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Padres “comprometidos” en prensa. ¿Estás a la altura?

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Se habla estos días de la Paternidad en mayúsculas, con P de papá, creando ambiente para el 19 de Marzo, eso seguro. Pues bien desgranaré algunas de esas noticias en prensa, por si os las habéis perdido.

Un padre harto del rosa deja a su hija elegir su ropa y esto es lo que ocurre. Es una excelente reflexión, similar por cierto a la que comentábamos en este blog recientemente, también es novedoso que la niña escoja ella misma su ropa, o quizás no, hay muchos blogs maternales en los que se habla del asunto con cotidianidad, y no sólo eso, he visto este hashtag en Instagram #vestidapormipeque, los niños eligen la ropa de su madre durante una semana, fantástica iniciativa que potencia la creatividad y seguridad y capacidad de decisión de los pequeños. ¿Entonces por qué sale en prensa? Vale, porque el padre es el que cuida de su hija, “tras decidir quedarse en casa” para tal fin. Como tantas y tantas mujeres.

“Si los hombres hablasen”: un grupo de crianza exclusivamente para padres. Se definen como un espacio en el que “comparten sus dudas respecto a cómo negociar con la pareja, con el pequeño, o incluso con la familia política“. Piensan que “a todos los hombres les fata un espacio propio en el que poder sentir apoyo, donde poder expresarse, en el que poder compartir sus emociones“. Además, declara uno de ellos que: “Iba a charlas para saber más sobre mis hijos[…] me quedaba perplejo porque siempre era el único hombre, siempre se hablaba en femenino, y casi siempre, desde el enojo. Entonces entendí que había un enfado con lo masculino porque la sociedad es patriarcal y masculina. Es el varón el que define las reglas del juego, pero cuando es padre, no tiene a quien dirigirse. No puede explicarle sus temores al amigo, o al padre“.

Los círculos maternales contemporáneos también son jóvenes, aunque no tanto. El ser humano necesita socializar en paz, con empatía, sin juicios, y cuando nos convertimos en madres y padres necesitamos mucho apoyo, apoyo entre iguales, al menos yo lo siento así, pero no es tampoco sencillo para las mujeres, no basta con hablar con tu vecina, o con tu tía, porque seamos todas mujeres no vivimos, ni sentimos igual, no existe una esencia maternal consustancial a todas nosotras. Buscamos nuestro espacio en internet, que llega a todos los rincones, o quizás un grupo de lactancia y con suerte un grupo de crianza, pero no es fácil, ni siquiera para las mujeres ¡chicos!, ni en todo barrio, ni en toda ciudad, ni en todo pueblo, aunque poco a poco son más numerosos.

En mi cabeza ronda el concepto de “grupo de crianza”, sería fantástico que no se excluyera a nadie, que todos pudiéramos compartir nuestras experiencias, verificar que no somos los únicos con las mismas inquietudes, con nuestras diferencias de género, con nuestras diferencias de sexo y con nuestras muchas confluencias ya que hablamos de personas que se han unido para crear una familia, no debería ser una guerra.

¿Necesitamos segregarnos? Hagámoslo, siempre lo hemos hecho y no ha sido necesario salir en prensa, alrededor de un café, sobre una bicicleta, caminando por el monte… lo difícil, o sencillo, es encontrar con quien hacerlo sea hombre o mujer.

Ahora bien, ¿quienes son esos hombres comprometidos que se sienten infantilizados por las mujeres? ¿Esos hombres que anuncian que están “embarazados”? ¿Los que no sufren abruptos cambios en sus cuerpos, ni en sus hormonas? ¿Son ellos los que necesitan decidir sobre el parto? ¿Decidirán ellos si la epidural puede ser un riesgo asumible o in-asumible?

O estamos hablando de esos señores que no alterarán su vida laboral ni un ápice pero que portean a su bebé los domingos, ¿también son ellos los que deciden si es más adecuada una madre de día o una guardería desde su despacho?

