Archivo de la etiqueta: psicología infantil

Niños de cristal

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Arlo y su padre En no pocas ocasiones me pregunto si estamos creando ciudadanos de cristal con nuestra mejor voluntad. En no pocas ocasiones escucho a muchos padres que censuran los cuentos clásicos por su aberrante contenido y por su alto voltaje. No seré yo, sin embargo, quien exima de juicio y consideración cualquier cosa que pase por mis manos, pero ¿es necesaria la censura? Con toda nuestra blancura, los padres de ahora tan cultos y formados, terminamos dando la rodea a fin de no tocar temas peliagudos y con el objetivo de ahorrar a nuestros querubines feos momentos de zozobra. ¿Es acaso necesario? ¿sale gratis esta actitud con la psique de nuestros hijos? Como me ha ocurrido ya con otras cuestiones blandí con fuerza la bandera de lo políticamente correcto. Para muestra un botón, mi análisis de un curioso libro infantil allende el 2012. Los clásicos de los Hermanos Grimm no ocuparían jamás nuestras estanterías, brujas y lobos con particulares apetitos, damiselas en apuros a expensas de sus caballeros, todo un horror ¿es que nadie más lo ve? Lee el resto de esta entrada

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Sonata de Otoño

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Sonata de Otoño (1978) es una película del director sueco Ingmar Bergman, la traigo como invitada de honor a este espacio, no me he podido resistir a analizarla desde la perspectiva de la crianza y el género.

La protagonista, Charlotte, una madura Ingrid Bergman en su última interpretación en el cine, decide apostar por su carrera concertística; es una gran pianista que deja a sus hijas relegadas a un segundísimo plano en pro de una vida de éxito, sacrificio, viajes y excentricidad. Tenemos ante nosotros a la “clásica” mala madre que expiará sus pecados en uno de sus encuentros con su hija. La película enmarca este tiempo narrativo, ese encuentro en el que madre e hija dejan caer sus velos de cortesía y formalidad para enfrascarse en conversaciones intensas, llenas de reproches, en las que recrearán duras experiencias vividas, con todo el dolor que trae el recuerdo, con acusaciones descarnadas que desgarran la seda burguesa y sonrojan al espectador que se revela como un voyeur indiscreto que invade una bochornosa intimidad.

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La interpretación de las actrices protagonistas es magistral y si además conocemos los avatares de la vida real de Ingrid Bergman entrevemos otros matices más profundos y lacerantes. La actriz dejó su vida, su marido y a su hija pequeña en América para vivir con Roberto Rossellini en Italia y quedar embarazada de nuevo. El escarnio público fue tremendo, corría el año de 1949 y fue declarada persona non grata en Estados Unidos. La moral imperante truncó momentáneamente su brillante carrera. Al margen de la opinión que nos merezcan las tribulaciones de su vida, es poco probable que de haberse tratado de un hombre hubiese ocurrido lo mismo.

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Los dinosaurios cobran vida

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El tiempo corre deprisa, y ya no viene ni a cuento, pero no quería dejar de contaros nuestra experiencia de #Dinovember. No es una sorpresa para nadie que los niños pequeños confunden  realidad y fantasía, de esto nos valemos, por ejemplo, para la operación Papá Noel, Reyes Magos o ambas. La configuración de lo abstracto en pleno proceso y la extremada imaginación del niño dan como resultado una rica visión del mundo donde las posibilidades son infinitas y las reglas de lo posible una falacia.

La otra cara de la moneda son los miedos a monstruos, brujas, lobos parlantes y demás personajes del imaginario de nuestra cultura, ¿entonces? ¿es adecuado alimentar su confusión? No lo sé, me encontraba en esta diatriba y decidí fomentar la magia, el juego simbólico, la ilusión y la sorpresa. Adoptamos #Dinovember como nueva tradición en casa.

#Dinovember surge en el mundo anglosajón en 2013 y supone que los dinosaurios de los niños cobran vida durante las noches de Noviembre, así cada mañana los encontramos en situaciones insólitas.

Dinos comiendo galletas

Esta fue nuestra primera experiencia y cual no fue mi sorpresa cuando Marco se mostró escéptico, “mamá los dinosaurios no comen galletas” y es que no sé si lo sabéis pero los dinosaurios son carnívoros o herbívoros, según el caso. Pero insistí.

Dinos maquillándose

Dinos viendo la tele mientras comen gusanillos

Dinos dentro del frigo

Dinos con papel higiénico

La expectación iba en aumento, una noche antes de dormir Marco me dijo a media consciencia “ay mami ¿qué trastada estarán haciendo los dinos?”

