Archivo de la etiqueta: parto

Un año de Maia

Estándar

Maia Potato

Qué fácil Maia, qué fácil es quererte.

Nos has regalado un año de presencia, de piel, de paz destilada y de sonrisa.

Llegaste como una sirena, nadando y emocionando a tu madre. Mojadas estábamos la primera vez que nos miramos, nos fundimos y nos abrazamos. Formamos una burbuja de éxtasis, de leche y de calor, el calor del amor, el amor de la sangre, la sangre de la vida.

La tranquilidad de la experiencia nos ha llenado de seguridad. Las convicciones nos dan respuesta, no hay duda, no hay angustia. Tuve el temor de que cogieras el “rol” que quedaba libre, ese de bebé tranquilo que no demanda porque ya hay suficiente demanda en tu hermano, pero no fue así, reclamaste tu espacio, brazos, contacto, piel, mucha piel y complacidos supimos dártela sin titubeos. Nunca tuviste una cuna que te separase de nosotros, cuando llorabas sabíamos que no había nada malo en ti, que buscabas lo que te correspondía, había necesidad primal y no manipulación.

Desde el principio creasteis una relación muy especial, Maia y papá, papá y Maia, en no pocas ocasiones él supo calmarte mejor que yo, sosegarte y dormirte. Quizás notabas mi dispersión o simplemente querías cambiar y completar el círculo. Cuando me incorporé al trabajo, ya tenías ocho meses y volviste a hacerlo fácil, nunca fue un problema, compartes tiempo a solas con papá, sin despedidas dramáticas y con sonrisa de bienvenida.

Tu sonrisa, si, tu sonrisa, siempre la has tenido, desde que contabas pocas horas sonreías y mucho, cuando soñabas, cuando mirabas, dulce y feliz, eres nuestro bebé feliz. Tardaste en dar carcajadas sonoras pero la luz de la placidez siempre te ha acompañado. A veces se desatan tormentas a tu alrededor pero tú no pierdes el aura de alegría que te envuelve.

Sin embargo Maia, te me escapas de los sentidos, quieres volar; tu curiosidad y tu prisa me arrebataron a mi pequeña bebé mas pronto que tarde, con cuatro meses te sentabas sin ayuda, con seis te levantabas y agarrabas a los muebles para con ocho empezar a caminar sola.  ¡No corras Maia, espera conmigo! Pero no es conmigo con quien quieres estar, persigues a Marco, le imitas, le acompañas, se iluminan tus ojos cuando le miras y escuchas. Apenas aparece por la puerta y ya gritas con algarabía, te zafas de mis brazos y sales corriendo a su encuentro. Juntos aprendéis el oficio de ser hermanos, habéis compartido pecho por once meses y el mismo lecho os alberga junto a mamá, aunque hay desencuentros, prima la armonía, de todos modos ¿qué malo puede haber en una disonancia? Nuestro lenguaje es complejo pero también rico. Vamos creciendo contigo sirena, porque cada día cambias las reglas del juego, creces rápido y te relacionas más y más y nosotros hemos de ensayar esta comunión nueva.

Me derriten tus dedos, tus pies, tus manos. Suave y blanda. Blanca y luminosa. Feliz y radiante. Qué fácil es quererte, todo un privilegio, ¡no corras Maia!

Y la sirena llegó nadando

Estándar

El nacimiento de la sirenaSi, la sirena surcó las aguas de su madre y llegó al mundo acogida por la tibieza de otras aguas. Aguas que se mezclaron con las propias y que en calma la abrazaron. Y no fue en otro sitio que en brazos de madre donde su pecho inhaló la fuerza aérea del nuevo mundo que se expandía en derredor.

Así llegó Maia al mundo, este fue su camino. Casi un mes de pródromos, un susurro, estoy aquí, pero aún no. Su madre no siempre supo leerla, desesperó, caminó, la esperó. Pero también aprendió de la fuerza de la naturaleza, de la fuerza del propio cuerpo, donde no sirven las agendas, donde no importan los planes, ni lo conveniente, ni lo inconveniente.