Sin duda los hombres pueden sentirse en la retaguardia, pero bajo mi punto de vista el modo de evitarlo es empoderarse, convertirse en parte “activa” real de la crianza. Podemos decidir juntos cuanto tiempo de lactancia materna estaría bien si se comprometen a colaborar con el destete, si garantizan el apoyo necesario durante el proceso, si se prestan voluntarios al relevo en algún momento. Podemos decidir juntos si es mejor una guardería o permanecer en casa hasta los cuatro años si durante ése tiempo sus rutinas también se ven afectadas, si también ellos cuidan a su bebé un lunes por la mañana, entonces podemos decidir juntos.

No os perdáis este Post de Motherkiller sobre este artículo Si los hombres hablasen.

¿Eres un buen padre? Los suecos si. Puede que así sea, que los suecos si estén liberadísimos y jueguen con su prole a cada momento, como millones de madres, buenas buenísimas madres, pero también es verdad que las medidas políticas de conciliación son radicalmente distintas a las que se aplican en España y que ni si quiera Podemos en su propuesta Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático está a la altura, Irene García Perulero en este Post “Podemos ser feministas” hace un buen análisis del tema.

La prensa se hace eco de un nuevo tipo de padre, que así sea, lo cierto es que yo tengo uno en casa, pero hablemos con propiedad si no es una pérdida de tiempo.

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La no-adaptación

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Colegio, ¡precaución!

Llevo meses esperando que el proceso termine para contaros nuestras experiencia. Se suman las fases, cuando acaba una empieza otra. Atravieso diversos estados emocionales, duda, aceptación, convencimiento, ilusión, duda, frustración y bla, bla, bla. Marco también vive los suyos y como se nos van acumulando he pensado que era el momento de verter aquí el estado de la cuestión.

Es 12 de Febrero y la primera frase del día ha sido “¿hoy hay cole?” Lágrimas en el desayuno, lágrimas mientras nos vestimos, aceptación cuando cogemos la bufanda, salimos por la puerta y lágrimas de nuevo en la despedida. Os podéis imaginar que desde el 18 de septiembre hemos pasado por muchos registros, tonos y timbres de llanto, es una incógnita el nuevo estado derivado.

También hemos tenido periodos de paz y hasta de ilusión. Son muchos los momentos buenos, las actitudes y aprendizajes, el camino, el puente, el vuelo hacia la niñez autónoma , la que gana terreno sobre si misma, la que se empodera y siente que la necesidad de exploración es mayor que la de fusión. Por esto cuando retrocedemos y vuelven las negativas, las excusas y el llanto su padre y yo nos sentimos perdidos, frustrados.

El más mínimo cambio, un fin de semana largo, un día de fiebre en casa o una visita excitante nos devuelve diez casillas atrás y no llegamos a la meta, se nos resiste, yo me agarro a cualquier sonrisa, cualquier signo me viene a demostrar que está feliz con su vida colegial, pero agazapado nos espera otro estado gris, de confusión, de queja y entonces vuelvo a tocar fondo.

Intento no dudar sobre la idoneidad de su escolarización, me daña. Nos daña. Marco necesita una figura de referencia adulta que le de seguridad, ¿si yo no creo que le beneficia, cómo habría de creerlo él?

Entonces reviso cómo afrontar las crisis. Valido su malestar, “entiendo que no quieres ir, que te apetece estar en casa, pero no puede ser, mamá y papá trabajan, es solo un ratito por la mañana, pasaremos juntos toda la tarde, toda la noche, ¡y los sábados y domingos! ¿Qué te parece? Ánimo, se que eres valiente y en el cole tienes muchos amiguitos…” “Pero es que yo no quiero, me da pena, quiero estar con mamá, buaaaaaaaaa…” No soporto verle llorar, hago el esfuerzo de dejarle su espacio para que viva su pena, pero indefectiblemente me atrapa. A veces me enfado, otras quedo devastada, atravesada. ¿Acaso debo ignorarlo?

