El objeto transicional. Humpty Dumpty

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Humpty Dumpty sat on a wall

Humpty Dumpty had a great fall.

All the king’s horses

and all the king’s men

Couldn’t put Humpty together again.

Humpty Dumpty sat on a wall

Esta es la historia de Humpty Dumpty, huevo sin par que de un muro cayó, e irremediablemente hecho trizas quedó. Nadie pudo hacer nada por él. La idiosincrasia de su débil y vulnerable existencia tuvieron la última palabra.

Desgarradora historia. Sencilla y contundente. Ahora estás y ahora no estás. Mitología anglosajona del ámbito infantil que llegó a nosotros a través de un vídeo-canción de Baby-tv. La primera impresión sobre Marco fue de auténtico pánico, lloraba aterrado, imaginamos que por su oscura fotografía.

Humpty Dumpty (Baby Tv)

Pero un buen día volvimos a ver el vídeo por casualidad y comenzó a pedírnoslo una y otra vez. Le fascinaba, el momento de la caída era divertidísimo, además en esta versión una gentil hada lo restauraba con gracilidad. De este modo llegó a nuestras vidas el muñeco, el cuento, el puzzle, las infinitas versiones de la canción y las infinitas versiones en YouTube de la antológica caída. Tanto es así que en su particular argot tropezar o caer es “hacer humpty dumpty”.

Humpty Dumpty el muñeco, se ha convertido en su juguete favorito. El juego que más le entusiasma es fingir que tropieza o tirar a este u otro muñeco desde cualquier superficie, al tiempo que entona la melodía, por supuesto, es todo un ritual. ¿Y os imagináis cual es la canción que le gusta escuchar para conciliar el sueño? ¡Exacto! Pero no es tan sencillo, hay dos versiones predilectas y él mismo se encarga de pedirme la que prefiere cada siesta y cada noche. Le bajo el tempo, se la susurro y se relaja muchísimo. Es sin duda su objeto transicional.

¿Y qué es esto del objeto transicional ? Todos hemos visto a bebés con su mantita, su peluche, su chupete favorito, su objeto transicional en definitiva. Éste supone el puente entre el niño y la realidad, el área de transición que le separa de su madre o figura de apego y  que le sirve para experimentar de forma segura su autonomía. La formulación de este concepto viene de la mano de Winnicott, psicoanalista inglés y como todos los conceptos en este área, esconden senderos complicados. No me gustaría sumergirme en un lodazal, sólo puedo hablar de nuestra experiencia como madre, no como psicóloga ya que no lo soy.

Una de las caras del objeto transicional es su naturaleza como “zona intermedia de experiencia“, tiene un carácter objetivo, ya que hablamos de un objeto real, y otro subjetivo porque se le atribuyen valores imaginarios. Suele aparecer cuando el bebé comienza a tener conciencia de si mismo, conciencia que lo independiza de la díada poco a poco, esto puede suceder a partir de los cuatro meses, en función del bebé, y extenderse hasta los tres o cuatro años. Es totalmente normal, rasgo que caracteriza un correcto desarrollo psico-afectivo, “la primera posesión“si bien no todos los niños atraviesan esa fase de este modo.

Sin embargo hay otro modo de ver al objeto transicional como “consolador“, que ayuda a sobrellevar la ausencia de la madre, por lo que el niño proyecta en él características “maternizantes”, suele ser blandito y suave. Se habla de una proliferación de este concepto en las sociedades industrializadas, donde la madre no está siempre disponible y las lactancias son prolongadas por poco tiempo. Este último punto no lo veo muy claro, es una postura que  patologiza este comportamiento infantil. Y sin ir mas lejos, Marco sigue con lactancia materna, duerme con nosotros, no va a la guardería y tiene objetos favoritos desde mucho antes de la llegada de su hermanita, por lo que deduzco que su necesidad no nace de la ausencia,  es mas bien el origen de un aprendizaje del entorno  por medios comprensibles a su psique.

