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Sonata de Otoño

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Sonata de Otoño (1978) es una película del director sueco Ingmar Bergman, la traigo como invitada de honor a este espacio, no me he podido resistir a analizarla desde la perspectiva de la crianza y el género.

La protagonista, Charlotte, una madura Ingrid Bergman en su última interpretación en el cine, decide apostar por su carrera concertística; es una gran pianista que deja a sus hijas relegadas a un segundísimo plano en pro de una vida de éxito, sacrificio, viajes y excentricidad. Tenemos ante nosotros a la “clásica” mala madre que expiará sus pecados en uno de sus encuentros con su hija. La película enmarca este tiempo narrativo, ese encuentro en el que madre e hija dejan caer sus velos de cortesía y formalidad para enfrascarse en conversaciones intensas, llenas de reproches, en las que recrearán duras experiencias vividas, con todo el dolor que trae el recuerdo, con acusaciones descarnadas que desgarran la seda burguesa y sonrojan al espectador que se revela como un voyeur indiscreto que invade una bochornosa intimidad.

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La interpretación de las actrices protagonistas es magistral y si además conocemos los avatares de la vida real de Ingrid Bergman entrevemos otros matices más profundos y lacerantes. La actriz dejó su vida, su marido y a su hija pequeña en América para vivir con Roberto Rossellini en Italia y quedar embarazada de nuevo. El escarnio público fue tremendo, corría el año de 1949 y fue declarada persona non grata en Estados Unidos. La moral imperante truncó momentáneamente su brillante carrera. Al margen de la opinión que nos merezcan las tribulaciones de su vida, es poco probable que de haberse tratado de un hombre hubiese ocurrido lo mismo.

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De mujeres y corcheas

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De mujeres y corcheas quería hablaros hoy. El feminismo es complejo y me consta que hay especialistas en la sala, así que corregidme si me equivoco, soy apenas una transmisora de trabajo de campo.

Tradicionalmente hay profesiones más masculinas que otras, nos puede sorprender encontrarnos con una conductora de autobús, una taxista o una directora de orquesta.

Los referentes son claros, en la Orquesta Filarmónica de Viena no fue hasta el 1997 que una mujer ingresara como miembro de pleno derecho, y porque el gobierno retiraría las subvenciones de lo contrario, o hasta 2005 que una mujer empuñara la batuta para dirigirles. Increíble pero cierto.

Cuando cruzas ciertas líneas, las de la profesionalización, y no eres soprano, se puede palpar el desdén andrógino. La situación se acentúa con las instrumentistas de viento y se subraya con las directoras de orquesta.

Mis vivencias cada día me demuestran cómo ellas, las directoras, deben demostrar mucho más, porque no sólo está en juego su valía musical sino sus formas y su contorno. Pero bueno, ésto tampoco es nada nuevo, sin embargo vengo observando algo curioso, hay otra línea de fuego y es la del rol. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que el rol de un director es tan decididamente masculino, en términos tradicionales, que una mujer en ese puesto puede resultar “un marimacho” o “una cursi”, debe decidir ser rígida, seria, hasta hosca y gruñona, mientras mueve su batuta con movimientos secos y cortantes, o bien puede explayarse con ademanes flexibles, circulares, cerrar los ojos y dejarse llevar por el baile ancestral del artista, en cuyo caso, al ser mujer, será sobreactuado, amanerado y “femenino” en la peor de las acepciones. Me entristece esta bipolaridad, este maniqueísmo trasnochado, femenino/masculino, no se ve a las personas, a los individuos, el género tiene una importancia totalmente inapropiada.

Los directores, hombres, o son buenos o malos músicos, o se hacen entender con la batuta o no lo consiguen, pero no noto que los músicos que ejecutan sus versiones estimen si visten mal o bien, si son follables o no, si tienen toque masculino o lo tienen femenino, sencillamente hacen lo que hacen nadie juzga lo accesorio porque no importa.

Ahondando en el concepto de individuo, cuando una mujer se sube a la tarima, de repente se erige en representante de toda la “especie feminoide”, ha de defender el listón de sus compañeras de viaje, si lo hace mal, “las mujeres no saben dirigir” y bueno, si lo hace bien, tendrá un buen día. No soporto las generalizaciones.