Busco. Busco otros ojos, otras experiencias, alguien que haya pasado por experiencias similares y que me diga que es normal, que no tendrá secuelas, que me dé una receta mágica, un parlamento con el que convenza a mi hijo de lo fantástico que es el plan que tengo para él ese día. Busco niños que no hayan ido a guarderías, y que no sólo lloraran un día porque tienen una autoestima brutal, busco niños felices sin que sus padres hayan hecho homescholing, busco complicidad porque estoy confusa, porque soy así de insegura y segura a la vez. 

Tengo el honor de presentaros a mi niña interior, la que llora con Marco, la que duda, la que piensa y repiensa, la que está cansada, la que está agotada, la que siente que no es suficiente, la que se reconoce víctima, la que está equivocada, la que necesita luz, cariño, un abrazo, empatía, la que no quiere nada de esto, la que quiere que todo sea sencillo.

Por suerte ésta es solo una de mis Silvias, la sanaremos hoy para que mañana amanezca paciente, contenedora y “con sonrisa”.

Escrito queda para otros niños y niñas interiores que busquen dónde mirarse y encuentren que como ellos, hay mas ojos que vacilan, lloran, dudan y vuelven a iluminarse.  

Sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración

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PendientesHoy he vuelto a usar perfume. Dejé de hacerlo, las náuseas del embarazo me alejaban de almizcles dulzones . Después viniste tú, sirena. No quería confundirte, ni alejarte de tu esencia, la nuestra, la misma, porque somos una.

Pero he vuelto a trabajar. Me alejo poco tiempo, pero es el suficiente para oler otros perfumes cuando te abrazo. Y el corazón se me quiebra. Y es que te he perdido un poco, se que es poco, pero yo YA se que eso es principio y final de algo y he vuelto a usar perfume.

No se en que mundo siento como acude la leche que habrías de tomar y solo atino a escucharte llorar a través del teléfono. No se en que mundo, pero es el nuestro y lo he elegido.

Duele la despedida. Desde que empezó Septiembre siento que no hago otra cosa más que despedirme.

Me abro hacia fuera, despliego mis alas y vivo estados olvidados pero solo quiero llegar a casa y acurrucarme entre vosotros, y encontrar, besar, cantar, replegar.

Tengo miedo de hallarme sin vosotros y que no me guste lo que veo. Ya no soy la misma, ni puedo ni quiero.

Circulo por caminos desgastados, atuendos, peinados, prisas, agendas, pelos que sobran, sombras que faltan.

Paladeo lo que puedo y se hacer. Ese sabor ácido y excitante pero un peso me oprime el pecho. Es el cordón umbilical que aunque se estira y se estira mucho, aún nos envuelve.

Podría ser liberador, pero no quiero ser liberada, sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración.

Esperanzas e inquietudes. La escolarización.

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El cole“Dulce Septiembre”. De llantos, incomprensión, rabietas, pesadillas, despedidas.

Valiéndome del drama que en ocasiones me caracteriza, me expreso como lo siento.

Marco comenzará su andadura escolar el día 18 de septiembre y de eso quería hablaros, de la zozobra y de la incógnita.

Muchas han sido las dudas pero esta es mi declaración de intenciones. No nos sentimos “homeschoolers”. Mi compañero permanecerá con Maia para facilitar mi incorporación laboral. El sonido brotará de mis entrañas, esta vez vacías, sin vida palpitante aferrada a mi vientre. Pero para que la música vuele, tenemos que encontrar también, nuestro propio vuelo cada uno de nosotros.