Tema fascinante y complejo que cada individuo vive su manera. Para Marco su juguete favorito es Humpty Dumpty pero cuando se extravía se conforma con otros objetos de su interés. Una dura caracola, una zanahoria de peluche, un caracol de plastilina,una mosca de plástico o una tortuga de pasta. Me gusta tanto verle jugar, agarra su objeto, lo llena de atributos que solo él conoce y por unas horas es inseparable amigo.

También se habla de “fenómenos transicionales” como chuparse el dedo, entonar repetidamente una melodía, mesar el pelo, ¿os suena alguna? En cualquier caso, si alguien, niño o adulto, haya consuelo y tranquilidad con un objeto o con un fenómeno lo mejor que podemos hacer es no interferir, “nadie pide lo que no necesita”.

Objeto-transicional

Enlaces de interés:

Objetos transicionales: el inicio del juego.

La teoría de la madre suave, experimento realizado con monos que nos habla de la necesidad de apego que tenemos los mamíferos por encima de la necesidad nutricional.

Objetos y fenómenos transicionales. Por D. W. Winnicott

Winnicott y la teoría de los fenómenos transicionales.

Nota: No quería dejar pasar la ocasión de rendir mi pequeño tributo a Humpty Dumpty, fiel compañero que caída tras caída sigue poniendo la mejor de sus sonrisas. “Por si algún día Marco, olvidas tu juguete”.

Drume negrita

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Drume Maia

 

 

 

 

 

 

El frío, la escarcha y la destemplanza nos han dejado y como una enredadera que crece veloz el calor se va colando por todo resquicio, por las paredes, por las persianas entrecerradas y así, sin más, nos ha dejado el invierno y casi también la primavera. En mi universo onírico, íntimo, en mi micromundo de hogar. De miradas, llantos, risas y leche. Me sumerjo en lo que el calor, el primer calor me sugiere, caribe. Húmedo, meloso y pegajoso caribe. Y la música me mece y yo los mezo a ellos, a mi pequeña, drume, drume Maia.

Bola de Nieve. Drume negrita. Eliseo Grenet (Compositor)

Letra:

Mamá la negrita
se le salen lo pie e’ la cunita
y la negra Merce’
ya no sabe que hace’.

Tu drume negrita
que yo va’ compra’ nueva cunita
que va’ tené capite’
que va’ tené cajcabel.

Si tu drumi yo te traigo un mamey
muy colorao’
y si no drumi yo te traigo un babalao
que da pau pau.

Tu drume negrita
que yo va’ compra’ nueva cunita
que va’ tené capite’
que va’ tené cajcabel.

Escrita en el castellano hablado por los esclavos negros que vivían en Cuba, esclavos que fueron llevados desde África por la España colonial. Dónde drume/drumi es duerme, mamey es una fruta cubana, babalao es un sacerdote santero y dar pau pau es pegar.

Esta famosa nana fue escrita por Eliseo Grenet (1893-1950) pianista, compositor y arreglista cubano. A lo largo del s. XX se ha utilizado en múltiples ocasiones en el mundo del jazz, destacaré la versión del pianista Chucho Valdés, (hijo del recientemente malogrado Bebo Valdés), que más que intimista es realmente arrolladora, con armonías audaces y ritmos energéticos.

La versión que os he traido es la de Ignacio Villa Bola de Nieve (1911-1971), icono cubano, espejo de lo tradicional que triunfó más allá de la isla que le vio nacer. Ignacio Villa, cantante, pianista y compositor, también fue el creador de otra célebre nana cubana Drume Mobila, sonidos en los que también nos podemos balancear con cándido placer. Esta melodía fue abanderada de la lucha racial bajo el nombre de Duerme negrito de la mano de Mercedes Sosa entre otros.

