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Cuando las crisálidas vuelan

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Por fin me siento ante la pantalla, cristal que me refleja y que os devuelve mi imagen, una imagen. Este largo paréntesis del blog, el más largo, no responde a una crisis de la palabra o de mi persona, es más bien que se amontonan mis prioridades sin que por ello sea capaz de decidirme o reconocerlas. Esta situación debería ser interpretada, y es que creo que ahora si, ahora el puerperio no es mi realidad, no se cuando dejó de serlo pero mi persona despierta paulatinamente, cada una de sus facetas luchan por florecer y expresarse, el pasmo maternal en el que me cobijaba, el nido que habitaba se ha terminado de desenroscar.

Recientemente me acusaron de este modo “tienes muchos proyectos parece que te falta oxitocina”, mis sistemas de alarma saltaron, ¿cómo podía ser posible? ¿el centro de mi mundo ya no eran mis bebés? quizás mis bebés ya no lo eran tanto, quizás tengo la ilusión de que me despego de ellos y posiblemente sean ellos los que se desprenden de mí. Ayer fue la primera vez que no los recogí del cole, y no hubo drama, venían contentos, qué tontería ¿no? pues claro. Pude comprobar dos cosas, me apetecía hacer otra cosa y además no era necesaria la culpa, nadie sufre.

Te reconoces indispensable y sin embargo puedes ser prescindible. Este sentimiento me libera, pero no nos engañemos, también me escuece, siento una añoranza profunda, no ya de mis bebés, si no más bien de mis zigotos, de la entraña compartida, de la sangre que es una, de la loba que no se despega de su cría, de la que aúlla cerrando el anillo, y es que ya no es necesario, puedo delegar sin culpa.

La ambivalencia del mensaje no indica que quiera un nuevo hijo entre mis brazos, simplemente constata que las emociones son complejas. Reclamo mi espacio vital, mi tiempo y cada vez es más fácil hallarlo. Cuando las demandas son honestas, sinceras y sin angustia se escuchan mejor, cuando por fin estoy convencida de merecer, sin culpa, desde el movimiento lógico, el paso siguiente es la complacencia. La crianza “con apego” conduce al mismo sitio, se tarda más, pero es una danza más orgánica, sinuosa y suave. Paladeas tanto la crianza que antes de perderla ya la estás echando de menos.

El siguiente paso son las noches, la única noche que no estuve cerca de mi hijo estaba de parto, fue por una buena razón. Ahora es Maia la que me necesita cada velada, soy incapaz de imaginarme lejos de ella cuando pronuncie mi nombre en la penumbra, pero también llegará ese momento, el último bastión que nos queda de ese piel con piel que nos ha alimentado cada día. Me imagino viendo Parsifal en el Real, me imagino con mis amigas, me imagino muchas cosas y sé que todas llegarán y también sé que echaré terriblemente de menos lo que ahora, aún tengo.

Aprovecharé este caudal de energía para volar con mis nuevas alas, alas de crisálida arrugada que buscan que el sol las saque de su ensoñación, aunque sea para soñar en otro lugar, también.

Sonata de Otoño

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Sonata de Otoño (1978) es una película del director sueco Ingmar Bergman, la traigo como invitada de honor a este espacio, no me he podido resistir a analizarla desde la perspectiva de la crianza y el género.

La protagonista, Charlotte, una madura Ingrid Bergman en su última interpretación en el cine, decide apostar por su carrera concertística; es una gran pianista que deja a sus hijas relegadas a un segundísimo plano en pro de una vida de éxito, sacrificio, viajes y excentricidad. Tenemos ante nosotros a la “clásica” mala madre que expiará sus pecados en uno de sus encuentros con su hija. La película enmarca este tiempo narrativo, ese encuentro en el que madre e hija dejan caer sus velos de cortesía y formalidad para enfrascarse en conversaciones intensas, llenas de reproches, en las que recrearán duras experiencias vividas, con todo el dolor que trae el recuerdo, con acusaciones descarnadas que desgarran la seda burguesa y sonrojan al espectador que se revela como un voyeur indiscreto que invade una bochornosa intimidad.

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La interpretación de las actrices protagonistas es magistral y si además conocemos los avatares de la vida real de Ingrid Bergman entrevemos otros matices más profundos y lacerantes. La actriz dejó su vida, su marido y a su hija pequeña en América para vivir con Roberto Rossellini en Italia y quedar embarazada de nuevo. El escarnio público fue tremendo, corría el año de 1949 y fue declarada persona non grata en Estados Unidos. La moral imperante truncó momentáneamente su brillante carrera. Al margen de la opinión que nos merezcan las tribulaciones de su vida, es poco probable que de haberse tratado de un hombre hubiese ocurrido lo mismo.