La idea siempre ha sido respetar el ritmo del niño, él mismo ha pedido dormir en su camita (aunque ese es otro cuento que ya os contaré con más premura que tardanza), también él mismo propuso dejar el pañal (ídem de ídem), pero no ha pedido ser integrado en un sistema educativo como el nuestro, a todas luces deficitario, en cuanto a recursos y sobre todo en lo que a ideales se refiere. No obstante, ya se interesa mucho por los niños, les pide jugar juntos, imita a los mayores en reuniones y parques varios, se sienta junto a ellos en la escalinata, los coge de la mano y se entusiasma cuando sabe que hay planes con niños. Pero esta es mi duda, ¿habrá llegado el momento? No es igual jugar con 5 niños que con 25. Las ratios me parecen infames y más en estas edades, Marco aún no tiene 3 años.

Por otro lado me inquietan las características naturales de los niños a esta edad y el modo en el que puedan disciplinarlos en el colegio. Las leyes de la propiedad aún son difusas y el autocontrol de la violencia para defender lo propio aún es prematuro, así como la importante necesidad de atención. Algunos pensaréis que “la vida es así, que vivimos en sociedad”, desde luego, pero la precocidad en estos asuntos no creo que sea una virtud.

Hemos encontrado un colegio fantástico, o al menos lo parece, con un proyecto educativo diferente, ya os hablaré de él cuando “entremos en harina”. Por lo pronto, enviaron una carta de bienvenida para Marco con una foto de su maestra y tuvimos una entrevista individual con ella, así el niño conoció el centro y el aula de su mano.

Pero hace dos días tuvimos una cruda reunión colectiva en la que la maestra nos aconsejaba para sobrellevar con paciencia y empatía los días venideros. De modo realista nos presentó un proceso complicado que puede mostrar dos caras, la silente y la extra-demandante. En ambos casos los niños necesitarán ración extra de comprensión, mirada y atención. Pueden sufrir retrocesos en el control de esfínteres. Paciencia. Posibles alteraciones del sueño, pesadillas y despertares. Paciencia. Irritabilidad, berrinches y rabietas. Mucha paciencia. Tampoco es buena idea alentarles con grandes ilusiones o expectativas porque la realidad es que es un cambio importante para ellos y no demasiado agradable al principio.

Ante este panorama que yo intuía y temía, he quedado desolada en primera instancia, pero con el paso de las horas estoy agradecida, ya no somos niños y no está mal mentalizarse, me ayudará a comprenderlo y a estar más accesible, no viviré la frustración en el momento en el que él más me necesite. Le acompañaremos y le ayudaremos a comprender el mundo.

Si pienso en mi primer día de colegio para mí fue un gran día, recuerdo los cajones de ceras y el olor del color, pero a tres meses de cumplir cinco años las cosas se ven de modo diferente. Pero hemos cambiado, las mujeres reivindican su lugar en el mercado laboral y las políticas de conciliación “están en pañales”, la solución es la escolarización temprana. Lo hemos retrasado todo el tiempo que hemos estimado oportuno. Ahora solo nos queda confiar en nuestro núcleo familiar y en la plasticidad de los niños con el apoyo adecuado.

Los prolegómenos nos están mostrando que la incertidumbre tampoco le gusta a los niños. Desconfía de que TODO el mundo le pregunte por lo mismo, cuando verdaderamente él no sabe qué va a pasar. Y ahora que el colegio ya ha empezado, vecinos y conocidos del barrio, e incluso desconocidos, TODOS le preguntan que por qué no está en el cole. Los días de sendas reuniones nos hemos enfrentado a sendas rabietas de 40 minutos interminables, pero he de decir que la resolución de la segunda fue mucho mejor que la primera, así que estamos animados, podemos atravesar paredes verticales con éxito, tranquilidad y cariño.

Pero no descarto buscar abrazos en Twitter para quién quiera dármelos 😉

Bloqueos y desidia

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Caracoles¿Os ha pasado eso de que parece que no haces nada? Te levantas y todo el ritual de labores cotidianas que se concatenan. La particularidad es que discurre el tiempo y sigue todo sin hacer, miras en derredor y ves todas las tareas que empezaste y no acabaste. Te instalas en una especie de desidia y el tiempo se para más aún. ¿Dónde podemos ir? ¿Qué vamos a comer?