Aquella mañana su madre lo supo, con más fuerza que otros días que “también” lo había sabido. Y es que la sirena daba pistas pero se tomaba su tiempo, quería decidir sobre su propio momento, su momento único. Y aquella mañana había contracciones desorganizadas, como siempre, pero que le “picaban” incluso recostada. Ocho y cuarto, “hoy si Antonio, lo puedo sentir”, atravesó el pasillo, “hoy si mamá”. Todo el mundo arriba, “¿unos crepes?”, se toman su tiempo pero ella sabe que no lo tiene, amamanta a su tesoro y el dolor se agrava, Marco sumó su propia inyección de oxitocina. Ella decide darse una ducha caliente y después tan solo un bocado dulce, “taxi ya”, llamada telefónica y unas escaleras de pronto infinitas.

En el hospital, otra vez. Cuánta desconfianza, después de la experiencia anterior, parecía tener que demostrar que si, que ahora si. Monitores. “Estas contracciones no son regulares, pero te exploraremos”. “Dilatación completa, el agua clara, la bolsa intacta, se puede ver el pelito”. Y ella, lloró y lloró, olvidó su ropa y descalza fue conducida hasta el paritorio, flotando y llorando…

Un grupo de matronas la recibe, aún sola, y le ofrecen parir en la bañera, dudas y contracciones “¿decidir ahora?” No pensó que tendría tanta suerte y esa posibilidad no estaba apenas considerada. Pero cuando su pareja llegó y la animó, ya no hubo mas dudas, ansiaba ese agua caliente rodeándola.

Las contracciones le dolían pero eran mucho mas orgánicas, si se sentaba en el fondo el agua le llegaba hasta los hombros, la poderosa esfera no tenía que lidiar más con la gravedad. Casi dos horas de expulsivo, lento, de un ir y venir como la marea. La sirena nadaba en su propia bolsa, rebotando en sus propios confines y sin quedar atrapada hasta que fuera el verdadero momento de cruzar de mar a mar.

La madre pudo conectar con sus emociones, con su dolor, con su respiración, con ese “planeta parto” del que se habla. Entre contracciones hablaba con su sirena, “cariño, confío en ti, haz tu camino, te estoy esperando, eres fuerte, eres valiente”, luz tenue, la mejor compañía, Aquarius y Handel. Así llegó el momento de pujar, fuerte, salvaje, intenso. Pero también hubo debilidad, ella se perdía en la vorágine y desconfiaba de su cuerpo, de su fuerza, se disculpaba por sus gritos, el peso de la costumbre era fuerte. Pero la vida se abría paso y ante propios y extraños las aguas se abrieron y Maia sacó su cabecita, sus hombros su torso, su vientre sus piernas, con tiempo pausado, tranquila.

Ojos abiertos bajo el agua y sin nadie que la tocara que no fuesen las entrañas de su madre, que al apenas sentirla salir, alzó con sus manos y tendió sobre su pecho. Y así llegó al mundo la sirena, sin prisa, sin pausa, con calma, con mucha calma. El ambiente que se respiraba no era un estallido de emoción si no un estado milagroso de estupefacción.

 

Como apéndice de este cuento, que si fuera mentira no te lo cuento, me gustaría dar algún dato técnico, durante todo el tiempo que permanecí en la bañera, regularmente, una matrona escuchaba con un aparato de mano sumergible el ritmo cardíaco del bebé. Una vez el cordón umbilical dejó de latir, se cortó y yo pasé a una camilla con una sábana plástica, sin separarme de recién nacida y alumbré la placenta y demás membranas, hasta ese momento la sangre no había aparecido. Tras un pequeño debate de su necesidad o no, me dieron un par de puntos internos y otro externo. También hice uso de óxido nitroso pero no el suficiente tiempo, no podía concentrarme y estar pendiente de inhalarlo.

Mi parto, fue un Parto Respetado y estoy agradecida con el Hospital Clínico de Granada y con el servicio de matronas que me atendió. No es común vivir una situación tan gratificante en un hospital y recibir el alta a las veinticuatro horas, es lo más parecido a un parto en casa a lo que podía aspirar en un centro hospitalario y me siento muy afortunada por ello. Por supuesto, si me lee alguna futura madre, le aconsejaría este tipo de parto si se dan las condiciones, es una experiencia inolvidable en el maravilloso sentido de la palabra.