¿Es posible que una mujer sea capaz de abandonar a sus crías por otros intereses? Una madre semejante ¿solo podría ser una enferma mental o una cruel y fría ególatra?

Lo que me gusta de Sonata de Otoño es que no crucifica a Charlotte, aunque pudiera parecerlo, subyace el mensaje de que cada ser humano proviene de una historia, y que con los elementos que posee construye un afrontamiento del mundo y de sus dificultades. El desapego genera más desapego, miedo, evitación, no sólo somos hijos de nuestros padres, también de su tiempo y de su contexto y después del nuestro y más y más. Nos vamos moldeando a la deriva de nuestras vivencias y muy frecuentemente lo podríamos haber hecho mejor, pero no siempre supimos o pudimos. El film no dulcifica la historia de abandono pero sí nos la explica sin condenar con demagogia.

Mientras veía la película no podía dejar de pensar en los postulados de Alice Miller, a veces ese masoquismo que se estrella y estrella contra la dura piedra, ese dolor que da rascar y encontrar, también es muy gratificante, es un deporte que me encanta. Guiño y guiño.

La mejor y más delicada secuencia de la película es la interpretación del Prelude Op. 28 No. 2  de Chopin, primero por la hija y después por la madre. Os lo dejo en este imperdible enlace.

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Aquí os dejo las hondas palabras del guión que más me llegaron al alma:

En boca de la hija:

Me ataste, porque necesitabas mi amor.

Querías que todo el mundo te quisiera.

Yo estaba expuesta e indefensa y todo sucedió en nombre del amor.

Una madre y su hija. Una combinación terrible de emociones, confusión y destrucción.

Todo es posible y se hará en nombre del amor.

La hija heredará las heridas de la madre.

La hija sufrirá los fracasos de la madre.

La infelicidad de la madre será la infelicidad de la hija.

Es como si el cordón umbilical nunca se hubiese cortado.

¿Es así? ¿es la infelicidad de la hija el triunfo de la madre?

¿Es mi dolor tu placer secreto?

En boca de la madre:

Siempre he tenido miedo de ti.

Creo que quería que me cuidaras, me cogieras en tus brazos y me consolaras.

Es sencillamente desgarrador y brillante, el arte es la mejor invención del ser humano, ¿qué más podría añadir?

La recientemente estrenada Ricki, con guión de Diablo Cody y Meryl Streep como protagonista también ahonda en la terrible culpa materna y el egoísmo de la mujer triunfadora, en este caso ella es una estrella del rock, o al menos eso intenta. Recomiendo muy mucho este Post de Killer Mother sobre la película.

Destete nocturno

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Pronto haremos tres semanas intentando cambiar de fase, intentando el destete nocturno Maia y yo. Veintisiete meses de feliz lactancia pero algo empezaba a rondarme ¿y si descansamos mejor por la noche? Bueno, al menos yo. Mi experiencia previa fue con un Marco algo más pequeño y un embarazo que ya pesaba y reclamaba su espacio. Fue muy sencillo eliminar las tomas “intra-noche”, le ofrecía agua cuando despertaba, lloró la primera vez que le dije que “las tetitas dormían” y cambiamos de nivel. Me animé a tomar la decisión cuando leí este Post de Miriam Tirado.

Pero en esta ocasión no ha sido fácil, sigue siendo difícil. Quizás no confié en su capacidad para ganar independencia o quizás sea la maldita culpabilidad.

La secuencia de los acontecimientos es la siguiente: Después de unas semanas agotadoras de muchos, muchísimos despertares y de que una de las tomas fuera demasiado distendida, de una hora o mas sobre las cuatro de la madrugada, sentí que había llegado mi momento y pensé en tantearla. La primera noche fue infernal unas tres rabietas interminables en las que me sentí como una bruja, su llanto era una clamor de rabia y dolor, mantuve la calma y la acompañé en su llanto pero no me dejaba tocarla, no me dejaba consolarla se volvía de espaldas y lloraba y lloraba, “no papá, no agua, no dormir ¡a levantar!”. Tremendo. La segunda noche no fue mejor, mucho llanto, aunque ya encontramos una solución, con su mano sobre mi pecho lograba dormirse. La tercera noche fue milagrosa no se despertó hasta las 7 de la mañana. He de aclarar que la toma de las 7 cuenta como diurna, ahí he cedido, es nuestro momentito de paz, de tregua, y nuestro último sueñecito después de tanto ir y venir durante la noche. Pero esa tercera noche tan solo fue un espejismo, imagino que fruto del puro agotamiento. Aunque hemos mejorado mucho, las noches se suceden, normalmente, con una mini-rabieta y la toma del amanecer, los días no son sencillos, nuestra relación es presa del recelo, yo tengo miedo de que me guarde rencor por no darle lo que necesita y ella se siente impotente, frustrada e inicia luchas de poder por cualquier nimiedad, necesita reafirmarse más que nunca, soy consciente y no lucho, la comprendo e intento darle espacio, si no quiere carrito pues andamos, aunque lleguemos tarde, aunque llueva, aunque se detenga el mundo.

