Humpty Dumpty sat on a wall
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king’s horses
and all the king’s men
Couldn’t put Humpty together again.
Esta es la historia de Humpty Dumpty, huevo sin par que de un muro cayó, e irremediablemente hecho trizas quedó. Nadie pudo hacer nada por él. La idiosincrasia de su débil y vulnerable existencia tuvieron la última palabra.
Desgarradora historia. Sencilla y contundente. Ahora estás y ahora no estás. Mitología anglosajona del ámbito infantil que llegó a nosotros a través de un vídeo-canción de Baby-tv. La primera impresión sobre Marco fue de auténtico pánico, lloraba aterrado, imaginamos que por su oscura fotografía.
Pero un buen día volvimos a ver el vídeo por casualidad y comenzó a pedírnoslo una y otra vez. Le fascinaba, el momento de la caída era divertidísimo, además en esta versión una gentil hada lo restauraba con gracilidad. De este modo llegó a nuestras vidas el muñeco, el cuento, el puzzle, las infinitas versiones de la canción y las infinitas versiones en YouTube de la antológica caída. Tanto es así que en su particular argot tropezar o caer es “hacer humpty dumpty”.
Humpty Dumpty el muñeco, se ha convertido en su juguete favorito. El juego que más le entusiasma es fingir que tropieza o tirar a este u otro muñeco desde cualquier superficie, al tiempo que entona la melodía, por supuesto, es todo un ritual. ¿Y os imagináis cual es la canción que le gusta escuchar para conciliar el sueño? ¡Exacto! Pero no es tan sencillo, hay dos versiones predilectas y él mismo se encarga de pedirme la que prefiere cada siesta y cada noche. Le bajo el tempo, se la susurro y se relaja muchísimo. Es sin duda su objeto transicional.
¿Y qué es esto del objeto transicional ? Todos hemos visto a bebés con su mantita, su peluche, su chupete favorito, su objeto transicional en definitiva. Éste supone el puente entre el niño y la realidad, el área de transición que le separa de su madre o figura de apego y que le sirve para experimentar de forma segura su autonomía. La formulación de este concepto viene de la mano de Winnicott, psicoanalista inglés y como todos los conceptos en este área, esconden senderos complicados. No me gustaría sumergirme en un lodazal, sólo puedo hablar de nuestra experiencia como madre, no como psicóloga ya que no lo soy.
Una de las caras del objeto transicional es su naturaleza como “zona intermedia de experiencia“, tiene un carácter objetivo, ya que hablamos de un objeto real, y otro subjetivo porque se le atribuyen valores imaginarios. Suele aparecer cuando el bebé comienza a tener conciencia de si mismo, conciencia que lo independiza de la díada poco a poco, esto puede suceder a partir de los cuatro meses, en función del bebé, y extenderse hasta los tres o cuatro años. Es totalmente normal, rasgo que caracteriza un correcto desarrollo psico-afectivo, “la primera posesión“si bien no todos los niños atraviesan esa fase de este modo.
Sin embargo hay otro modo de ver al objeto transicional como “consolador“, que ayuda a sobrellevar la ausencia de la madre, por lo que el niño proyecta en él características “maternizantes”, suele ser blandito y suave. Se habla de una proliferación de este concepto en las sociedades industrializadas, donde la madre no está siempre disponible y las lactancias son prolongadas por poco tiempo. Este último punto no lo veo muy claro, es una postura que patologiza este comportamiento infantil. Y sin ir mas lejos, Marco sigue con lactancia materna, duerme con nosotros, no va a la guardería y tiene objetos favoritos desde mucho antes de la llegada de su hermanita, por lo que deduzco que su necesidad no nace de la ausencia, es mas bien el origen de un aprendizaje del entorno por medios comprensibles a su psique.
Tema fascinante y complejo que cada individuo vive su manera. Para Marco su juguete favorito es Humpty Dumpty pero cuando se extravía se conforma con otros objetos de su interés. Una dura caracola, una zanahoria de peluche, un caracol de plastilina,una mosca de plástico o una tortuga de pasta. Me gusta tanto verle jugar, agarra su objeto, lo llena de atributos que solo él conoce y por unas horas es inseparable amigo.
También se habla de “fenómenos transicionales” como chuparse el dedo, entonar repetidamente una melodía, mesar el pelo, ¿os suena alguna? En cualquier caso, si alguien, niño o adulto, haya consuelo y tranquilidad con un objeto o con un fenómeno lo mejor que podemos hacer es no interferir, “nadie pide lo que no necesita”.
Enlaces de interés:
Objetos transicionales: el inicio del juego.
La teoría de la madre suave, experimento realizado con monos que nos habla de la necesidad de apego que tenemos los mamíferos por encima de la necesidad nutricional.
Objetos y fenómenos transicionales. Por D. W. Winnicott
Winnicott y la teoría de los fenómenos transicionales.
Nota: No quería dejar pasar la ocasión de rendir mi pequeño tributo a Humpty Dumpty, fiel compañero que caída tras caída sigue poniendo la mejor de sus sonrisas. “Por si algún día Marco, olvidas tu juguete”.




Comprobar como poco a poco enredas los hilos y te encuentras llevando a cabo un pulso con el amor más grande de tu vida es angustiante. Cualquier tipo de relación es susceptible de viajar por esta dimensión. Esa en la que sin darte cuenta y por tozudez necesitas llevar razón. Aunque lo cierto es que “el pulso” no es posible si uno de los brazos no opone resistencia.
“Toc, toc. Mastitis” Y así, sin mas, se presenta en nuestros senos esta desagradable invitada, una de las complicaciones de la lactancia materna.

Si, la sirena surcó las aguas de su madre y llegó al mundo acogida por la tibieza de otras aguas. Aguas que se mezclaron con las propias y que en calma la abrazaron. Y no fue en otro sitio que en brazos de madre donde su pecho inhaló la fuerza aérea del nuevo mundo que se expandía en derredor.