En el poder está la clave, ese atributo intrínsecamente masculino en manos de una mujer. Imagino que las directoras de empresa, las presidentas de gobierno, las mujeres que ostentan el poder tienen mucho que justificar y serán encasilladas velozmente, incluso la excesiva belleza puede ser un lastre para que no se las tome verdaderamente en serio, muñequitas bonitas. Ni jóvenes, ni bellas, ni muy amaneradas, solo la “reina tradicional” quizás, solo quizás, puede ser tomada en serio, pero sobre una tarima…  Demasiado complicado, ¿una mujer mayor, rellenita dirigiendo una orquesta? Hasta ahí podríamos llegar, como mucho que cante algo.

Y las madres, ¿qué pasa con las madres? No bonita, ese tema ni lo hablamos, ¿te imaginas? ¿una carrera de triunfos y de pisar cabezas? Pero mañana que el niño tiene fiebre hoy.

Tremendo señores y señoras, mi crispación ya empieza a causarme indigestión así que me retiro a jugar con mis apilables.

3 años de Marco

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Marco (3 años)Y aquí estamos una vez más. Octubre se deshoja, la noche se prolonga y el ocre se extiende.

Tres años ha que preñaste nuestra existencia de verdadera vida, convirtiendo cada acto cotidiano en algo único, en algo intenso. Tres años ha que tus ojos lo inundan todo.

Este último año te has ido transformando con esmero, dejaste que tus cuatro pelillos rubios se precipitaran en una brillante y rizada melena, esencia de tu aspecto, esencia de tu llama. Libre, enredada y luminosa tu alma y tu cabellera danzan por su espacio en el mundo.

Así, bailando y girando derrochabas tu energía, imprevisible, ligero. Cruzabas los parques, corrías las calles y al reír parecías engullir el aire para convertirlo en mil cristales de colores que te rodeaban con tu torbellino. Molinillo de café, ese era nuestro Marco de dos años.

Sin embargo, un elixir de plenitud te fue acallando. Empezaste a comprender los matices del lenguaje, empezaste a usarlo. Las palabras representaban realidades más complejas y necesitabas sentarte en el camino y respirar hondo para zambullirte en el lago de lo abstracto,  en el “digo una cosa, pero mi cuerpo indica otra”, el doble sentido, la percepción del entorno se complejiza, te sientes, te determinas, te configuras a ti mismo, se modifican los roles, nace en tu interior el deseo de independencia pero asomarse a la ventana asusta, ¿acaso puedes volar ya? Y es que, en otras palabras, ya piensas antes de actuar.

Me sorprendo cada día con tu sistema mental, con la elaboración de lo que bulle en ti,  relacionas fantasía, realidad y deseo y brotan maravillosas teorías que explican lo que ves.

Adoro tu lenguaje, las palabras que inventas, cuando no sabes que decir: “bocasica” y te vas por la tangente, tan fresco y tan resolutivo. Adoro tu lenguaje cuando hablamos de tu día, de la teta, del parque, de los niños, de los cuentos, de las historias que anidan en tus rizos. Adoro cuando preguntas a todo el mundo ¿y tú cómo te llamas? porque valoras a cada persona sin prejuicios y todos te parecen interesantes, adoro los bocetos de tus primeras preguntas que ya aparecen, adoro tu timbre, tu tono, tu voz y sobre todo, adoro tu risa.

Los temibles dos años, los terribles dos años. ¿Lo han sido? Sin duda complicados. Mi bebé nunca fue complaciente pero con mamá, contacto, presencia, todo fluía, ese remanso, ese limbo nuestro. Pero construir unas alas, separarnos progresivamente ha ido suponiendo grandes cambios. Puede que esté enfadado o frustrado y ya no es suficiente con un paseo piel con piel en nuestra desgastada mochila. Sus anhelos crecen con él y cambian su color. Si he de ser sincera, los terribles dos años no son un defecto o trámite de la edad, son un defecto o trámite que debe vivir el adulto. Con los años nos separamos de nuestra esencia mágica y cuando discutimos o debatimos con personas de nuestra edad son otras las estrategias. ¿Y ahora qué? ¿Cómo que no quieres? ¿Cómo que esa ropa no? ¿Cómo que no quieres dormir? ¡Cuánto aprendemos tu padre y yo cada día! ¡Cuántas veces nos pones ante el espejo! Ése en el que se proyecta un “yo” que no nos gusta y que no sabemos gestionar, o sí, pero que duele ver. Estoy convencida de que esta es una oportunidad única para ser mejor persona y sanar heridas olvidadas. Gracias por eso mi vida.