Pero me siento perdida, dicotómica y absolutamente bipolar. Me llega a decir durante la noche “necesito tetita” y me rompe o rompo el alma, deseo no haber empezado nunca con esta situación, deseo eliminar de mi memoria los llantos que le he causado, deseo haber sido otra madre, diferente, más fuerte, más segura o esa mamífera sencilla que se deleita en los encuentros nocturnos con su cría y no desfallece.

Y entonces me descubro haciendo lo que quería hacer, convencida de que es el momento, de que la lactancia debe ser hermosa para los dos miembros del binomio y de que yo ya necesitaba un pequeño paréntesis de entrega, algunas horas de sueño ininterrumpido. Unos inmensos ojos azules me dijeron que yo sabía lo que estaba haciendo, calmaron mi alma y me dieron aliento. Puedo sonar exagerada pero realmente mi yo zigzagcea sin descanso. Por eso, es por esto que se nos está haciendo tan largo y difícil y vuelve la culpa, Maia y yo aún somos una y no hay pensamiento que me atraviese que ella no presienta, por eso lucha y no me deja ir, tampoco se siente segura, conecta con mi angustia y yo me siento atrapada, con esa desagradable sensación de hacerlo todo mal.

No quería escribir este Post así, de hecho podría ser de cualquier color, de cualquier color que anduviera cruzándome en el preciso instante en el que tamborileara sobre el teclado.

Imagino que solo me queda aceptar mis incongruencias y la inseguridad que me nubla para que se torne en alguna otra cosa.

Nota: Marco duerme con nosotras y no se ha despertado ni una sola vez durante nuestros mini-dramas.

“La razón produce monstruos”

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No negaré que el cine me apasiona e inspira, me hace pensar. Sin duda, ver la vida de los demás y analizarla es mucho más sencillo que enfrentarse a las propias vivencias y en el lugar más inesperado puedes encontrar una brillante reflexión, como es el caso de Babadook, una película del género de terror que no te deja indiferente.

Lo primero de todo, no es apta para cardíacos, realmente te mantiene en tensión desde el primer minuto, es muy inquietante, verdaderamente para valientes.

Os pongo en situación, una madre candorosa y dulce, enfermera en una residencia de ancianos. Paciente y comprensiva pero también sufridora, podemos ver su fondo de dolor, es viuda. Y un niño, ayyyy ese niño tipo, inquieto, desbordante, imaginativo, creativo, con carácter, insistente, carismático, que sabe lo que quiere, que puede estallar en una rabieta con frenesí, que no se contenta con facilidad, que necesita atención, que necesita mucha comprensión, que puede resultar cargante a los demás, quizás demasiado vital, quizás demasiado especial, difícil saber si los demás le apartan o si él mismo prefiere distanciarse. Sentimos compasión por esa madre, que aún teniendo la actitud perfecta tiene un niño desestabilizador que además tiene miedo de los monstruos, ¿os suena? Esos monstruos que surgen de las sombras, ésos que viven de nuestra imaginación, ésos.

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Entra en escena un misterioso cuento The Babadook, que aparece en el estante de modo casual. Lo posible, lo abstracto, cobra vida y se define, las pesadillas ya tienen cara y es imposible escapar de esa imagen, cita clara al Nosferatu de Murnau, juego de sombras, garras que se ciernen y siluetas recortadas. El ilustrador es Alex Juhasz y me ha conquistado.

¿Por qué los niños dan tanto miedo en el cine de terror? ¿evocan a nuestro niño interior? ¿lo “irracional”?¿nuestros miedos más profundos y enterrados? ¿demasiados referentes previos en el cine? Su mejor baza es la ilustración infantil del monstruo, dentro de un cuento, aterrador pero naif, inquietante pero inocente.

