “Pero es que yo no quiero, me da pena, quiero estar con mamá, buaaaaaaaaa…” No soporto verle llorar, hago el esfuerzo de dejarle su espacio para que viva su pena, pero indefectiblemente me atrapa. A veces me enfado, otras quedo devastada, atravesada. ¿Acaso debo ignorarlo?

Busco. Busco otros ojos, otras experiencias, alguien que haya pasado por experiencias similares y que me diga que es normal, que no tendrá secuelas, que me dé una receta mágica, un parlamento con el que convenza a mi hijo de lo fantástico que es el plan que tengo para él ese día. Busco niños que no hayan ido a guarderías, y que no sólo lloraran un día porque tienen una autoestima brutal, busco niños felices sin que sus padres hayan hecho homescholing, busco complicidad porque estoy confusa, porque soy así de insegura y segura a la vez. 

Tengo el honor de presentaros a mi niña interior, la que llora con Marco, la que duda, la que piensa y repiensa, la que está cansada, la que está agotada, la que siente que no es suficiente, la que se reconoce víctima, la que está equivocada, la que necesita luz, cariño, un abrazo, empatía, la que no quiere nada de esto, la que quiere que todo sea sencillo.

Por suerte ésta es solo una de mis Silvias, la sanaremos hoy para que mañana amanezca paciente, contenedora y “con sonrisa”.

Escrito queda para otros niños y niñas interiores que busquen dónde mirarse y encuentren que como ellos, hay mas ojos que vacilan, lloran, dudan y vuelven a iluminarse.