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Sonata de Otoño

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Sonata de Otoño (1978) es una película del director sueco Ingmar Bergman, la traigo como invitada de honor a este espacio, no me he podido resistir a analizarla desde la perspectiva de la crianza y el género.

La protagonista, Charlotte, una madura Ingrid Bergman en su última interpretación en el cine, decide apostar por su carrera concertística; es una gran pianista que deja a sus hijas relegadas a un segundísimo plano en pro de una vida de éxito, sacrificio, viajes y excentricidad. Tenemos ante nosotros a la “clásica” mala madre que expiará sus pecados en uno de sus encuentros con su hija. La película enmarca este tiempo narrativo, ese encuentro en el que madre e hija dejan caer sus velos de cortesía y formalidad para enfrascarse en conversaciones intensas, llenas de reproches, en las que recrearán duras experiencias vividas, con todo el dolor que trae el recuerdo, con acusaciones descarnadas que desgarran la seda burguesa y sonrojan al espectador que se revela como un voyeur indiscreto que invade una bochornosa intimidad.

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La interpretación de las actrices protagonistas es magistral y si además conocemos los avatares de la vida real de Ingrid Bergman entrevemos otros matices más profundos y lacerantes. La actriz dejó su vida, su marido y a su hija pequeña en América para vivir con Roberto Rossellini en Italia y quedar embarazada de nuevo. El escarnio público fue tremendo, corría el año de 1949 y fue declarada persona non grata en Estados Unidos. La moral imperante truncó momentáneamente su brillante carrera. Al margen de la opinión que nos merezcan las tribulaciones de su vida, es poco probable que de haberse tratado de un hombre hubiese ocurrido lo mismo.

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Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

Y para ti ¿qué es el feminismo?

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AutorretratoLlevo unos días pensando en qué es el feminismo. Las personas que no están familiarizadas con el tema huyen ante el propio concepto, tiene mala prensa y como siempre está rodeado de muchísimos prejuicios, pero bueno, a esta nefasta tendencia ya estoy acostumbrada. Lo que me crispa un poco mas es que desde el propio seno del feminismo, no se tengan en cuenta los preceptos del “feminismo de la diferencia” como válidos y qué decir de la opinión pública que directamente nos tacha de machistas. Así, he tenido que escuchar este tipo de cosas “si tu ginecóloga es feminista tendrás que trabajar hasta el parto, el embarazo no es una enfermedad”… y ya estamos a vueltas con lo mismo.

Es cierto que estoy siendo reduccionista, hay muchos mas matices, no es un “igualdad-vs-diferencia”, pero me serviré de este maniqueísmo para simplificar.

Quiero dejar clara mi postura. Ha hecho falta tiempo, mucho tiempo para que las mujeres optemos a lo mismo que los hombres y desgraciadamente aún no lo hemos conseguido. Si, en teoría podemos estudiar en la universidad lo que nos plazca, pero en la práctica las estadísticas nos gritan cómo los puestos de relevancia jerárquica están en manos masculinas. Todo esto y más es cierto e injusto hasta decir basta, pero nos esta llevando a un lugar de difícil retorno. Nos mimetizamos sin juicio crítico y todos a una anhelamos lo mismo: éxito y dinero; entendamos éxito como reconocimiento y pleitesía social. Esto supone para las personas que no son de “sangre azul” o casi, mucho esfuerzo en tan solo un plano personal y mucha frustración cuando no se consigue. Utilizaré la jerga, estos son los valores del patriarcado, decididos mucho tiempo atrás, radicalizados a cada paso y deseados por hombres y mujeres. Sin embargo estos valores tienen unos costes y no solo para las mujeres, aunque en nuestro caso sean mas evidentes, por lo que creo que urge un cambio de paradigma.

¿Qué supone el feminismo de la diferencia? Ni más ni menos que la aceptación de lo femenino, lo intrínsecamente femenino, no la objetualización del cuerpo, si no aceptar los “tempos” del ciclo femenino. Me estoy refiriendo concretamente a embarazo, parto y puerperio.

El embarazo lleva consigo la creación de un ser humano y esto no es una actividad más, que se pueda agendar en la trepidante vida de la mujer contemporánea. Mujer que rendida al capitalismo, al patriarcado y a su sistema de imagen y valores pasa de puntillas por una fase importantísima de su sexualidad con el objetivo de que el impacto de la gestación, en su vida y en su cuerpo, sea el mínimo. De este modo también he tenido que escuchar en múltiples ocasiones, como si fuera una gran gesta “de espaldas no dirías que está embarazada” o “trabajó hasta que rompió aguas”. Todo esto es estupendo, pero implica una negación de nuestra naturaleza. Permeables a estos comentarios y actitudes, emprendemos sin elegirlo, una lucha con nuestro cuerpo y nuestras emociones acalladas una vez más. ¿Hasta cuándo caeremos de red en red? ¿Hasta cuándo dejaremos que elijan por nosotras? ¿Hasta cuándo?

Hemos de humanizar nuestra sociedad sin que suponga que la mujer vuelva al hogar y se recluya en él a la par que el hombre permanezca fuera de sol a sol. Humanizar nuestra sociedad supone un reparto de actividad dentro y fuera casa, que tenga en cuenta las necesidades del ser humano que en sus primeros meses de vida permanece por subsistencia y prioridad cerca de mamá y que poco a poco necesita a un papá comprensivo, que sepa mirar dentro y que le guíe hacia la independencia. El cariño, el abrazo, el beso, la caricia, la canción, la escucha, la risa, el baile… no son propiedad de la mujer, son propiedad de todos; sin embargo están quedando en tierra de nadie, el hombre a lo suyo y la mujer también, ¿y bebés y niños?

Como mujer embarazada y directamente implicada con el tema, no siento que se respete ni el embarazo, ni sus consecuencias físicas. Si escucho mi cuerpo y los avisos directos que me transmite entro en pugna con la sociedad y el aparato burocrático, ni se nos cuida, ni se nos escucha, ni se nos entiende, a menos que agachemos la cabeza y “juguemos todos a lo mismo”.