Vengo notando que la  procupación por el sueño del bebé es un clásico, cuantas y cuantas nanas tienen en común el factor chantaje, “si no te duermes vendrá el coco y te comerá”, realmente nos ponemos nerviosos esperando a Morfeo y cual lobo con piel de cordero, detrás de las dulces nanas se esconden las amenazas más infames, suerte que los pequeños se quedan con el arrullo cálido del que duerme.

Entretanto me despido con los rumores ensimismados de mi voz. Drume, drume mi nena…

El pulso

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Comprobar como poco a poco enredas los hilos y te encuentras llevando a cabo un pulso con el amor más grande de tu vida es angustiante. Cualquier tipo de relación es susceptible de viajar por esta dimensión. Esa en la que sin darte cuenta y por tozudez necesitas llevar razón. Aunque lo cierto es que “el pulso” no es posible si uno de los brazos no opone resistencia.

En este caso los dos brazos que se miden, son una puérpera muy sensibleen general y abrumada en particular y un “guerrero soñador” de dos añitos que se reafirma en el mundo, ejercicio vital de la infancia complicado en su esencia, que  viene a sumarse con el advenimiento de una hermanita.

Un hecho en particular hizo que las aguas claras que me mostraban la fatídica inercia, me reafirmasen inefáblemente que jugábamos a tirar de la cuerda. Un hecho tan cotidiano y tan vulgar como este: “te pondré esta chaqueta”  y “no, esa  chaqueta noagusta“; que sí, que no, que sí, que no, y pataleta, y lágrimas y gritos, primero solo del niño. Añadamos un bebé de un mes durmiendo y una tita esperando que decidiéramos atuendo para ir al parque. Lo que podría ser sencillo:”está bien te pondré la chaqueta rota y listo”, ¡al parque, al sol, mañana será otro día! Pues no, no es sencillo. Me olvido de lo que se y de lo que siento y me enredo, como si fuera yo la que tiene dos años, “la chaqueta gris, o la chaqueta gris”.

Alguien me dijo que debo elegir las batallas, y es cierto, no podrá jugar con la plancha, por mucho que pueda reafirmarse en el proceso, pero ¿qué pueden importar las reglas del buen vestir en un momento dado? Siempre que leía casos similares de otros padres me parecían graciosísimos, “esas botas de agua a 35º a la sombra” y pensaba “qué niños mas maravillosos, energéticos, originales, ¡cuánta personalidad! ¡cuánta espontaneidad!” Y sin embargo cuando es mi pequeño me exaspera.

A ratos me siento un fraude, incapaz de bajar ese medio metro que nos separa y mirar con las “gafas con las que mira Marco” , y vuelvo a los manidos pensamientos autoritarios, esos de “si se sale con la suya nunca me respetará”, pero si se sale con la suya podrá aprender que con las botas de agua en verano sudan los pies, y me respetará porque ¡oh milagro! yo sabía que eso pasaría y no vulneré su voluntad.

La impotencia no es una excusa pero viene a explicar los cuarenta minutos de debate estéril en el que terminamos los dos llorando. Los dos llorábamos la misma impotencia de no entendernos y el mismo dolor que causa la desconexión de la persona amada. Quizás si que estaba a su altura, la misma rabieta, la misma edad mental, desde un enfoque diferente.

Y en esto estoy, descubriendo y aprendiendo sobre mí y mis mecanismos. El puerperio te brinda esa gran oportunidad y no la quiero desaprovechar. Encontrar tus límites, tus defectos, y ¿por qué no decirlo? también tus miserias, esa es su idiosincrasia. Qué hacer con todo esto es lo que te puede guiar por un sendero o por otro. Escribiré mas ampliamente sobre el proceso puerperal que estoy viviendo, pero a colación del post puedo decir que estoy reconociendo a mi niña mas pequeña, esa que llora cuando no sabe qué hacer, soy consciente de la carga de chantaje emocional que puede suponer para mi pequeño, “mamá llora si no hago lo que quiere”, suerte que él es mi maestro y no se doblega fácilmente, dejándome espacio para rectificar y aceptar primero. Aceptarme a mí a flor de piel, sin pellejo, en carne viva, cómo soy. En el epicentro del torbellino emocional y hormonal. Cansada, durmiendo lo propio, lo justo, entre arroyo de leche y manantial de leche.