Al abordaje

Dinos suspendidos en la lámpara

También Maia disfrutó de la charada, salía cada mañana buscando a los traviesos Dinos. El balance ha sido muy positivo, nos hemos divertido mucho y el tránsito a la normalidad ha sido fácil porque cuando acaba Noviembre empieza el calendario de Adviento, así que tenemos sorpresas para rato. Me da la sensación de que en algún punto intermedio de la consciencia los niños se dejan llevar por la magia pero saben de sobra qué son cuestiones inverosímiles, algo así como una inocencia voluntaria. No dejo de admirarme del modo en el que entienden el mundo los niños pequeños, son pura sabiduría.

Podéis ver experiencias muy inspiradoras en este Post o buscando el hashtag #Dinovember en Instagram por ejemplo, hay cosas muy creativas, no dejéis de verlo.

 

Septiembre

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Ya es septiembre y un escalofrío recorre mi espalda. Confío en que este año será diferente, mejor, pero recuerdo el año pasado y con dolor transito a través de mi mente cada momento vivido, su dolor, sus pesadillas, pesadillas incluso en la siesta, Jake y los piratas de Nunca Jamás para desconectar, su angustia y sus intermitentes y constantes preguntas, su nana favorita en ese momento, sus tomas de cobijo, su teta de niño grande, su retorno a la cama grande, su pérdida de apetito.

Los primeros días permanecía en estado de alerta, yo no sabía si era mejor hablar del tema o no recordárselo en absoluto. Pienso que la incertidumbre era su peor aliada, él necesitaba saber qué iba a pasar, necesitaba rutina para calmarse pero la concepción del tiempo y su medida eran ,y apenas son, muy abstractas para su entendimiento. Para los que llegáis por primera vez al blog, Marco estaba por cumplir tres años y era la primera vez que se escolarizaba separándose de nosotros.

Para ayudarle en este sentido hicimos un calendario como éste:

calendario semanal

Cada día de la semana tiene un color -el mismo sistema que usan en su colegio- los fines de semana son rosas y cada día se divide en tres secciones, mañana-tarde-noche, así podía ver qué cantidad de tiempo estaba en el colegio y qué cantidad de tiempo estaba en casa. Cada día al regresar le preguntaba que qué tal lo había pasado, si me respondía que bien pintábamos una carita sonriente. Siempre me contestaba que había estado contento, de manera que reafirmábamos ese hecho, lo categorizábamos, así fue perdiendo el miedo. En el espacio de la tarde dibujábamos algo que aludiese a cómo habíamos gastado el tiempo y las noches tenían lunas. Funcionó, Marco comprendía qué iba a suceder y aunque no fuese lo que más deseaba la angustia se redujo considerablemente. Lo usamos unas tres semanas y conservamos uno, de vez en cuando me pedía verlo, se situaba en la semana, hacía memoria y sabía que a pesar de su incertidumbre lo cierto era que disfrutaba en el colegio. De hecho, una de sus estrategias cuando ya mediaba el curso, después de Navidad, fue hacer una “huelga de disfrute”, deliberadamente se sentaba sólo en el patio y luchaba por no divertirse, así podría contarme después que no lo había pasado bien, “mami hoy no lo he pasado bien, no he jugado, será mejor que mañana no vaya más”.

Los niños necesitan sinceridad, saber qué va a pasar en cada momento, que les expliquemos que nosotros también les echamos de menos, que siempre, siempre les recogeremos, nunca es demasiado, han de escuchar, han de saber. Si algún día olvidaba decirle que le recogería después del cole él mismo me lo recordaba. También hemos de animarles a que expresen sus emociones aunque no estemos nosotros, recordarles que les queremos todo el tiempo, cuando están con nosotros y cuando no lo están, cuando están enfadados y cuando están contentos.

Septiembre ha llegado de nuevo, espero que os sirvan algunos de estos consejos, y bueno suelo pensar que lo que nos hace sufrir no debe caer en saco roto, cuando algo es nuevo o difícil, ése es el momento de aprender de nosotros mismos y por supuesto de los niños, esos grandes maestros.

Os dejo un Post muy interesante de la Pedagogía Blanca: Consejos para preparar el nuevo curso

¿Y vosotros, cómo estáis viviendo los prolegómenos del curso?

Celos: las comparaciones son odiosas

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Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.

 

La fascinación por lo temible

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Vampiro

Si tengo miedo ¿acaso huyo? Si tengo miedo ¿me escondo? ¿disimulo? 

Si tengo miedo, yo soy el más malo.

