Archivo de la etiqueta: libros

¿Es indispensable ir a la escuela?

Estándar

IMG_7925

En estas fechas que corren elegir escuela es lo urgente, las solicitudes de centro se han abierto y debemos seleccionar con cuidado las opciones que tenemos, pero ¿y si no elegimos ninguna? “Yo nunca fui a la escuela” es el libro del que vengo a hablaros, escrito por André Stern que nos cuenta su propio testimonio, nunca fue a la escuela y ha encontrado el modo de realizar el trabajo que le gusta en diferentes etapas de su vida.

La narración se articula en dos partes diferenciadas, la enumeración de intereses del protagonista y cómo los fue desarrollando, y la batería de preguntas frecuentes que le suelen hacer.

Del texto se deduce que la motivación se convierte en la energía que lleva a André al conocimiento, cuando eliges qué te interesa inviertes todo tu tiempo en conseguir tus objetivos, la clave en este caso sería no interferir y poner los medios adecuados al alcance Lee el resto de esta entrada

Desempolvemos la confianza

Estándar

Cruzando el puente

Os traigo algunos pensamientos a propósito de un libro de Naomi Aldort, Aprender a educar, sin gritos, amenazas ni castigos. En mi búsqueda constante, en la reiterada revisión de mis creencias topé con esta autora que no dejaba de resonar en mis círculos, probablemente la hayáis leído, si no lo habéis hecho es urgente, la tenéis pendiente. Es la enésima lectura de crianza que visito y sin embargo me ha resultado novedosa, no venía a repetirme lo que ya sabía, me sorprendía y estimulaba párrafo a párrafo, cada pensamiento se me traducía en un tuit y cada enseñanza me dejaba rumiando ideas.

Sin duda su perspectiva, válida con hijos o con cualquier otra relación social, es la consciencia: si me remueves o enfadas en qué medida la situación habla más de mí que de ti, no dejar que los automatismos hablen por nosotros, ser dueños de cada una de las palabras que pronunciamos, o al menos intentarlo. Con este objetivo desarrolla la fórmula A.P.E.G.O. que ampliamente desarrolla en el libro pero que se puede resumir así: Aislarse de la situación de estrés o comportamiento del niño cuando provoque nuestra reacción y escuchar mentalmente las palabras que vienen a nuestra boca de manera automática; Prestar atención, después, a su genuina necesidad; Escuchar de nuevo promoviendo con preguntas la total expresión del niño; Garantizar la VALIDACIÓN de sus sentimientos y Otorgar poder para que él mismo pueda resolver su propio dilema o malestar.

Es posible que miremos con recelo el tema de VALIDAR cualquier tipo de emoción, pero si el niño está viviendo un sentimiento negativo, (miedo, ira, celos, impotencia…) podemos ocultarlo, pero no borrarlo, con valentía hemos de mirarnos en los ojos de nuestros hijos y aceptar todas las facetas de la experiencia humana, en ellos y en nosotros. Al hilo de este tema escribí No llores recientemente.

Otro tema tradicionalmente peliagudo es el de otorgar PODER, de manera automática imaginamos tiranos que nos doblegarán, pero la ALDORT (que para mí ya ha subido al limbo de las divas) nos mostrará cómo se trata de una indefensión aprendida que promueve justo eso, inseguridad y temor. El texto es una apuesta por la bondad innata del ser humano en libertad, siempre que recorramos ése mismo camino y nos liberemos de nuestras respuestas automáticas podremos acompañar a personas amables y genuinas sin necesidad de recetas que coaccionen, chantajeen, atemoricen o dobleguen a los niños.

En diversos cuadernos he ido anotando frases que me calaban hondo:

-Hemos de “aprender a vivir con las personas y a tomar decisiones que no requieran controlar a los demás“, ser padre puede confundirse fácilmente con la necesidad de control, de control de otras personas, la dificultad es titánica ¿no creéis?

-“El niño cuenta con nuestro liderazgo, no quiere que nos quedemos atrapados en su drama, cuenta con nosotros para conseguir que emerja su parte poderosa“, la no victimista.

-“La vida no proporciona cambios de la realidad para satisfacer los deseos humanos, alterando omnipotentemente las circunstancias no deseadas acabamos con los retos y los desengaños del camino del niño, que de lo contrario, saldría fortalecido“. Dejemos de ser “padres helicóptero” y confiemos. Y confiar implica no transmitirles que son “demasiado débiles para manejar la situación. Algo va mal y hay que cambiarlo” si no más bien, “confío en ti. Tienes la fuerza para salir de esta dificultad y para aceptarla o resolverla“.

