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Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

2 años de Maia

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Me he quedado sin bebés, definitivamente, eso es lo que ha estado pasando durante todo este tiempo. Así que voy a saborear poco a poco este último año junto a ti, pequeña Maia.

Ya pisabas fuerte y rápido cuando despuntaba Febrero y esa fue tu tendencia, no caminas, correteas, das saltitos que emocionan a tus rizos, y así, felices, te imprimen ese halo de alegría que tanto te caracteriza.

Y es que tienes dos estados, el de máxima concentración y el de felicidad sosegada de manera casi permanente. Tus carcajadas no son las más contagiosas, ni las más efusivas pero tu sonrisa sí es inmensa, luminosa y constante. Irradias energía y vitalidad y haces muy difícil el enfado o la pena cerca de ti.

¿Cuándo te concentras? Siempre que experimentas, compruebas y realizas. El mundo es un gran laboratorio y la hora de la comida el gran momento de las texturas, las sensaciones, quizás hasta de la química y en escasa medida el momento de los sabores. Comer no ha sido tu mayor preocupación, aunque piano piano has ido ganando terreno. Adoras las sopas, los yogures bífidus desnatados, el jamón serrano y la mantequilla hasta en cucharadas. Y siempre, siempre, siempre comes sola, no consientes ni una cucharada que no venga de tu mano, ya tienes mucha destreza pero no siempre la tuviste, sin embargo no ha sido un gran problema, paño en mano y mucho practicar, pasó volando y ya tenemos mucho bagaje. Aún así agradecimos mucho el verano porque podías jugar con arena y agua libremente, podías amasar contenta, mancharte, mojarte, tus intereses se vieron colmados.

De modo prematuro adquiriste grandes habilidades físicas y esto supuso una gran locura, a todos sitios llegas, todo lo coges, imitas, investigas y curioseas, pero explicarte “esto no, esto si, porque…” era una tarea titánica, no comprendías, ponías tu sonrisa o tu carita de asombro y vuelta a empezar, una vez, otra vez y todas las veces.

Independiente y resuelta, sociable y generosa esa eres Maia, y no dejo de maravillarme. Siempre compartes ¿y con esta edad? Si te doy una galleta han de ser dos, una para ti y otra para Marco; si alguien quiere un juguete que tienes tú, tan solo debe pedírtelo con cariño y gustosa se lo cederás, pero siempre con cariño, las órdenes con gritos nunca acaban bien. Que sepas estas cosas tan pequeñita hacen que me derrita de amor, ¿podremos mantenerlo ahora que empiezan los dos años?

El binomio Marco-Maia /Maia-Marco camina despacito pero con fluidez, ¿sabes? No dejas de imitarlo, de admirarlo, de preguntar por él cuando no está, el mejor momento del día es cuando vamos a recogerle juntas, es entonces cuando no te importa sentarte en el carrito, porque tenemos prisa y el tiempo apremia. Has crecido rápido y ya podéis interactuar mucho más, vuestros intereses empiezan a confluir y Marco deja de verte como un obstáculo, ya no tiras sus torres y sabes jugar al escondite y eso es un gran plus. Os dais muchos besitos y muchos abracitos, cortos pero constantes a lo largo del día. Aunque aún quedan algunos momentos de más tensión, siempre los habrá, hemos rebajado mucho el vapor oscuro que a veces nos nublaba, en ocasiones a unos, en ocasiones a otros, a veces a todos. Se respira esa paz y es reconfortante.

Cuando me preocupa lo rápido que estás creciendo, la prisa que tienes, lo poco de bebé que hay en ti, me tranquiliza pensar en nuestra lactancia, esa lactancia acrobática en la que ya negociamos pero que nos regala nuestras noches de chicas, ésas que nos pertenecen, ésas que nos unen con el color de la leche, con el rubor de lo diferente, de lo necesario, porque es nuestro remanso, nuestra canción, nuestro espacio exclusivo. Aunque a veces me queje o me canse, puedo ver que es un privilegio para nosotras vincularnos de este modo. Quedan muchas noches en las que gozar de nuestro amor bañadas de luna. Te abres al exterior, caminas hacia tu independencia y después te repliegas con mamá, te cobijas y alimentas, nutres tu espíritu de seguridad para después nadar en mar abierto, tú que eres una sirena.