Pródromos. El cuento de Pedro y el lobo

Estándar

Silvia embarazadaVengo viviendo unos días de bastante agitación uterina. Tanto, que en tres ocasiones las contracciones fueron rítmicas y dolorosas. El tercero de estos días la intensidad y frecuencia fueron mayores, cada dos minutos con vigor, así que decidimos desplazarnos al hospital. Las correas no mentían “estaba de parto”, así que primera exploración, solo un centímetro y medio pero buen ritmo, ingresada. La emoción no me dejaba respirar, iba a conocer a mi niña.

Entonces entras en el círculo hospitalario. Te transformas por completo, te vistes con ese enorme saco-camisón y la cara y la actitud es otra, la de paciente. Ya que estás en planta, segundo tacto, dos centímetros y medio, casi tres, “en hora y media otra exploración y para paritorio”. Contracciones y paseos por el pasillo. Llegan las compañeras de habitación, las compañeras de pasillo, gritos y más gritos. “No puedo”, “me quiero morir”, “¡no puedo, me quiero morir!”… ¿Por qué no me traje unos cascos? ¿por qué vine tan pronto? Yo si que no puedo con este ambiente. Mas paseos y paseos, cada vez me duele menos y van 8 horas de contracciones. Dos de la mañana, tercer tacto, tres centímetros, todo igual. Aconsejada por la matrona decido dejar de caminar y me tumbo en la cama, las contracciones dolorosas me abandonan. Cambio de compañera, más cuñadas, más maridos, más cronómetros. Amanece que no es poco, cambio de turno, más correas, más tactos, me voy a casa no sin antes esperar varias horas, hasta las tres de la tarde, para obtener mi parte de alta.

Cuántos consejos, cuántas emociones, cuántos sanitarios diferentes te pueden llegar a ver en 18 horas. Balance, caos total. Miedo.

Vuelvo a casa frustrada, sin mi bebé en los brazos, con dudas, acobardada, dolorida. ¿Cuándo entonces? ¿sabré esperar hasta el momento oportuno la próxima vez? Movilizo a mi familia para nada, lo cierto es que los necesito cerca, para sentirme segura, estar tranquila, confiar en que Marco estará bien acompañado cuando surja, ¿pero cuándo surge? Pasan los días y nada serio, contracciones irregulares al medio día y al atardecer, he expulsado el tapón mucoso, toda una experiencia mística y gelatinosa, pero nada.

El hospital con sus olores, sus visiones, sus sangres ajenas y sus sonidos me han tocado. La fuerza y la ilusión con la que anhelaba el día han abierto paso al miedo y la impaciencia. No me gusta quejarme de esta manera, pero así es como me siento, pequeña frente a una montaña que he de escalar. Defraudada conmigo misma, ¿por qué se paró? Defraudada conmigo misma, dejé a mi niño por primera vez por la noche para nada.

Pródromos o el cuento de Pedro y el lobo. La próxima vez esperaré, pero ¿y si viene el lobo? No se cuándo me puedo quejar, cuándo es dolor, ¡cuándo!

Siento Maia que algún día leas esto, mamá se está permitiendo la cobardía, mamá es humana, ¡tan humana! Pero seguro que expresar esta pesadumbre abre las puertas al amor infinito que nos une y que me guiará en el tránsito que nos reúna.

Girar y girar

Estándar

Moxibustión caseraMomentáneamente es el tema de “moda”, la cesárea. Pero mas allá del mundo del famoseo, voy a contar mi historia. Estoy de casi 38 semanas de gestación y allá por la 33 pudimos ver en la ecografía que Maia se encontraba en posición transversa.  posicion-parto-bebe-transversal

Aún quedaba tiempo y aunque no era alentador pensarlo, aparqué la idea mientras tramitaba mi baja laboral y durante la Navidad. Pero los días corrían y el tiempo apremiaba por lo que la idea se instaló en mi cabeza y comencé a pensar en las consecuencias, la irremediable cesárea. Básicamente no deseo un parto de este modo, aún no tengo a la niña entre mis brazos y podría ocurrir cualquier cosa, pero mi energía se dirige hacia un parto vaginal. Sueño con una segunda oportunidad para vivir mis contracciones y sentir cómo a través de la expansión de mis fronteras se abre la vida y de cómo en virtud de la gravedad y de la fuerza que me dota y une a la tierra, puedo facilitar el trabajo que ella realizará para encontrarse de otro modo con nosotros.