Entonces viene esa sensación de fracaso, te culpas de no ser dinámico, de no tener iniciativa. Y el tiempo es más espeso. Un llanto, una toma, un caracol de plastilina con una mano.

Una nana, un paseo por el pasillo. ¿Vamos a salir? Ya hace demasiado sol.

Cambio de pañal, dos vasos fregados. Este niño necesita correr y expandirse. Suspiro. Te sientas y otra toma.

Y yo que ya no pienso, “posteo”, posteo en mi cabeza que no en mis dedos, porque el tiempo vuela y sin embargo se puede cortar.

Lo curioso es que no es cuestión del número de adultos que levitan en el entorno. Puede ocurrir que a mayor número, mayor indecisión, peor comunicación y más, mucha más delegación.

Estar de buen humor, tomar la iniciativa y organizar de forma resolutiva es sin duda el estado al que aspiras. O no. Quizás solo quieres algo más de ese tiempo que se espesa para no hacer nada, o para hacer mucho, todo lo que en la práctica no puedes.

Encontré por la red este artículo sobre Qué hacer cuando dudas de todo y no te apetece hacer nada. Habla de la esfera laboral, es junio, empieza el calor y se acumula el cansancio. Pero en mi caso y solo puedo hablar por mí, es una sensación intermitente, derivada del puerperio. Todos deseamos, ¿por qué negarlo? Unos anhelan silencio y buena literatura, otros, orgasmos sublimes que les hagan volar, y yo, fundirme con mi niña, sin llanto ni cólico y sin calor ni frío, a sabiendas de que mi grandullón explora el mundo por nosotras entre risas y abrazos. El deseo es gratuito y está bien como objetivo si no te paraliza, si te pone en marcha para desarrollar estrategias que te ayuden a alcanzarlo. El problema es la frustración y la ínfima tolerancia cuando aparece.

La desidia, en parte, es fruto de la incomunicación, actuamos o dejamos de hacerlo sin pedir ayuda y sin nombrar nuestras expectativas. A veces me ocurre que me cargo de buenas intenciones e intento sin molestar a nadie hacerme cargo de todo, pero la bola interior se hace más grande. Otras, simplemente, no me hago cargo y me dejo llevar por el discurrir sin orden ni concierto. Otra vez la bola porque no obtengo tampoco lo que deseo. Y es que los demás no tienen por qué saber en qué estoy pensando.

Aún a riesgo de parecer un panfleto de psicología os contaré mis reflexiones. La comunicación, la expresión. Desde el más sencillo y genuino deseo, libre de juicios o reproches que puedan salpicar a la persona que está enfrente de ti, y no hablo solo de la pareja. La segunda parte de la receta es la aceptación de la realidad y  la tolerancia a la frustración. Sencillo y complicado, pero es un punto de partida. Quizás con ayuda conseguiste esas dos horas de intimidad con tu bebé y se las pasa llorando, dientes emergentes, o vas a la playa y el viento transforma el momento en una lucha desquiciante. Respira hondo. Además, no eres el único/a.

Otra cuestión es la organización. Siempre he pensado que esquematizar la jornada puede restar frescura y capacidad de improvisación, además siempre que no puedas realizar todo lo que has programado te enfrentas de nuevo al fiasco de no llegar. Pero con niños, compensa la previsión, cualquier cosa para aliviar el espesor de la indecisión. Y por supuesto, priorizar, tal vez no esté el suelo tan limpio como querrías, pero los niños y su bienestar son la prioridad, aunque no siempre sea fácil ponderarlos por encima de nuestras prioridades. Ése es el reto, la dávida y la generosidad como expresión.

Si aún así estás bloqueado/a pide un abrazo.