Este es mi gran descubrimiento, el típico “si no puedes con ellos, únete a ellos” o mejor, si no puedes con ellos se tú y no otro el objeto de temor.

Confieso que estuve preocupada, cuando leíamos un cuento, digamos Peter Pan, Marco quería ser el temible Capitán Garfio, que escuchábamos Pedro y el Lobo, sin duda, Marco era el lobo o casi peor, el abuelo que amenazante regaña. ¿Y qué pasó con el protagonista? ¿No quieres ser Pedro, no quieres ser Peter Pan? Ni hablar, eso no es tan interesante. Ya conocéis mi mente intrigante, empecé a darle vueltas, ¿se estaba gestando la maldad en él? ¿acaso era un morboso? Aquello debía tener un significado que se me escapaba.

Me remonté a través de sus iconos y el primero fue Humpty Dumpty, llegó antes que “el abuelo prokofiano” y si, su fascinación comenzó con el miedo que sentía por él. Humpty Dumpty, el huevo que se cae, se rompe, se daña, la herida, el dolor físico. Después vino su atracción por la reprimenda, por la coacción, por las consecuencias que tienen los actos, por lo que ocurre cuando contrarías a alguien, ya sea a propósito o accidentalmente. Durante meses jugábamos a que él era el abuelo, y yo el travieso Pedro que sale al bosque sin preocuparse de lobos ni demás alimañas.

Supongo que lo veis claro, pero yo seguía tejiendo. Cuando el bebé deja de serlo, comienza a elaborar su lenguaje y configura un mundo que poco a poco se llena de los significantes usados en su cultura, se abre un limbo de fantasía, su comprensión de lo que ve se acelera, colores, alimentos, personas… pero hay algo que no se ve, que se siente y que ha de colocar en esquemas apenas creados. Las emociones propias, las ajenas, el concepto de tiempo, el dolor, la muerte, la herida, lo moral, lo aceptable, lo peligroso, lo que podría ser pero no es, la condición, lo permitido, lo prohibido, lo desconocido, el temor, el miedo, el terror.

Con estas diatribas llegué a la maestra de Marco y ¡eureka! El miedo. El miedo se convierte en fascinación a partir de los dos años, es una actitud común entre los niños, “si tengo miedo del lobo, yo soy el lobo”, la manera de conocer lo que me desestabiliza es mirar con esas gafas, es vestir su piel, si soy quien muerde, no recibo el mordisco, tan fácil como eso. Quizás el niño con iniciativa y liderazgo, el que decide ser el tiburón en los juegos de rol es el niño que más miedo tiene, pero se le hace tan intolerable la posibilidad de sufrir que coquetea con ser el malo.

¿Reconocéis a estos niños? Muchos quieren ser caballeros y heroínas, pero ¿cuántos quieren ser el lobo, la bruja, el dragón, el tiranosaurio o el villano? Además se aprende por repetición, doy fe ¿cuántas veces seguidas es capaz de jugar a lo mismo un niño pequeño? Estamos en la fase del Tiranosaurio Rex, duerme con nosotros, ¡con esa cara y esos dientes! El juego de rol de moda en casa es que yo pasto con mis simpáticos dinosaurios herbívoros, y estamos felices, hay comida y luce el sol, pero de repente notamos que alguien nos acecha, ¡es el Rex! Aaaaaaarg ¡Qué miedoooo! Se nos abalanza y vuelta a empezar. Hasta el infinito. Necesita vivir esa sensación de control y eso hacemos, la vivimos, pero he de decir que el momento álgido del ataque es lo menos importante, es incapaz de comprender su verdadera magnitud, lo realmente importante es la preparación, esconderse en las sombras, agazapado, esperando el momento oportuno.

Es un mecanismo muy interesante de superación del miedo ¿por esto nos gustará tanto la literatura y el cine de terror? A mí, me fascina.

¿Y tú, eres el mas malo?

Si no lo eres cubre tus espaldas. Por si acaso.

El objeto transicional. Humpty Dumpty

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Humpty Dumpty sat on a wall

Humpty Dumpty had a great fall.

All the king’s horses

and all the king’s men

Couldn’t put Humpty together again.

Humpty Dumpty sat on a wall

Esta es la historia de Humpty Dumpty, huevo sin par que de un muro cayó, e irremediablemente hecho trizas quedó. Nadie pudo hacer nada por él. La idiosincrasia de su débil y vulnerable existencia tuvieron la última palabra.

Desgarradora historia. Sencilla y contundente. Ahora estás y ahora no estás. Mitología anglosajona del ámbito infantil que llegó a nosotros a través de un vídeo-canción de Baby-tv. La primera impresión sobre Marco fue de auténtico pánico, lloraba aterrado, imaginamos que por su oscura fotografía.