Lo más interesante del film es su ambigüedad, su interpretación abierta, no me atrevería a etiquetar lo que sucede como paranormal, aunque no deja de serlo, una situación cotidiana se magnifica tanto que puede llevar a la locura. Todos llevamos dentro ese monstruo que se enfada o siente ira, pero la mayor parte del tiempo solemos acallarle, gestionamos nuestras vivencias sin convertirnos en Hulk, sin que nos posea Babadook.

The Babadook (2014) es la ópera prima de la australiana Jennifer Kent. William Friedkin, director de ‘El exorcista’ (1976), afirma  que The Babadook es la película más aterradora que ha visto jamás y para un crítico de The New Yorker “Debería existir una ley requiriendo que todas las películas de terror fueran dirigidas por mujeres”.Muy sugerente ¿verdad? además encontramos referencias a “El Exorcista“, “El Resplandor“, al expresionismo alemán y a Georges Méliès entre otros, una joyita.

La película ahonda en la psicología para llegar a la raíz del terror para después darle forma física construyendo una metáfora del mal humano. Una historia de desamparo, de deseo insatisfecho, de muerte, de frustración, de culpa interna y externa, de duelo, la historia de la humanidad.

No puedo dejar de refierenciar los acontecimientos contemporáneos. La realidad siempre supera la ficción y cuando la locura, o Babadook no se pueden frenar nuestro ego estalla lleno de rencor y maldad.

Aprovechad el fin de semana para ver cine y recordad comprobar todos los rincones, también debajo de la cama.

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Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

2 años de Maia

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Me he quedado sin bebés, definitivamente, eso es lo que ha estado pasando durante todo este tiempo. Así que voy a saborear poco a poco este último año junto a ti, pequeña Maia.

Ya pisabas fuerte y rápido cuando despuntaba Febrero y esa fue tu tendencia, no caminas, correteas, das saltitos que emocionan a tus rizos, y así, felices, te imprimen ese halo de alegría que tanto te caracteriza.

Y es que tienes dos estados, el de máxima concentración y el de felicidad sosegada de manera casi permanente. Tus carcajadas no son las más contagiosas, ni las más efusivas pero tu sonrisa sí es inmensa, luminosa y constante. Irradias energía y vitalidad y haces muy difícil el enfado o la pena cerca de ti.

¿Cuándo te concentras? Siempre que experimentas, compruebas y realizas. El mundo es un gran laboratorio y la hora de la comida el gran momento de las texturas, las sensaciones, quizás hasta de la química y en escasa medida el momento de los sabores. Comer no ha sido tu mayor preocupación, aunque piano piano has ido ganando terreno. Adoras las sopas, los yogures bífidus desnatados, el jamón serrano y la mantequilla hasta en cucharadas. Y siempre, siempre, siempre comes sola, no consientes ni una cucharada que no venga de tu mano, ya tienes mucha destreza pero no siempre la tuviste, sin embargo no ha sido un gran problema, paño en mano y mucho practicar, pasó volando y ya tenemos mucho bagaje. Aún así agradecimos mucho el verano porque podías jugar con arena y agua libremente, podías amasar contenta, mancharte, mojarte, tus intereses se vieron colmados.

De modo prematuro adquiriste grandes habilidades físicas y esto supuso una gran locura, a todos sitios llegas, todo lo coges, imitas, investigas y curioseas, pero explicarte “esto no, esto si, porque…” era una tarea titánica, no comprendías, ponías tu sonrisa o tu carita de asombro y vuelta a empezar, una vez, otra vez y todas las veces.

Independiente y resuelta, sociable y generosa esa eres Maia, y no dejo de maravillarme. Siempre compartes ¿y con esta edad? Si te doy una galleta han de ser dos, una para ti y otra para Marco; si alguien quiere un juguete que tienes tú, tan solo debe pedírtelo con cariño y gustosa se lo cederás, pero siempre con cariño, las órdenes con gritos nunca acaban bien. Que sepas estas cosas tan pequeñita hacen que me derrita de amor, ¿podremos mantenerlo ahora que empiezan los dos años?

El binomio Marco-Maia /Maia-Marco camina despacito pero con fluidez, ¿sabes? No dejas de imitarlo, de admirarlo, de preguntar por él cuando no está, el mejor momento del día es cuando vamos a recogerle juntas, es entonces cuando no te importa sentarte en el carrito, porque tenemos prisa y el tiempo apremia. Has crecido rápido y ya podéis interactuar mucho más, vuestros intereses empiezan a confluir y Marco deja de verte como un obstáculo, ya no tiras sus torres y sabes jugar al escondite y eso es un gran plus. Os dais muchos besitos y muchos abracitos, cortos pero constantes a lo largo del día. Aunque aún quedan algunos momentos de más tensión, siempre los habrá, hemos rebajado mucho el vapor oscuro que a veces nos nublaba, en ocasiones a unos, en ocasiones a otros, a veces a todos. Se respira esa paz y es reconfortante.