Me reconozco en sus ojos grandes, en sus pestañas que describen posibilidades, todas ellas. Y me perdono, perdono lo que veo, y bajo el brazo y dejo el pulso, y no tiro más de la cuerda, se la dejo a él que lo necesita mas que yo.

Grita, pide y clama lo que necesites, mamá esta aquí para sostenerte, para contenerte y amarte, siempre amarte, aunque a veces no consiga que tu lo veas, pero sé que sí lo sientes.

Miremos hacia dentro y pensemos en las dinámicas relacionales que desarrollamos, para dejar de oponer resistencia.

“Toc, toc. Mastitis”

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Asimetría“Toc, toc. Mastitis” Y así, sin mas, se presenta en nuestros senos esta desagradable invitada, una de las complicaciones de la lactancia materna.

Después de dos años y seis meses de lactancia en la que Marco y yo hemos atravesado incluso un embarazo, solo vivimos un episodio que pudo ser una mastitis pero que afortunadamente solo duró un fin de semana con fiebre muy leve, sin embargo si recuerdo una tremenda tristeza, pesadumbre, debilidad y decaimiento.

Desde siempre, con el reflejo de eyección (compresión de la leche que ya está lista, esperando en el lumen alveolar, que no se produce más rápido si no que fluye más rápido), o como se conoce popularmente, “subida de la leche” sentía molestias, o más bien, podía percibirla claramente, (al principio de las tomas y cuando empecé a trabajar y pasábamos horas separados). Sin embargo, no se decir claramente desde cuando, con esta nueva lactancia el reflejo de eyección era muy fuerte, cada vez más doloroso y punzante, como una oleada que fluía quemando hasta el pezón, duraba apenas unos segundos así que fui aguantando hasta que era insoportable. Pensé que sería por el tándem, ya que la cantidad de leche que generaba mi cuerpo era muy grande, y lo consulté en Twitter. Encontré una respuesta que a estas alturas ya debería tener clara, la lactancia materna no duele, en caso de ser así había algún problema. Aconsejada por @Pilar_Mtnez  solicité a mi matrona en el centro de salud un cultivo de mi leche para descartar o diagnosticar una mastitis. Nunca había escuchado que se hicieran cultivos de leche, ni sabía dónde se podían solicitar, no todos los centros de salud tienen matrona, pero entiendo que al menos un enfermero en funciones.

El procedimiento que seguimos fue realizar el cultivo y a la espera de resultados iniciar un tratamiento con probióticos. La mastitis es una inflamación de la mama que puede ser causada por obstrucción, infección o alergia. En este caso hablamos de infección. INFECCIÓN, menudo término, lleno de grandilocuencia, negatividad y dolor. Imaginas purulencia, hedor y rojo sangre. ¿Cómo puedo dar a mis hijos una leche infectada? El desconocimiento te puede confundir una vez mas. La leche materna como tejido vivo es portadora de un elevado número de bacterias mas de 700 tipos. Cuando la cantidad de cada tipo se desequilibra se produce la infección, una descompensación de la flora bacteriana que en muchas ocasiones mejora con probióticos, bacterias activas que colonizan el ecosistema devolviendo el orden. El probiótico recomendado es el lactobacillus reuteri. Si no es suficiente con esto habrá que recurrir al antibiótico, pero para mi esta es la última opción ya que ataca a “buenos y malos” en una guerra sin cuartel que puede terminar invitando a los hongos a la fiesta, al dejar el sistema vulnerable a su proliferación. Qué grandes dramas se desarrollan en nuestro propio cuerpo sin que seamos conscientes, es fascinante, nuestra consciencia apenas acierta a sentir el abatimiento y la desgana que traen consigo.