No ha sido un año fácil con la llegada de tu hermanita en pleno proceso de autoafirmación, por eso construimos unas alas más sólidas, quizás tardemos más, pero a cambio contamos los unos con los otros y somos cuatro, más opciones y más amor de distintos colores.

Este ha sido el año de Humpty Dumpty, Pedro y el Lobo, caracoles, tortugas y agua que se desliza. Tu imaginario crece y crece y nos dejamos llevar por él, brota la fantasía y brotan las historias que pueden surgir de una sencilla melodía.

Afortunados pasajeros que viajan contigo, agradecidos testigos de una vida que despierta.

Esta música sonaba en la sala de partos cuando pujábamos por el encuentro, no podía ser de otra manera.

Erik SATIE. Gnossienne Nº 5. Patrick Cohen (Piano).

Drume negrita

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Drume Maia

 

 

 

 

 

 

El frío, la escarcha y la destemplanza nos han dejado y como una enredadera que crece veloz el calor se va colando por todo resquicio, por las paredes, por las persianas entrecerradas y así, sin más, nos ha dejado el invierno y casi también la primavera. En mi universo onírico, íntimo, en mi micromundo de hogar. De miradas, llantos, risas y leche. Me sumerjo en lo que el calor, el primer calor me sugiere, caribe. Húmedo, meloso y pegajoso caribe. Y la música me mece y yo los mezo a ellos, a mi pequeña, drume, drume Maia.

Bola de Nieve. Drume negrita. Eliseo Grenet (Compositor)

Letra:

Mamá la negrita
se le salen lo pie e’ la cunita
y la negra Merce’
ya no sabe que hace’.

Tu drume negrita
que yo va’ compra’ nueva cunita
que va’ tené capite’
que va’ tené cajcabel.

Si tu drumi yo te traigo un mamey
muy colorao’
y si no drumi yo te traigo un babalao
que da pau pau.

Tu drume negrita
que yo va’ compra’ nueva cunita
que va’ tené capite’
que va’ tené cajcabel.

Escrita en el castellano hablado por los esclavos negros que vivían en Cuba, esclavos que fueron llevados desde África por la España colonial. Dónde drume/drumi es duerme, mamey es una fruta cubana, babalao es un sacerdote santero y dar pau pau es pegar.

Esta famosa nana fue escrita por Eliseo Grenet (1893-1950) pianista, compositor y arreglista cubano. A lo largo del s. XX se ha utilizado en múltiples ocasiones en el mundo del jazz, destacaré la versión del pianista Chucho Valdés, (hijo del recientemente malogrado Bebo Valdés), que más que intimista es realmente arrolladora, con armonías audaces y ritmos energéticos.

La versión que os he traido es la de Ignacio Villa Bola de Nieve (1911-1971), icono cubano, espejo de lo tradicional que triunfó más allá de la isla que le vio nacer. Ignacio Villa, cantante, pianista y compositor, también fue el creador de otra célebre nana cubana Drume Mobila, sonidos en los que también nos podemos balancear con cándido placer. Esta melodía fue abanderada de la lucha racial bajo el nombre de Duerme negrito de la mano de Mercedes Sosa entre otros.

Vengo notando que la  procupación por el sueño del bebé es un clásico, cuantas y cuantas nanas tienen en común el factor chantaje, “si no te duermes vendrá el coco y te comerá”, realmente nos ponemos nerviosos esperando a Morfeo y cual lobo con piel de cordero, detrás de las dulces nanas se esconden las amenazas más infames, suerte que los pequeños se quedan con el arrullo cálido del que duerme.

Entretanto me despido con los rumores ensimismados de mi voz. Drume, drume mi nena…

El embarazo es como un inmenso océano

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Se me está haciendo muy complicado escribir, tengo el blog abandonado y no es por falta de temas. El tiempo es un bien preciado y no me estoy manejando demasiado bien, además sumaré a esto el color del contenido, tan gris que me cuesta aceptarlo.

El embarazo es como un inmenso océano, si bien el sol se refleja en sus aguas inundándome de paz, no esta exento de brumas, nieblas y tormentas. Vaivenes violentos y aguas picadas que me confunden y engullen. Vivo con una intensidad insólita lo que acontece a mi alrededor, lo agradable y lo “olvidable”. Un barniz de saturación física es mi compañero, la sensación de que no cabe nada mas, ni aire, ni alimento, ni agresión, ni descontento.