Cuando me preocupa lo rápido que estás creciendo, la prisa que tienes, lo poco de bebé que hay en ti, me tranquiliza pensar en nuestra lactancia, esa lactancia acrobática en la que ya negociamos pero que nos regala nuestras noches de chicas, ésas que nos pertenecen, ésas que nos unen con el color de la leche, con el rubor de lo diferente, de lo necesario, porque es nuestro remanso, nuestra canción, nuestro espacio exclusivo. Aunque a veces me queje o me canse, puedo ver que es un privilegio para nosotras vincularnos de este modo. Quedan muchas noches en las que gozar de nuestro amor bañadas de luna. Te abres al exterior, caminas hacia tu independencia y después te repliegas con mamá, te cobijas y alimentas, nutres tu espíritu de seguridad para después nadar en mar abierto, tú que eres una sirena.

Y qué decir de la luna de miel que vives con papá, más arriba hablaba de nuestras noches romanceras porque los días, a la luz del sol, él es tu lucero, a él acudes cuando te caes, cuando te pones triste, cuando te asustas. Vuestra relación es fuerte, intensa, sincera, de muchas horas al día, porque cuando yo trabajo vosotros estáis juntos, los dos, sin nadie más, y el resto del tiempo ya somos tres o cuatro. Papá es tu héroe, tu caballero y tú su estrella, ahora que no nos lee nadie, yo he visto como te mira y el brillo de sus ojos es cegador.

Felicidades Maia, feliz cumpleaños, gracias por ser y estar, nos endulzas la vida a todos con tu luz, tan sólo esperamos estar a la altura.

La madre que siente

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la esperanza

A veces se abre el suelo bajo mis pies, un abismo. El vacío, el caos, lo desconocido, lo temido, lo no vivido.

Entonces quiero ser esa mujer que podía elegir qué hacer, llorar, gritar, bailar, girar, dormir o fingir hacerlo.

Libre de sentirme desproporcionadamente triste, o desproporcionadamente preocupada, o desproporcionadamente loca.

Ese placer que da sentir los extremos, comprobar que estás vivo, que no eres postiza.

Cuando la cabeza te va a estallar de tanto llorar, cuando tu craneo se quiere independizar de un modo físico, cuando la sien aprieta.

Ahora que no puedo entregarme a un estado cuando me apetece, lo añoro, no estaba mal, me deslizaba por el tobogán de las emociones y las vivía, las exploraba, me cansaba de sentir y volvía a empezar. Tan tangible, tan salvaje, tan vital.

Partidaria de masticar lo que vives, de digerir la experiencia. Sin miedo al dolor, sin miedo al llanto, atravesar los ethos, transitar los pathos, sin vergüenza, con valentía. Porque sentir no te hace vulnerable, te hace sabia, te hace.

Hoy me mueve un cóctel de miedo, de esperanza, de procesos de espera, de resultados e hipótesis. Cuando el apellido de una palabra puede cambiar el curso de las cosas. Cuando imaginar es más doloroso que cruzar, o quizás no.

Estás de mal humor, quieres poder estarlo. Quizás es rabia, quizás es ira, quizás temor.

Puede que llores, te rindas y entonces se acerque tu bebé “ya está mami, ya está” y quieres llorar aún más, pero tragas saliva, asumes tu condición de mujer-madre, las emociones tienen que esperar su turno, el nudo aguarda mientras trabajas, el nudo aguarda mientras los niños te rodean, pero la madeja encontrará su espacio para rodar ligera.

Los procesos son diferentes cuando eres madre, es indudable que cuando eres responsable de alguien pierdes libertad, las prioridades cambian.

Sigo buscando mi “habitación propia”, que mis hijos sepan darme espacio igual que yo a ellos, no sentir vergüenza por mostrar, ni sobrecargarles con lo que no es suyo, ese equilibrio, ese preciado equilibrio que da la educación emocional.

Soy esa madre que siente, que a veces llora, que otras aguarda su momento y la que otras olvida por qué estaba triste, ésa si es una ventaja de la maternidad, no hay tiempo y has de seleccionar qué cosas merecen ser sentidas y cuales no tanto.

Puede que esa selección sea una mera ilusión, pero me gusta tanto pensar que controlo y protagonizo mi vida…

Soy esa mujer que siente.