Reinicié los encuentros con mi círculo de mujeres y empecé a sentirme incómoda. Bajo la espada de Damocles. No me sentía merecedora de realizar los ejercicios que me guiarían en los trabajos de parto, estaba obstaculizando a mi propia esperanza. Me llovían las sentencias, ya era demasiado tarde y ella no tenía espacio. En definitiva, era muy grande para girar.

Palabras de aliento oportunas y una lección para guardar en el joyero: conectarte con tu cuerpo, escucharlo, aprender a dejarte llevar, liberar la tensión y transformar el dolor no es algo que sólo sea útil durante un parto, son preceptos básicos para vivir una vida.

Pues bien, lo conseguimos, en tres días lo conseguimos, espero que de manera definitiva. Los ingredientes son los que siguen. Atraje a la esperanza de nuevo, abrazándola y guardándole un lugar en el sofá. Nos pusimos en manos de la moxibustión, una de las ramas de la medicina tradicional china que consiste en la estimulación de un punto de acupuntura mediante la aplicación de calor utilizando un puro de moxa (artemisa), en este caso el punto se encuentra en el dedo meñique del pie, se calienta durante quince minutos en cada pie a lo largo de cuatro días. Se puede realizar en casa, dada la imprecisión del foco de calor, no es como el pinchazo de una aguda aguja, es sencillo una vez se aprenden las premisas. Durante estos treinta minutos puse en práctica la meditación y la visualización aprendida en el taller de Mónica Felipe, entre otras cosas imaginaba mi parto ideal, con la cabecita de Maia buscando la luz, sintiéndola, conociéndola y guiándola. A todo esto, supongo, he de añadir la buena suerte, ¿por qué no? el azar también tiene su espacio en el devenir de los acontecimientos. Ahora contamos con tres semanas de “libertad” antes de la próxima ecografía, con las mismas preocupaciones que cualquiera en estado de “buena esperanza”.

Ha sido duro barajar opciones como cesárea programada, versión cefálica externa con todos lo riesgos que conlleva, o iniciar un parto de manera espontánea para terminarlo irremediablemente con cesárea. Difícil decidir cuando cada opción entraña riesgos y beneficios, ponderar qué es más importante, asumir la responsabilidad de las consecuencias de cada una de ellas.

Ahora me viene a la cabeza el tema de la semana, el nacimiento de Milan Piqué Mebarak y me quedaré con estos tres relatos. El análisis de El Parto es Nuestro con cuya escritora me siento totalmente identificada ya que se encuentra en una situación similar a la mía. La visión de Una maternidad diferente que apuesta por ser respetuoso con la opción de cualquier madre, si pedimos respeto por nuestras decisiones, debemos tenerlo con los demás. Y con la revisión de Miriam Tirado, no debemos olvidar que los famosos son un escaparate y tienen muchísima influencia.

Debo añadir que hoy es un gran día para mi, un respiro, una luz que me acerca aún más a mi bebé y así lo estoy viviendo.

El día que nací yo

Estándar

ManosHoy es mi cumpleaños, han pasado 32 años desde aquel cambio de paradigma, pasé de sirena intrauterina a mamífera hipnotizada. Y de esto quería hablaros, de aquel parto que hoy conmemoro, de mi madre, protagonista y heroína de mi vida.

El parto continúa siendo propiedad de cualquiera menos de la madre que esta pariendo, pero hace tres décadas era una cuestión aún más peregrina.

Una jovencita de 21 años ingresa en el hospital, sola y asustada, cuatro días antes del alumbramiento, la razón “parto viejo”, supongo que haciendo referencia a un embarazo prolongado mas allá de la semana 40. La solución, cuatro días de pastillas sublinguales que desembocaron al quinto día en un parto de apenas dos horas y media. La situación hospitalaria fue la siguiente, habitaciones de siete pacientes obstétricas de todo tipo, madres recientes, madres inminentes, madres dilatando y mujeres que acaban de abortar, por citar algunos ejemplos. El tiempo de visita del que disponen estas “pacientes” es de dos horas al día, tiempo en el que no está incluido, por supuesto, el parto.