Una de las vivencias intensas que me abruma es la paulatina pérdida de control. Control de mi cuerpo y de mis habilidades tal y como estoy acostumbrada. Los límites me van cercando. Mi diafragma cada vez baja menos, el aire no encuentra sosiego y espacio, las frases musicales se entrecortan y las respiraciones se atosigan. No se cuando me inundarán las nauseas, no se cuando mis fluidos gástricos, en tropel ardoroso, llenarán mi boca de saliva, no se cuando sobrevendrá una contracción del gran Hicks o cuando Maia en su aleteo hará constar su presencia. No se. No lo se y esa incertidumbre me hace débil e insegura, no puedo garantizar un honroso devenir de mi música y eso me atormenta. Tampoco se cuando debo callar mi voz, o cuando puedo. En este entorno patriarcal que solo te da la opción de ser una “súpermujer” no hay espacio para la “debilidad” o el recogimiento. Un embarazo es una tarea de las muchas que desempeñamos y pobre de nosotras si no lo hacemos.

Llega un momento en el que tomas conciencia de cómo te has dejado invadir por la presión, por lo que se espera de ti, desoyendo a tu cuerpo, desoyendo a la vida que crece y se expande en ti. Entonces la sensación de tristeza es inmensa y la culpabilidad se instala. Añoras las horas que ya han pasado, que no volverán y en las que no has acompañado con presencia a la criatura que se deleita en su crecimiento. Desanimada porque ni con todo tu esfuerzo las corcheas fluyen como debieran. Enfadada y rabiosa porque el sistema no facilita el tránsito a la maternidad y además con “alegría” ya que muchas mujeres del panorama circundante ni se pueden plantear estas cuestiones. La solución no se acerca ni remotamente, tendemos a una explosión de competitividad que desprecia las emociones y sentimientos, y que promueve lo peor de lo andrógino, sin contrapeso, sin variedad, un ejército gris agradecido por el aire y el agua mientras haya.

Un pensamiento que me está ayudando mucho es la inclusión de Maia en mi actividad musical. Mi pericia no es la misma, ni tampoco mi precisión o concentración, pero ella me otorga una paz especial, me incita a priorizar y relativizar. Toca conmigo, me impregna con su ritmo, se integra en mi torrente sanguíneo y juntas contamos cosas nuevas, dotamos de otra emoción a la música, otro carácter y otro contenido. Esta será nuestra versión, nuestra interpretación, distinta a todas las demás.

De cómo una mujer es infantilizada por estar embarazada

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Llevo muchos días sin escribir, estoy agotada, mareada, con náuseas. ¿He dicho cansada?

Pero hoy me acerco a vosotros con una truculenta historia. Sin nombres propios, quizás no me paso a mi, me lo contaron, pero viene a reflejar una realidad que existe. Pensaréis que me lo invento, que exagero, pero no amigos, el mismísimo s. XIX se inmiscuye por las rendijas.

“Una linda chica embarazada sube la escalera, se encuentra indispuesta, le cuesta respirar, le cuesta hasta estar sentada, pero su tremendo sentido de la responsabilidad hace que rechace categóricamente pedirse una baja. Sin embargo, en previsión de tareas futuras, un concierto tremendamente difícil, que además de voluntario, sería interpretado con muchísima mas dignidad en un futuro no demasiado lejano, se aventuró a posponerlo. La petición por razonable fue aceptada, pero no sin antes pasar por un infame debate, escarnio y burla por parte de superiores y de cualquier otro que por allí pasara.

El razonamiento fue el siguiente: “Esto pasa por contratar a mujeres” ¿He oído bien? las sienes me van a explotar. ¡Pero bueno! Todos tenemos una madre. “Si pero la mía estaba en casa, las mujeres que quieran criar deberían estar en su casa. Tetas y sopas no caben en la boca“. Inaudito. “¿Qué me dices de las pequeñas empresas? si tienes tres empleados y dos son mujeres y se quedan embarazadas, todo son pérdidas“. Es por esto que se hacen necesarias las medidas gubernamentales que velen por los intereses de las empresas, para que el coste de contratar a un hombre y una mujer sea el mismo, aún en caso de embarazo.