Me ayuda compartir mi desorden mental con vosotros, igual porque así lo ordeno. Pongo palabras y algo de estructura.

La foto es gentileza de @Mar_Herrero6

Pareja para un puerperio

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Este texto quisiera ser un alegato, pero a menudo me sucede que sé como empiezo pero no cómo acabo.

Es pronto para hacer un balance de mi segundo puerperio porque sencillamente tengo la sensación de no haber terminado el primero. Una especie de bruma lo envuelve todo.

Acompañar un puerperio es un acto de generosidad, empatía y buen hacer digno de la épica.

“Desde el espesor que me envuelve me miro en la claridad de tus ojos buscándome. Buscando un contorno, una definición, una boya para que no me arrastre la marea.

Acompañar es presencia, es mirada y escucha. Gracias por eso.

Juntos emprendimos una carrera de fondo, nuestra propia Ilíada con bosques y llanos y montes. Con cumbres, océanos, hielos y ríos.

A veces desfallezco y a veces desfalleces, pero esto no es como el ascenso al Mulhacén, no puedo sentarme en una roca y esperar a que vuelvas, tengo que subir contigo. Dame la mano.

Otras veces abres tu corazón y me muestras lo humano. Tus dudas, tu cansancio. Pero yo solo quiero ver lo divino, y no te brindo ese espacio que necesitas. Lo siento por eso. Te arengo sobre la necesidad de que nuestros hijos vivan también sus emociones negativas en un entorno seguro, en su hogar. Yo quedo eximida de toda responsabilidad porque yo soy la puérpera y debo vivirlo todo y aprender del proceso que me brinda la vida, encontrarme a mi misma y saborear la experiencia. ¿Y qué hay de ti? ¿Quién contiene al que contiene? ¿Acaso como hombre, yo, la mujer empoderada, te he asignado el rol mas antiguo del mundo? Hombre-pilar que ni siente ni padece, solo sonríe para nosotros. Perdóname por eso. Siento cada chantaje y siento haberte inculcado que si bien nosotros nos movemos con la marea, tú debes soportar sin moverte la fuerza del oleaje. Antes de que la erosión te hiera sube a nuestra pequeña barca, que juntos danzaremos la salida del sol.

Me pregunto si en mi cruzada contra la tradición patriarcal te he invitado a mi mundo, pero sin privilegios. Llora, canta, grita y ríe conmigo, con nosotros. Siente y déjate llevar.

Gracias por mirarnos y vernos.

Gracias por velar nuestro sueño, durmiendo a la pequeña para que yo acune al pequeño.

Gracias por recorrer parques, plazas y ríos; por correr y pedalear con Marco, por enseñarle el mundo.

Gracias por ayudarnos a estirar el vínculo que nos estrechaba y ofrecernos un cielo limpio en el que volar.

Gracias por mostrarme que la libido puede jugar con la prolactina. Y esperarme. Y viajar conmigo, a mi ritmo.

Gracias por combinar los alimentos con dulzura y creatividad.

Gracias por acercarme agua y chocolate cada noche. Por amar mi cuerpo de madre. Gracias.

Y gracias también por tu reducción de jornada, porque tras ponderar somos nosotros los que ganamos tu presencia.

Escuchas mi conversación aunque siempre hable de lo mismo, luces surcos de leche en tus camisas y las suelas de tus zapatos atesoran plastilina. No te puedo pedir más ni quiero, es así como me gusta”.

Y para ti ¿qué es el feminismo?

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AutorretratoLlevo unos días pensando en qué es el feminismo. Las personas que no están familiarizadas con el tema huyen ante el propio concepto, tiene mala prensa y como siempre está rodeado de muchísimos prejuicios, pero bueno, a esta nefasta tendencia ya estoy acostumbrada. Lo que me crispa un poco mas es que desde el propio seno del feminismo, no se tengan en cuenta los preceptos del “feminismo de la diferencia” como válidos y qué decir de la opinión pública que directamente nos tacha de machistas. Así, he tenido que escuchar este tipo de cosas “si tu ginecóloga es feminista tendrás que trabajar hasta el parto, el embarazo no es una enfermedad”… y ya estamos a vueltas con lo mismo.