Un parto inducido y no informado me trajo a este mundo, nuestra valiente no contaba con el favor de la epidural para hacer frente a las tremendas contracciones que suponen la inducción, ni que decir tiene, no podía moverse de la cama mientras tanto, en la temida y dolorosa posición de litotomía (tumbada boca arriba) durante la dilatación y el expulsivo. Tampoco pensaba que tuviera derecho a gritar, entre susurros se agarraba a los barrotes de la cama para sobrellevar las contracciones, delante de sus compañeras que no dudaban ni un minuto en opinar: “eso no es nada… la que te espera”, siempre dando ánimos, somos así.

Rompió aguas en su cama, sin idea de lo que significaba aquello, aguas sucias que la avergonzaron, esperando reprimenda. Sin pedir ayuda, sin dar noticia de su estado, esperando que alguien se diera cuenta de que ya estaba de parto, sin molestar a los demás.

Cuando ya coronaba, la matrona la llevó a paritorio. En el potro le ataron las piernas, le realizaron la maniobra de Kristeller en varias ocasiones y la episiotomía, técnicas que se realizaban de serie. Entonces llegué yo. Me dieron un buen baño, me vistieron y me depositaron en la cuna mientras mi madre era “tricotada” sin anestesia. Ella jura que nunca me recuperé del frío que pasé ese 9 de enero.

Volvimos a nuestra acogedora habitación de siete más vástagos. Allí le dieron a mi madre la gran noticia de que su recién nacida sufría displasia de cadera, sin mas información que esta me llevaron para realizarme pruebas, y sola se quedó, llorando, preguntándose la envergadura de la noticia y sin nadie de confianza con quien compartir las grandes emociones vividas en las últimas horas. La estancia en el hospital aún se alargó otros cuatro días por protocolo, con las escasas dos horas de visita en rigor. A esto se sumaron “luminosos” consejos como: “no te duermas, cuida que no te desangres” y “cuidado, la niña puede vomitar y ahogarse”, consejos bienintencionados de las visitas, esos momentos en los que te podías comunicar con los tuyos en entorno de confianza.

Todo esto es lo que yo llamo un parto robado, época oscura en la que no se informaba a la mujer de sus derechos, no se le daba la oportunidad de “participar” en sus propios procesos. Mujeres infantilizadas y apocadas en medio de la vorágine de la sacrosanta medicina, y dando gracias.

Pero mi madre es una heroína, estableció la lactancia, superó un largo principio de lágrimas, culpa y dudas. Tan joven, tan bonita, tan vulnerable, tan inconsciente aún de todo lo que le robaron, tan sin saber lo fuerte que es y lo valiente que fue.

Te quiero mamá, porque tú me diste la vida, tú eres vida, tú fuiste mi alimento, mi refugio, mi consuelo y supiste encontrar el andamiaje que nos sostiene aunque tú no lo hubieras tenido, porque construir sin ayuda es muy complicado y tú has sabido cómo.

Hoy es tu 32 aniversario de madre, gracias por ello y por todo.

Nacimiento y dignidad

Estándar

La reciente emisión de Baby-Boom programa de La Sexta ha levantado ampollas abriendo la caja de Pandora.

Me resistí a verlo. Me aterraba verlo, polémicas a parte el acto de nacer levantaba en mi un miedo ancestral, de solo imaginarlo me estremecía, sangre, piel estirada, dolor, un óvalo peludo, piernas que exponen… ¿A qué se debe esto? ¿Por qué hemos desarrollado este pavor a un hecho tan consustancial a la humanidad como el mismísimo nacimiento? Nos alejamos a cada paso de nuestro instinto, llegamos a rechazarlo, volvemos la cara hacia gorritos y polainas, vivimos el parto como un trámite horrendo que nos acerca a nuestra criatura. Entiendo que esta actitud tiene consecuencias, el desconocimiento.

Al menos en mi caso, leí ávidamente libros de lactancia, crianza, apego, psicología, embarazo, yoga y embarazo, alimentación complementaria, desarrollo fetal intrauterino, pero entre tantas páginas ni un párrafo sobre partos. Decidí pasar de puntillas sobre este hecho, mi excusa era no sugestionarme, dormir tranquila, no maquinar situaciones problemáticas y confiar ciegamente en el equipo técnico sanitario. ¿Cuántas mujeres toman la misma decisión que yo? Me arrepiento. La situación que se precipita es una mujer infantilizada, indefensa, vulnerable, ignorante.