Humpty Dumpty (Baby Tv)

Pero un buen día volvimos a ver el vídeo por casualidad y comenzó a pedírnoslo una y otra vez. Le fascinaba, el momento de la caída era divertidísimo, además en esta versión una gentil hada lo restauraba con gracilidad. De este modo llegó a nuestras vidas el muñeco, el cuento, el puzzle, las infinitas versiones de la canción y las infinitas versiones en YouTube de la antológica caída. Tanto es así que en su particular argot tropezar o caer es “hacer humpty dumpty”.

Humpty Dumpty el muñeco, se ha convertido en su juguete favorito. El juego que más le entusiasma es fingir que tropieza o tirar a este u otro muñeco desde cualquier superficie, al tiempo que entona la melodía, por supuesto, es todo un ritual. ¿Y os imagináis cual es la canción que le gusta escuchar para conciliar el sueño? ¡Exacto! Pero no es tan sencillo, hay dos versiones predilectas y él mismo se encarga de pedirme la que prefiere cada siesta y cada noche. Le bajo el tempo, se la susurro y se relaja muchísimo. Es sin duda su objeto transicional.

¿Y qué es esto del objeto transicional ? Todos hemos visto a bebés con su mantita, su peluche, su chupete favorito, su objeto transicional en definitiva. Éste supone el puente entre el niño y la realidad, el área de transición que le separa de su madre o figura de apego y  que le sirve para experimentar de forma segura su autonomía. La formulación de este concepto viene de la mano de Winnicott, psicoanalista inglés y como todos los conceptos en este área, esconden senderos complicados. No me gustaría sumergirme en un lodazal, sólo puedo hablar de nuestra experiencia como madre, no como psicóloga ya que no lo soy.

Una de las caras del objeto transicional es su naturaleza como “zona intermedia de experiencia“, tiene un carácter objetivo, ya que hablamos de un objeto real, y otro subjetivo porque se le atribuyen valores imaginarios. Suele aparecer cuando el bebé comienza a tener conciencia de si mismo, conciencia que lo independiza de la díada poco a poco, esto puede suceder a partir de los cuatro meses, en función del bebé, y extenderse hasta los tres o cuatro años. Es totalmente normal, rasgo que caracteriza un correcto desarrollo psico-afectivo, “la primera posesión“si bien no todos los niños atraviesan esa fase de este modo.

Sin embargo hay otro modo de ver al objeto transicional como “consolador“, que ayuda a sobrellevar la ausencia de la madre, por lo que el niño proyecta en él características “maternizantes”, suele ser blandito y suave. Se habla de una proliferación de este concepto en las sociedades industrializadas, donde la madre no está siempre disponible y las lactancias son prolongadas por poco tiempo. Este último punto no lo veo muy claro, es una postura que  patologiza este comportamiento infantil. Y sin ir mas lejos, Marco sigue con lactancia materna, duerme con nosotros, no va a la guardería y tiene objetos favoritos desde mucho antes de la llegada de su hermanita, por lo que deduzco que su necesidad no nace de la ausencia,  es mas bien el origen de un aprendizaje del entorno  por medios comprensibles a su psique.

Tema fascinante y complejo que cada individuo vive su manera. Para Marco su juguete favorito es Humpty Dumpty pero cuando se extravía se conforma con otros objetos de su interés. Una dura caracola, una zanahoria de peluche, un caracol de plastilina,una mosca de plástico o una tortuga de pasta. Me gusta tanto verle jugar, agarra su objeto, lo llena de atributos que solo él conoce y por unas horas es inseparable amigo.

También se habla de “fenómenos transicionales” como chuparse el dedo, entonar repetidamente una melodía, mesar el pelo, ¿os suena alguna? En cualquier caso, si alguien, niño o adulto, haya consuelo y tranquilidad con un objeto o con un fenómeno lo mejor que podemos hacer es no interferir, “nadie pide lo que no necesita”.

Objeto-transicional

Enlaces de interés:

Objetos transicionales: el inicio del juego.

La teoría de la madre suave, experimento realizado con monos que nos habla de la necesidad de apego que tenemos los mamíferos por encima de la necesidad nutricional.

Objetos y fenómenos transicionales. Por D. W. Winnicott

Winnicott y la teoría de los fenómenos transicionales.

Nota: No quería dejar pasar la ocasión de rendir mi pequeño tributo a Humpty Dumpty, fiel compañero que caída tras caída sigue poniendo la mejor de sus sonrisas. “Por si algún día Marco, olvidas tu juguete”.