Y qué decir de la luna de miel que vives con papá, más arriba hablaba de nuestras noches romanceras porque los días, a la luz del sol, él es tu lucero, a él acudes cuando te caes, cuando te pones triste, cuando te asustas. Vuestra relación es fuerte, intensa, sincera, de muchas horas al día, porque cuando yo trabajo vosotros estáis juntos, los dos, sin nadie más, y el resto del tiempo ya somos tres o cuatro. Papá es tu héroe, tu caballero y tú su estrella, ahora que no nos lee nadie, yo he visto como te mira y el brillo de sus ojos es cegador.

Felicidades Maia, feliz cumpleaños, gracias por ser y estar, nos endulzas la vida a todos con tu luz, tan sólo esperamos estar a la altura.

La madre que siente

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la esperanza

A veces se abre el suelo bajo mis pies, un abismo. El vacío, el caos, lo desconocido, lo temido, lo no vivido.

Entonces quiero ser esa mujer que podía elegir qué hacer, llorar, gritar, bailar, girar, dormir o fingir hacerlo.

Libre de sentirme desproporcionadamente triste, o desproporcionadamente preocupada, o desproporcionadamente loca.

Ese placer que da sentir los extremos, comprobar que estás vivo, que no eres postiza.

Cuando la cabeza te va a estallar de tanto llorar, cuando tu craneo se quiere independizar de un modo físico, cuando la sien aprieta.

Ahora que no puedo entregarme a un estado cuando me apetece, lo añoro, no estaba mal, me deslizaba por el tobogán de las emociones y las vivía, las exploraba, me cansaba de sentir y volvía a empezar. Tan tangible, tan salvaje, tan vital.

Partidaria de masticar lo que vives, de digerir la experiencia. Sin miedo al dolor, sin miedo al llanto, atravesar los ethos, transitar los pathos, sin vergüenza, con valentía. Porque sentir no te hace vulnerable, te hace sabia, te hace.

Hoy me mueve un cóctel de miedo, de esperanza, de procesos de espera, de resultados e hipótesis. Cuando el apellido de una palabra puede cambiar el curso de las cosas. Cuando imaginar es más doloroso que cruzar, o quizás no.

Estás de mal humor, quieres poder estarlo. Quizás es rabia, quizás es ira, quizás temor.

Puede que llores, te rindas y entonces se acerque tu bebé “ya está mami, ya está” y quieres llorar aún más, pero tragas saliva, asumes tu condición de mujer-madre, las emociones tienen que esperar su turno, el nudo aguarda mientras trabajas, el nudo aguarda mientras los niños te rodean, pero la madeja encontrará su espacio para rodar ligera.

Los procesos son diferentes cuando eres madre, es indudable que cuando eres responsable de alguien pierdes libertad, las prioridades cambian.

Sigo buscando mi “habitación propia”, que mis hijos sepan darme espacio igual que yo a ellos, no sentir vergüenza por mostrar, ni sobrecargarles con lo que no es suyo, ese equilibrio, ese preciado equilibrio que da la educación emocional.

Soy esa madre que siente, que a veces llora, que otras aguarda su momento y la que otras olvida por qué estaba triste, ésa si es una ventaja de la maternidad, no hay tiempo y has de seleccionar qué cosas merecen ser sentidas y cuales no tanto.

Puede que esa selección sea una mera ilusión, pero me gusta tanto pensar que controlo y protagonizo mi vida…

Soy esa mujer que siente.

 

Negociar la lactancia

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A veces me agoto, quiero desaparecer, hacer una elipsis, cerrar los ojos y dormir profundamente. No es ninguna novedad que las madres no descansan mucho pero yo ya empiezo a pagar mi factura y me siento terriblemente triste por ello.

La crianza de un bebé es entregada y absorbente y transitamos esta etapa primal, sin descanso entre un niño y otro. Sumo cuatro años y dos meses de lactancia ininterrumpida, el hilo es frágil a veces, por eso cuando me topo con un escollo: mastitis, hongos, grietas o alteraciones varias de la flora del pecho, llega el dolor y entonces, entonces me agoto. ¿A estas alturas? Si, a cualquier altura, exactamente igual que mi garganta, mi tobillo o mi muñeca, mi pecho puede fallar y se enferma.