Y aparece la tercera voz en discordia “Para esas cosas estamos ahora“. Si claro, con tanto recorte sálvese quién pueda, a quién le importa el futuro o que retrocedamos inexorablemente al pasado, a quién le importa el bienestar social y si además me puedo reír un rato de una compañera, mejor.

Segunda voz en discordia: “El embarazo no es una enfermedad, y el parto tampoco, muchas mujeres se incorporan rápidamente“. Hombre claro que el embarazo no es una enfermedad, pero te puede imposibilitar para ciertas tareas en un momento dado. En cuanto al tema del parto… Gracias Soraya Sáez de Santa María, has sido todo un ejemplo. La linda chica embarazada que subió la escalera les habló de lo fisiológico de un embarazo y de otras muchas cosas, pero entre risas solo atinaron a decir “yo no tengo la culpa de que estés embarazada“, ¿culpa?, “si no hicieras tanto el amor…” ¿cómo? “Deberíamos contratar a mujeres de cincuenta años que ya no pueden parir” Esto ya es de premio. Y nada, “tenlos seguiditos que no des mucho por culo“.

La linda chica bajo la escalera, como si un tractor la hubiese atropellado, triste, decepcionada, rabiosa. No supo defender ni defenderse. ¿Nos movemos solo por parámetros materiales? En un contexto artístico y musical, la sensibilidad es una elipsis. El milagro de la vida no es importante, el respeto y el cariño por los compañeros una quimera y la igualdad, la libertad, la conciliación, la revolución del amor en suma, meros conceptos inexistentes. Solo le habría faltado pedir perdón por estar preñada.”

Imaginaos mi desolación, embarazada como estoy, vibrando a una con la linda chica. No tengo palabras.

Nana de “La Dolorosa” y madres solteras

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Quería traeros hoy dos fragmentos de la zarzuela de “La Dolorosa” (1930), compuesta por el maestro José Serrano (1873-1941), compositor valenciano que estudió con Bretón y Chapí y llegó a escribir un centenar de zarzuelas, de entre las que destaca ésta que nos ocupa.

Nos relata la historia de Dolores, madre soltera y abandonada. En el Acto I, aparece Rafael, acaba de ingresar en un monasterio y le vemos pintando una expresiva virgen dolorosa. En las inmediaciones, aparece tendida presa de un desmayo, una hermosa y apesadumbrada mujer  acompañada de un recién nacido. Aquellos que la encuentran, asombrados descubren que es el mismo rostro doliente que asoma su mirada desde los lienzos del joven fraile. Dolores es auspiciada en el convento y canta con dulzura y arrullo al hijo entre sus brazos.

José SERRANO. “Nana”La Dolorosa. Teresa Berganza (Soprano), Orquesta Sinfónica de Barcelona, Luis García Navarro (Dir.).

Letra: (Juan José Lorente)

Duerme, mi tesoro
que ya estoy contigo,
y ya no te faltan
besos ni calor.
Duerme en mi regazo,
rayito de luna,
duerme en esta cuna 
que te da mi amor.
Tu madre te vela,
estrellita mía,
que eres mi alegría
y eres mi dolor.
Ea, ea.

Al comienzo del Acto II Rafael y Dolores tienen un emotivo encuentro. Ella desmadeja sus andares desde que se separaron. El hombre con el que se fugó la abandonó para casarse con otra, dejándola sola con un hijo hermoso como el sol.

José SERRANO. “Dúo de Dolores y Rafael”, La Dolorosa. Teresa Berganza (Soprano), Plácido Domingo (Tenor), Orquesta Sinfónica de Barcelona, Luis García Navarro (Dir.).

Letra: (Juan José Lorente)

