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El ser humano se socializa, se relaciona. En casa, en el trabajo, comprando el pan.

Vivimos en familia, con mascotas, con amigos, incluso con desconocidos. Aquí, en esta esquinita de la blogosfera se apuesta por el contacto, el apego, la disponibilidad para con nuestros niños, el piel con piel, el mirarse a los ojos.

Pero en este proceso mamífero de olernos, tocarnos, observarnos y escucharnos, poco a poco vamos encerrándonos en nuestro ser, caminando entre centenares de personas, con rapidez y sin rozarnos. Viviendo en ciudades que se engarzan con pueblos inmensos y en pisos cual avispero, pero sintiéndonos solos, sin afinidad, sin conexión ni con nosotros mismos.

A este contexto llega INTERNET, la red de infinitas posibilidades y recursos, que no cesa de inventar. Y cual invento humano construye las redes sociales, articulando diferentes maneras de estar y conectar. Puedes compartir tus inquietudes sobre bonsáis con otros amantes de este arte, sin preguntas ni presentaciones. Puedes también comentar y apreciar las fotografías de otras personas. Expresarte en un blog y obtener respuestas en resonancia y adscribirte a una red social como Twitter y configurar tu propio perfil, escuchando lo que te interesa, hasta que te interesa, a un solo golpe de “unfollow” .

Así me enredé en este “madremagnum”, conectando con madres y padres, intercambiando consejos, inquietudes. Sintiendo el dolor ajeno, preocupándome por la fiebre de niños que no conozco, alegrándome por el bienestar de las mujeres hermosas y valientes y por el de los hombres valientes y hermosos que están a un golpe de click, participando de sus noches en vela, de sus reivindicaciones por la conciliación, y de su consternación ante un país que se colapsa.

¿Qué esta ocurriendo con el modo en el que interactuamos? El estresante sistema nos condena, a la prisa, al no llegar, al no mirarnos. Ya ni siquiera hablamos por teléfono usamos WhatsApp, sin tono de voz, concisos, propiciando conversaciones entrecortadas que sabes cuando empiezas, pero no cuando acabas. Esta nueva estructura del s. XXI aleja a nuestros amigos a cientos e incluso miles de kilómetros, dejamos nuestros pueblos, y aquellas personas con las que conectamos cuando estudiábamos, con las que sobre el césped de la facultad cambiábamos el mundo, no están disponibles para abrazarlas, largas distancias se yerguen entre nosotros. Nuestras vidas se conducen por senderos dispares, no quieres ser la inoportuna “mami” que haciendo gala de su “pasmo maternal” solo habla de portabebés y de “baby-led-weaning”. Entonces encuentras la red, las comadres que te escuchan, la tribu que te falta, el apoyo que esperabas y necesitabas.

Pero el ser humano nunca está conforme, contento, feliz, satisfecho y surge la tremenda necesidad de “desvirtualizar”. Leer no es suficiente, necesitamos el contacto que nos define, aprender de los gestos, conocer la música de las voces amigas y el abrazo que nos conecta como especie.

De esta iniciativa desvirtualizadora surge el #15J. Tres madres bloggers tienen la iniciativa de conocerse y comentan sus pesquisas por Twitter. Raudas, otras se unen al grupo, el globo se hincha y llega un momento en el que se hace urgente una organización. 50 bloggers, lista de espera para participar en el evento, sponsors. Se ha convertido en todo un movimiento con hashtag propio, manifiesto, “anti-concursos”… En fin, un claro ejemplo de la actitud socializadora que nos caracteriza y de la rapidez de de las redes sociales.

Internet viene a adecuarse a nuestro nuevo estilo de vida, es rápido y concreto, llena el vacío que dejan los grises de las ciudades en  nosotros, y sin embargo no es suficiente, necesitamos el contacto real, aunque solo sea una vez, o quien sabe.

Conocerse en Red

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