Llegan las tomas dolorosas, temes los despertares, te muerdes el labio para aguantar la punzada y te das de bruces con la negociación con una bebé de 22 meses que mama mucho y come poco. “Mamá tiene pupita, mejor de ésta, mejor de la otra, ¿y no quieres agua? ¿te preparo un sandwich?” La razón te dice que nos es el momento de poner fronteras, de negociar, pero el cuerpo se repliega en otra dirección, la lactancia a demanda ha de reestructurarse para que respete el ritmo de las dos.

El momento difícil de nuestra travesía ya ha pasado y el dolor ha remitido pero la reticencia se ha instalado y a mayor resistencia más demanda. Maia siente que necesito espacio y eso le da miedo. Yo siento que tiene miedo y necesidad de maternaje y ahí ando, buscando el modo de negociar de manera respetuosa entre su inercia y la mía.

Y estoy tan triste y confusa. Frustrada. ¿Por qué ya? Quisiera ser complaciente con ella en el infinito sentido de la palabra, pero le pongo excusas, quisiera cuatro grandes tomas a lo largo del día y no veinte pequeñas y dos extenuantes. Quisiera no escribir esto, quisiera ni pensarlo, igual mañana quiero otra cosa, que mi bebé no crezca, que su mirada no cambie, que las caricias que me dedica fueran eternas. Así es la espiral de mi mente, quizás sólo me agote, quizás estoy cansada. Dormiré al tick-tack de su respiración, al olor de su cabello, al calor de su blandura; entonces y sólo entonces recuperaré mi energía, la suficiente para negociar, aunque no me apetezca y me dé pereza, porque eso lo complica todo, o quizás no.

Sin la duda, hay confianza; la confianza trae naturalidad, sosiego; el sosiego, paciencia; paciencia yo con ella, paciencia ella conmigo. Sin destete, sin disponibilidad absoluta a cualquier hora y en cualquier sitio. Habrá un lugar a mitad de camino, para nosotras, dónde dibujemos corazones de leche, dónde nos comprendamos y encontremos, habrá un lugar.

Nadie sabe

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Nobody Knows

Nobody Knows (2004) es el retrato fílmico de cuatro niños que literalmente subsisten solos en la atronadora Tokio.  Traigo esta película al blog porque sus imágenes son pura poesía y la naturalidad con la que se presenta la infancia es sublime, las miradas, las risas, las lágrimas contenidas, los silencios que gritan caos, toda ella se nos muestra como una suerte de música para la conciencia.

Visito por primera vez a este director japonés Hirokazu Kore-eda y es sin duda un gran hallazgo, recientemente ha estrenado Like Father, Like Son (2013) que será la próxima de mi lista, también de temática filial y roles familiares, y bueno, como ya sabéis estar a vueltas con la crianza es mi debilidad.

Insisto en delicadeza de la realización, ritmo lento, detalles que siempre suman información, ningún plano es gratis y un naturalismo que te abochorna, sientes que estás allí, escondido y observando la intimidad de sus vidas, y he de decir que es un alivio después de tanto maquillaje a lo Hollywood.

Una madre, sus cuatro hijos y pocos medios, Kore-eda los presenta con humor, parece divertido hasta que las ausencias de la progenitora se dejan notar, el mayor de los niños, con doce años, se erige en cuidador, responsable de la casa y de sus hermanos. A nivel práctico el protagonista consigue llegar a todo, se convierte en la madre de sus hermanos, pero en el plano emocional la situación se deteriora paulatinamente, la madurez no era más que un reflejo de su verdadera alma, su niño interior ruge y reclama calladamente su espacio hasta que la historia torna y se convierte en un Señor de las moscas que se vale esta vez de una jungla de hormigón y luces de neón.  Los protagonistas son conmovedores y tiernos, los adoras en todo momento, acentuando así lo insoportable de su desamparo, pero el joven Yuya Yagira es fantástico en su papel de hermano mayor, incluso resultó ganador del Palmarés en el Festival de Cannes a la mejor interpretación masculina en 2004.

Yuya Yagira

 

La invitación a un mundo sin adultos es muy sugerente, sin embargo el experimento no termina de resultar, aunque a veces, francamente, pienso que el “experimento” tampoco termina de resultar con adultos, de todos modo podréis llegar a vuestras propias conclusiones al ver la película. Basada en hechos reales, y esto es aún más descorazonador.