-La postura de la Aldort ante las mentiras es la siguiente: “Incluso cuando se miente por miedo a la represalia no debemos empujar más allá de sus límites, no demostrar que ha mentido. Si esconde la verdad es porque no se siente seguro. Nuestro objetivo es ALIVIAR la causa del miedo“.

-¿Cuándo se siente un niño seguro? “cuando se le trata con amabilidad y respeto ante la expresión de sus sentimientos y cuando observa que sus padres son vulnerables y ve que otras personas pueden expresarse con seguridad” en sus momentos flacos.

Éste es el tono y ésta la tendencia de este fabuloso texto de Naomi Aldort, no dudo que volveré sobre sus páginas y os animo a que también las visitéis, hay demasiadas creencias que se dan por sentadas y una nueva mirada, amable y llena de experiencia y sabiduría es siempre de agradecer.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

 

Celos: las comparaciones son odiosas

Estándar

Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.

 

Aprender a vivir con niños

Estándar

 

Aprender a vivir con niños. Ser para educar. Éste es el último libro de crianza que ha pasado por mis manos. Su autora, Rebeca Wild, no me ha dejado impasible, excava en aquello que nos incomoda, en lo que duele, y libera a los niños de la etiqueta de la inmadurez, de ser aquellos que dificultan las relaciones con nosotros, los adultos.

A través del relato de la fundación del Pesta, escuela activa creada por Rebeca y Mauricio Wild, la autora nos conduce a su universo, microcosmos educativo perlado de utopía. Con sus palabras llenas de verdad y crudeza me he asomado al sendero de consciencia que nuestra sociedad nunca atravesará.

Uno de los aspectos que más ha llamado mi atención es la AUTORIDAD SOTERRADA con la que tratamos a los niños, en el mejor de los casos. Wild propone dejar que el niño encuentre su propia esencia para después florecer en sus capacidades con felicidad, pero en no pocas ocasiones ejercemos nuestra directividad, corrigiendo cada palabra, gesto, dibujo, grafía, comportamiento. Acompañar sin dirigir es una actividad más complicada de lo que a priori podríamos suponer. El texto lleno de ejemplos se nos revela con claridad. Descubrir cómo se vuela un avión se aprende haciéndolo, no mirándolo en la tele, no solo admirando la destreza del adulto que nos demuestra su pericia, no, se aprende haciendo, viviendo, errando, repitiendo, acertando y después volviendo a fallar. Lo que un niño necesita no es un adulto que le muestre lo estúpido que es, que le corrija hasta el contorno de su sombra, y que siente cátedra con sus enormes conocimientos, lo que un niño necesita es verdadero respeto en sus capacidades, en sus motivaciones y en su tempo.

¿Cómo evitar la autoridad unilateral adultocéntrica, la que considera a unos por encima de los otros? Favoreciendo “que los niños pasen la mayor parte posible de su tiempo junto con otros niños, sin que los adultos determinen sus actividades y prevengan o resuelvan sus conflictos”. Con ésto se persigue un objetivo, “superar el egocentrismo por medio de interacciones espontáneas con el mundo”. Cómo veis las palabras de Wild me conducen a dónde quería, argumentos favorables para la escolarización, claro está, en una escuela activa, que provea de espacios y circunstancias en las que se puedan dar estas condiciones.

Las necesidades auténticas de los niños varían con los años, (en Etapas del desarrollo también de Rebeca Wild) y si, hay una etapa egocéntrica, pero en cualquier caso tienen excusa, es biológico, pero ¿qué ocurre con nosotros? nunca lo superamos, seguimos alimentado nuestro ego y un niño supone una amenaza importante a nuestra endeble personalidad. Usamos nuestro poder con ellos porque estamos inseguros, por la costumbre o porque no conocemos otro camino. Según Wild “al vivir inconscientemente en un nivel de autodefensa nos resulta imposible tener las “antenas puestas” y llegar a una verdadera comprensión sobre las necesidades de los niños” y yo diría que tampoco tenemos las “antenas puestas” en nuestras genuinas necesidades, entrenados durante años en el arte de des-oirnos. La infancia se basa en la directividad continua por parte del adulto, consideramos a los niños inmaduros y con nuestro comportamiento reforzamos una autoestima pobre basada en su incapacidad, así encontramos en el futuro adultos dependientes, egocéntricos, insatisfechos y poco creativos o espontáneos.