Es cierto que estoy siendo reduccionista, hay muchos mas matices, no es un “igualdad-vs-diferencia”, pero me serviré de este maniqueísmo para simplificar.

Quiero dejar clara mi postura. Ha hecho falta tiempo, mucho tiempo para que las mujeres optemos a lo mismo que los hombres y desgraciadamente aún no lo hemos conseguido. Si, en teoría podemos estudiar en la universidad lo que nos plazca, pero en la práctica las estadísticas nos gritan cómo los puestos de relevancia jerárquica están en manos masculinas. Todo esto y más es cierto e injusto hasta decir basta, pero nos esta llevando a un lugar de difícil retorno. Nos mimetizamos sin juicio crítico y todos a una anhelamos lo mismo: éxito y dinero; entendamos éxito como reconocimiento y pleitesía social. Esto supone para las personas que no son de “sangre azul” o casi, mucho esfuerzo en tan solo un plano personal y mucha frustración cuando no se consigue. Utilizaré la jerga, estos son los valores del patriarcado, decididos mucho tiempo atrás, radicalizados a cada paso y deseados por hombres y mujeres. Sin embargo estos valores tienen unos costes y no solo para las mujeres, aunque en nuestro caso sean mas evidentes, por lo que creo que urge un cambio de paradigma.

¿Qué supone el feminismo de la diferencia? Ni más ni menos que la aceptación de lo femenino, lo intrínsecamente femenino, no la objetualización del cuerpo, si no aceptar los “tempos” del ciclo femenino. Me estoy refiriendo concretamente a embarazo, parto y puerperio.

El embarazo lleva consigo la creación de un ser humano y esto no es una actividad más, que se pueda agendar en la trepidante vida de la mujer contemporánea. Mujer que rendida al capitalismo, al patriarcado y a su sistema de imagen y valores pasa de puntillas por una fase importantísima de su sexualidad con el objetivo de que el impacto de la gestación, en su vida y en su cuerpo, sea el mínimo. De este modo también he tenido que escuchar en múltiples ocasiones, como si fuera una gran gesta “de espaldas no dirías que está embarazada” o “trabajó hasta que rompió aguas”. Todo esto es estupendo, pero implica una negación de nuestra naturaleza. Permeables a estos comentarios y actitudes, emprendemos sin elegirlo, una lucha con nuestro cuerpo y nuestras emociones acalladas una vez más. ¿Hasta cuándo caeremos de red en red? ¿Hasta cuándo dejaremos que elijan por nosotras? ¿Hasta cuándo?

Hemos de humanizar nuestra sociedad sin que suponga que la mujer vuelva al hogar y se recluya en él a la par que el hombre permanezca fuera de sol a sol. Humanizar nuestra sociedad supone un reparto de actividad dentro y fuera casa, que tenga en cuenta las necesidades del ser humano que en sus primeros meses de vida permanece por subsistencia y prioridad cerca de mamá y que poco a poco necesita a un papá comprensivo, que sepa mirar dentro y que le guíe hacia la independencia. El cariño, el abrazo, el beso, la caricia, la canción, la escucha, la risa, el baile… no son propiedad de la mujer, son propiedad de todos; sin embargo están quedando en tierra de nadie, el hombre a lo suyo y la mujer también, ¿y bebés y niños?

Como mujer embarazada y directamente implicada con el tema, no siento que se respete ni el embarazo, ni sus consecuencias físicas. Si escucho mi cuerpo y los avisos directos que me transmite entro en pugna con la sociedad y el aparato burocrático, ni se nos cuida, ni se nos escucha, ni se nos entiende, a menos que agachemos la cabeza y “juguemos todos a lo mismo”.