No puedo dejar de mencionar el cariz oriental de la película, esa sensación de que “algo más” va a pasar aunque ya sea tremendo lo que estoy viendo, esa emoción contenida, ese drama sin gritos, esa sonrisa perenne en sus gestos, ese contento hueco, ese cariz tan japonés, me viene a la cabeza Cuentos de Tokio en ese sentido.

¿Y qué decir de esa madre? La madre, la eterna juzgada, la eterna portadora de la culpa. Sin duda en este caso el abandono es un acto de egoísmo inconmensurable, pero no me gustaría obviar que los niños ya tenían un padre que previamente les había abandonado, sin embargo lo fácil es cargar las tintas con ella, como siempre.

Infancia, ensoñación y puro arte fílmico, no os la podéis perder, siempre viene bien sacudir los resortes de lo común y de lo convencional para asomarse a ese otro  espacio en el que no te sientes tan cómodo y es inevitable pensar.

De aventuras, colonias y duendes

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Una de las actividades programadas para el curso escolar (1º Infantil) era una aventura campestre, dos días ¡con su noche! en unas cabañas.  A medida que se acercaba la fecha lo decidí, si le pregunto y no le apetece no irá, os podéis imaginar la escena, ¿qué sentido pedagógico tiene que un niño tan pequeño sufra porque echa de menos a sus padres? Lo veía inviable e innecesario así que dejé el agua correr y llegado el momento formulé la pregunta, “¿sabes lo que son unas colonias, quieres ir?” Sí a todo. Resignación por mi parte y máxima colaboración.

Para preparar un evento de este tipo con niños pequeños es necesario trabajar el concepto de tiempo. Para ello se ideó una cuenta atrás, los niños iban tachando y teniendo en cuenta cuántos días faltaban. En nuestro caso, cuando anunciamos planes futuros a Marco él espera que se lleven a cabo en el acto: “-En verano iremos a la playa, -¿hoy es verano?”… Y así todo el tiempo. Este fue nuestro calendario-cuenta atrás:

calendario

 

 

Otro hecho importante era preparar la noche, se distribuyeron los niños en tres dormitorios, eligieron el nombre de cada habitación y se le asignó un símbolo, sol, luna y estrella. También eligieron compañero de camita y se dibujaron a sí mismos durmiendo con su amig@ correspondiente, la famosa “visualización” que se emplea en psicología, anticiparse a lo que sucederá e imaginarlo con placidez tiene un efecto realmente potente. Además en clase había murales-organigrama con cada uno de los dormitorios y sus moradores.

Los niños fueron agentes activos de la preparación de la actividad, ésta es la lista de las cosas necesarias para el equipaje:

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Así llegamos a la noche previa, se podía cortar el entusiasmo, imposible dormir, vueltas y vueltas. Sus palabras exactas fueron “mamá no puedo dormir, estoy emocionado, ¿cuándo es de día? ¿el cole está cerrado todavía? me quiero ir ya”. Por la mañana no quería desayunar por miedo a que se hiciera tarde. Y se fue con su papá en busca de aventuras.

Las 30 horas que transcurrieron después fueron efervescentes para mí. Ya sabéis que soy muy sentimental, cada vez que me lo imaginaba montadito en el autobús se me empañaban los ojos de felicidad. A lo largo de ese tiempo recibimos varios e-mail que nos relataban las hazañas campestres de los infantes, al punto, más lágrimas y emoción. Pero la alegría nerviosa se fue tintando de gris como el día,  y al llegar la noche, la hora del cuento se me hizo insoportable, no solo era una cuestión de dudas sobre su estado, es que lo echaba de menos de forma brutal, y me puse a llorar como una niña, no eran lágrimas, eran sollozos con su volumen razonable de decibelios, descargué tensión, conecté con mi zozobra y… y sonó el teléfono.

Era su maestra que llamaba para contarnos cómo iba todo, que estaba contento, colaborador y que no había preguntado por nosotros, ya eran las diez de la noche y se disponían a dormir en breve. Esto vino a demostrarme algo, que la persona encargada del cuidado de los niños tiene desarrollado un talento muy importante, la empatía, y eso me tranquiliza mucho, si supo leer mi necesidad por la impresión que le causé en los prolegómenos, también sabrá leer las necesidades de los niños.