41M4KzbNO2L._SY445_

 

Pero hay una buena noticia, podemos “aprender a vivir con niños”, es una gran oportunidad para deshacer los viejos bloqueos que nos acompañan ya que los procesos externos que vivimos con ellos rozan nuestros procesos internos, “pasar tiempo en el ambiente de los niños sin obligación provoca que nos percatemos del estado interno propio y del de los niños”, nuestra lógica infalible nos abandona, “cuando retrocede nuestro miedo latente se abre paso la confianza en la vida”.

Wild, sin ser taxativa, establece algunas pinceladas en nuestro proceder, nos insta a que respondamos las preguntas de los niños pensativos, tentativamente, como si nos hiciéramos esa pregunta por primera vez, así les ofrecemos la oportunidad de contraponer sus convicciones. También hemos de ofrecer un ambiente enriquecido con estímulos sensoriales que debe garantizar la libertad de movimiento y la atención humana, el niño no ha de estar solo. Subraya, además, el juego libre con objetos concretos como base de la experimentación y del aprendizaje.

Este libro me ha hecho soñar con una escuela nueva, también me ha entristecido, ilusionado, enfadado, en definitiva me ha movido en todo momento. No creo en gurús ni en verdades absolutas pero el pensamiento analítico que rema contra-marea siempre es bienvenido.

Os recomiendo este enlace, contiene videos sobre la escuela activa del Pesta, todo un hallazgo.

Un libro infantil sospechoso

Estándar

Las librerías son fascinantes y las de niños… increíbles, llenas de colores, texturas, dibujos e ilustraciones; ¡nos encanta ir!

Pues bien, uno de esos días en los que pasamos la tarde revoloteando por los estantes,volvimos a casa con un buen botín. Entre nuestros grandes tesoros se encontraba un libro abultado, repleto de ilustraciones con leyendas que mostraban los sonidos que producían los objetos, animales y personas retratadas.

 

 

 

Hacia la tercera página nos encontramos con “La pistola hace pam”; ¿no es un poco pronto para introducir a un niño de quince meses en el conocimiento de la industria armamentística?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después llamó mi atención “Elbiberón hace mmm”. Bueno, no ocurre nada malo, pero Marco no ha visto ninguno, y en fin, se dan por hechas una serie de cosas. Se puede pasar de la teta al vaso. Pero tampoco es necesario ponerse quisquillosos.

 

 

 

 

 

 

¿Y esto? “Las espinacas hacen eccs” ¿dan asco?. ¡Qué buen consejo! Menos mal que encontré este libro entre tantos, aunque quizás solo sea que tengo poco sentido del humor, seguiré ojeándolo.

 

 

 

 

 

 

 

 

“El cachete hace paf”…Sobran las palabras.

O no. ¿Se refiere a un bofetón en abstracto, o al cachete “bienintecionado” de los cuidadores del bebé? Esto estaba tomando un cariz preocupante.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y entre tanta sandez, burros, cabras, perros, gatos, pollitos, trenes y bla, bla, bla, encuentro esto, “Mamá hace mua mua”. ¡Fantástico! Mamá es puro amor, precioso.

 

 

 

 

 

 

 

¿Pero qué ven mis ojos? “El papá hace ssst” ¡Lo que me faltaba!

¿Mamá es amor y “el” papá es autoridad? Porque ojo, papá tiene delante un artículo y mamá no. ¿Todavía estamos así? En pleno s. XXI, en occidente, “cuna de la civilización”, ¿asignamos roles estancados, obsoletos, en función del género? Me niego a pensar que esto es así todavía. Padres del mundo ¿os sentís cómodos con esta etiqueta, de desarraigo, dominio y supremacía? Ser respetado, no nos engañemos, a través del miedo y no de la admiración. En lugar de que viene el lobo, que “viene papá”; o “cómo no te portes bien se lo diré a papá”; o “cuando venga papá te vas a enterar”. La amenaza constante de la figura paterna es un triste episodio del pasado, o al menos debería de serlo. Papá y mamá ( o papá y papá, o mamá y mamá), ambos, son sinónimo de cariño y refugio y ambos buscan mostrar un camino ético a sus hijos, corrigen y aconsejan; o al menos así debería ser.

Si de un libro para niños de preescolar se arrojan semejantes lecturas morales, da miedo pensar qué encerrarán los libros de texto que usan nuestros hijos; qué barniz religioso, humanístico o político se adhiere en todo discurso y cuán necesaria se hace una visión crítica de todo lo que nos rodea.