Dolores: Déjame besar tu mano generosa,
                  que a tus pies llore mi dolor.
Rafael:    Levanta del suelo, pobre Dolorosa,
                  y ten valor.
                  ¡Cuántas horas de pena
                  tendrás en tu largo camino!
Dolores: Lo quiere el destino,
                  y sufriré.
Rafael:   La impiedad de la gente,
                 la vida te hará en mil pedazos.
Dolores: Con mi hijo en los brazos
                  moriré.
Rafael: (Consigo mismo)
                 Ten piedad, Señor,
                 para la infeliz.
                 Con mi amor en otro tiempo
                pudo ser feliz.
                 Pero ¿a qué soñar,
                si aquel amor no puede ser?
                Alma mía, tu ilusión no ha de volver.
Dolores: ¡Pobre Rafael!
                  Sufres aún por mi,
                  sin pensar que mis locuras
                  le han traído aquí.
Los dos: Calla, corazón,
                  ya que feliz no puedes ser.
                  Alma mía, tu ilusión no ha de volver.
Rafael:    Dolores, no sufras.
Dolores: Tu pena me llena de pesar.
Rafael:    Mi dolor no te importe.
                  Pensemos tan solo en tu suerte.
Dolores: Soy madre y soy fuerte,
                  y sé luchar.
Rafael:   ¿Por qué no vas al hombre
                  que ayer te quiso
                 con tu aflicción?
                  Y, si es preciso,
                  pides perdón.
Dolores: ¡Jamás! ¡Jamás!
                  Maldito
                  el cobarde que manchó mi frente
                  y niega y miente
                  si le recuerdan su delito!
                 ¡Maldito sea! ¡Maldito sea!
                 Antes mendigar sin honra y nombre
                 que unirme a un hombre
                  de tal ralea.
                 Maldito
                  el canalla que, cruel y avaro,
                le niega amparo,
                 cariño y pan a ese angelito!
                             (Llora)
Rafael: ¡Pobre Dolores!
               ¡Pobre mujer!
               No sé qué hacer,
               por que no llores.
Dolores: Ya no tengo la esperanza
                  de volverte a ver.
Los dos: Basta de soñar.
                 Aquel amor no puede ser.
Dolores: Adiós, Rafael.
                           (Se aleja)
Rafael:   Adiós.
                 Alma mía, nuca más has de volver.
 

Pero no nos quedaremos con el corazón encogido. Rafael abandona el monasterio, con el beneplácito de sus superiores y el final queda abierto. Hay quién atribuye tanta emoción y dramatismo en una zarzuela, al hecho de que el maestro Serrano tuviera que afrontar la muerte de su hijo Lohengrin durante los trabajos de composición de la partitura.

Este fin de semana tocamos cuatro veces esta zarzuela y durante los ensayos, cuando he escuchado la nana me he emocionado muchísimo pensando que podría compartirla en este espacio. Pero lo más interesante ha sido este nuevo “icono de mujer”, la madre soltera, en este caso la madre abandonada, la Madama Butterfly española. Pero la nuestra es más guerrera, no espera al filo del mar, se agarra a su hijo, maldice y supera. Es orgullosa, aunque se nos muestre al principio vulnerable y desmayada. Su destino está escrito en su nombre, Dolores, su adorador, Rafael, la pinta cual virgen preciosa, pero dolorosa. Sin embargo su fuerza evita el final de la heroína romántica, no hay muerte, solo vida y alternativas.

Claro está que a nadie nos gusta que nos abandonen, todos sufrimos cuando nos excluyen de la ecuación. Pero como bien sabe Dolores, no todas las compañías son convenientes a cualquier precio. Debemos romper moldes y dar cabida a los nuevos modelos de familia, como lo son las monoparentales. Entiendo que las personas que cohabitan deben desenvolverse con armonía, deben comprenderse, compartir y amar el mismo modelo de construcción vital y si una de ellas no es feliz flaco favor nos hace permaneciendo a nuestro lado, por darnos nombre o pan, como reza la letra. Todos necesitamos sentirnos amados, pero esa categoría de relación, el amor, exige mucho de nosotros y no debemos conformarnos con cualquier cosa. Otro asunto distinto es que para la crianza de un niño es muy necesaria la tribu, soportes y apoyos cercanos que nos alienten, releven y enriquezcan con la variedad,  y que una persona sola encuentra dificultades para afrontar una situación con estas características de entrega, la crianza. Pero el soporte no tiene que ser necesariamente una pareja.

Por otro lado encontramos a la madre soltera y libre que no suspira por nadie, que no se siente abandonada y que ha buscado voluntariamente una maternidad exclusiva. Existen tantos modelos de familia como personas moran por la tierra. Es curioso observar y detectar los modelos antiguos de “soltera” por ejemplo, para trascenderlos, comprenderlos en su contexto, de 1930 es “La Dolorosa”, y construir algo diferente, sin etiquetas, sin compasión, sin ostracismo.