Por fin llegó el viernes y con él Marco cargado de historias. El duende nocturno que buscaron con sus linternas, siguiendo pistas, recorriendo senderos, por fin lo hallaron entre los pinos, con la luna vacilante. Mariquitas naranjas, riachuelos helados, pompas de jabón, su bolsa repleta de piedras y palos, grandes tesoros, cuentos al caer la noche, risas y canciones. En definitiva, estaba feliz, se sentía mayor y valiente.

Esta edad marca el paso entre el niño-bebé y el niño-pequeño, estas experiencias los cargan de orgullo y heroísmo, consiguen sus primeros hitos hacia la independencia. También destaca su tendencia a la fantasía por lo que barnizar la experiencia de duendes y cuento me parece mágico y acertadísimo.

También yo estoy feliz con la experiencia y he aprendido dos cosas, Marco es más capaz y competente de lo que suponía, me maravillo ante su crecimiento y su sabiduría interior, ésa que va desarrollando a cada paso, y bueno, yo soy menos capaz de que él, su ausencia me resulta insoportable, conecté con el hueco que dejaría en mi vida si algo le sucediera y fue un abismo aterrador.

 

Lactancia acrobática

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Cada hijo cuenta una historia de nuestro cuerpo, cada uno tiene su sabor y deja su huella.

Con Marco la teta era siempre paz, remedio y consuelo, cobijo y calidez donde refugiarse, dejaba de tener prisa junto a mamá, el tiempo se detenía.

Nuestra conexión irrompible, difícil saber dónde empezaba uno y terminaba la otra. Sus ojos de pura empatía conocían siempre mis mareas emocionales. Quizás por eso finalizar nuestra lactancia no fue sencillo, los dos temíamos que nuestro vínculo se resintiera. Con algo más de perspectiva y tras los coletazos contemplo nuestra historia de amor, intacta, segura, siempre compleja y muy muy intensa. Complacida y feliz por lo vivido.

Así, sin prisa, Maia ha ido ganando espacio y ahora vivimos nuestra lactancia, la de las dos y es un privilegio. Su carácter de raíz muy diferente no es tan rápido ni tan lento, es siempre allegro. De difícil soborno, no gozo de su exclusividad, ni hay una solución única a sus industrias y desventuras.

Nuestra lactancia siempre fue pura acrobacia. Al principio éramos tres, encajados sobre cojines y dificultad en las madrugadas pues yacer  y lactar se nos resistía. Pero pronto, Maia, te revelaste dueña del movimiento y no podías perder un segundo. Siempre preparada para salir corriendo me regalas un amplio repertorio de posiciones “lácticas”.

En mi rigidez y mi costumbre no dejaba de sorprenderme, creo que hasta me molestaba por lo inesperado. Es más fácil contar las veces en las que mama de modo convencional que en las que no lo hace. Ahora me divierte, me embelesa, espero que trepe hasta mí y se acople con esa frescura suya. Temía remover sombras en su hermano pero con mucha madurez ni repara en nuestras jerigonzas, entonces… nos hemos relajado, acepto sus preferencias y me deleito con lo nuevo que me trae.

Como toda una prestidigitadora no hay escote que se le resista, coge lo que es suyo en cualquier momento y circunstancia y después continúa con sus quehaceres, celebra que no me cubra, le gusta contar en todo momento con la posibilidad, ésa es mi chica, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo y la adoro por ello y por mucho más.

¿Y qué hay de mí? Aunque no lo creáis soy tímida para esto, aún estando solas tengo la manía de taparme apenas abre la boca cada vez que termina De algún modo retorcido me resisto a mi función de madre nutricia, de verdad, en serio, esto es una confesión. Los senos son un “símbolo demasiado patriarcal”, demasiado tiempo pensando que su función es la de excitar al hombre y no sólo eso, además en tal caso sería “pecado”, algo sucio. Mi cabeza sabe que no, por eso reviso mis costumbres y deconstruyo lo andado y almacenado. Mi cuerpo grita y también mis tetas lo hacen, me siento a cada paso más libre y mi pequeña acróbata me ayuda con eso, su indocilidad y su espontaneidad me reconcilian con mis fronteras sinuosas, nutricia y exultante ésa también soy yo.