Al escuchar hablar sobre el programa afloró mi aprensión, pero comprendí que podría ser una manera de familiarizarme con el parto, asomarme por una ventana y participar del milagro. Reconciliarme con la vida. Pero ¿qué encontramos en este show? Innumerables razones para padecer y mas razones aún para aprender sobre la física de un parto y sobre mis derechos al respecto.

La comunidad bloguera no se hizo esperar y se ha pronunciado al respecto de manera ejemplar:

El Parto es Nuestro pone de manifiesto la opinión de los profesionales. Y la falta de evidencia científica que pone de manifiesto como funcionan por norma los partos en España.

Brillante Vivian Watson con su Baby Boom o el suplicio de parir.

La matriactivista e indignada Jesusa Ricoy-Olariaga.

El Impúdico Baby-Boom de Papá Conejo – Mamá Piojo, que resalta el sobrenombre del programa, “La crudeza de la vida real” cuando deberían hablar de “La crudeza de los paritorios en España”.

En Aprendiz de madre blog del periódico La voz de Galicia su autora nos relata de forma clara los errores cometidos y recoge un muestrario de frases para la “posteridad” pronunciadas en el programa.

Lactando Amando nos habla de La “resaca” del primer episodio de Baby-Boom y de lo decepcionante del tratamiento.

El fabuloso Post de Mimos y Teta que incluye el video de dos partos realmente respetados.

La doula Nuria Otero Tomera expresa sus pareceres al respecto.

En Habichuelas Mágicas se resalta el valor del “reality” a cualquier precio.

La tristeza e impotencia de Aprendiendo de Celia con Baby-Boom (Desastre de la Sexta).

La crónica de Mª Covadonga Mora Delgado de Criando Amando: Baby-Boom, o la triste realidad de muchos partos en España.

Mamá Novata y su Baby-Boom, siempre respetuosa y crítica a la vez.

Y la gran Ibone Olza con Violencia BABY obstétrica BOOM televisada que avanza hasta el activismo.

Y es que no es para menos. No me entretendré relatando una crónica más aunque se podría analizar cada plano y cada palabra. Llamo a la reflexión, las madres, las que parimos estamos protestando, estamos denunciando una situación de violencia obstétrica que se considera con total normalidad. ¿Qué responsabilidad tiene La Sexta? ¿No deberían informarse mucho más? Estoy muy decepcionada con el tratamiento que prima el morbo, que no hace la menor crítica al sistema pero si a las madres que prestan a los telespectadores un momento tan íntimo. Decepcionada con Gemma Nierga y sus declaraciones, tinta el reality con su voz en “off” con total subjetividad dejando mucho, muchísimo que desear. “Hay mujeres muy cobardes” dice, y mujeres muy insensibles para nuestra desgracia.

Las condiciones para que una mujer de a luz dignamente son otras, aconsejo este enlace con este propósito.

Los argumentos de que tenemos mucha suerte, en países del tercer mundo las cifras de muerte perinatal son tremendas, me parecen excusas. Que hay muchos problemas en la actualidad y hablamos de peticiones vacuas o secundarias es sangrante. La dignidad no puede esperar. La reflexión se hace urgente. La realidad solo se modifica alzando la voz, con la información, con el corazón, con empeño. No se puede, ni debe considerar normal parir de esa manera.

“El que llora mama”. Pues lloremos para que se nos escuche y no tengamos miedo a parir, reaprendamos y no dejemos que imágenes como esta dejen poso en nuestro imaginario.

El carnaval de blogs sobre Baby Boom ha sido organizado a través de twitter por un grupo de madres cansadas de ver como la violencia obstétrica se ha normalizado en nuestra sociedad hasta el punto de que sea considerada la práctica “normal” y deseable.

Quienes queráis uniros a la iniciativa y expresar vuestra opinión podéis hacerlo tanto a través de entradas en vuestros blogs como a través de twitter o facebook usando el HT propio del programa #Babyboom o el alternativo #babibun





<!– end InLinkz script →