La leche que se produce durante este trance no solo es apta para los bebés sino que es muy recomendable para el bienestar de la madre, ya que la acumulación de este oro blanco es lo que puede producir los desequilibrios bacterianos y no hay nada mejor para el vaciado de las mamas que la succión.

Es normal que al principio de la lactancia se produzcan desfases entre la leche que se produce y la que se consume, propiciando acumulaciones que derivan en mastitis y en el caso del tándem más ya que el cuerpo debe medir las demandas de dos bebés, que así mismo varían sus necesidades en función del día.

Francamente, creo que tuve suerte porque mi matrona es fantástica, cualquier médico de cabecera, ginecólogo o enfermero al “uso” te recomendaría abandonar la lactancia materna, la infección iría ligada al destete, por eso he querido escribir este post y contar mi experiencia, sería una pena sacrificar una lactancia por un tema tan común como este. Se puede amamantar con mastitis, superarla y despedir el dolor de nuestra agenda cotidiana.

Acerca de las BACTERIAS en la leche materna: “¿Por qué la leche materna tiene tantas bacterias?”

Sobre la mastitis: “Lactancia materna: mastitis por infección bacteriana” por Pilar Martinez asesora de lactancia y autora del blog Maternidad Continuum.

Nota: la imagen está asociada al texto en la medida de su asimetría.

Los celos. “Ese monstruo de ojos verdes”

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Oh! mi señor, cuidado con los celos. Son el monstruo de ojos verdes que se burla de la carne de la que se alimenta. Otelo. William Shakespeare.

Totum sumiderum

Los celos vienen a resumirse como el temor a la pérdida de una relación interpersonal importante. Observamos amenaza sobre lo que sentimos como propio porque entra en juego alguien nuevo. En el caso de los niños, invariablemente, cuando nace un nuevo hermano es necesario un periodo de confirmación, reafirmación, adaptación… Aparece el temor, por supuesto, yo diría que es la característica principal de ese estado emocional que son los celos, necesitas confirmar que todo sigue en orden, que el amor de mamá y papá sigue intacto. Reafirmar que eres valioso y adaptarte a compartir el tiempo de los que amas con el nuevo miembro de la familia.

En nuestro caso en particular se dan varias circunstancias: Marco tiene dos años y cinco meses, sigue siendo un bebé en muchos aspectos, se encuentra en una etapa evolutiva en la que se siente el centro del universo, hecho esperable y saludable a su edad, empieza a desvincularse de mamá (esto suele ocurrir a partir de los dos años), y comienza a sentir mucha curiosidad por otros niños, sin que esto suponga aún necesidad de socialización (será a partir de los tres años). Añadimos a esto que la etapa oral corresponde al menos hasta los tres años. ¿Qué supone todo esto? Que el niño no va a la guardería, comenzará el colegio el año que viene, y que sigue siendo un lactante. ¡Practicamos lactancia en tándem! Hemos decidido que era lo mejor para los niños, para los dos, por diversas razones.

Pues bien, esto debe ser muy exótico, porque vengo encontrándome con muchos comentarios desafortunados, tanto en el embarazo como ahora, que no respetan las opciones personales y adolecen de un gran desconocimiento. Destacaré además un fenómeno curioso que estoy notando, la fascinación por los celos y el morbo que levantan. Frecuentemente nos preguntan ¿qué tal Marco?  Sin interesarse apenas, o nada, por la recién nacida, acto seguido la curiosidad se dirige específicamente a “la tetita”, ¿cómo lleva Marco que la bebita lacte? No puedo evitar sentirme incómoda con estas actitudes. Me ponen en sobre alerta, más de la que ya tengo, “si todo el mundo me pregunta por algo será”, me planteo y acto seguido me indigno, pareciera que no me preocupo por mis hijos y que tomo decisiones inadecuadas a la ligera, decisiones que los pueden dañar. Luego vienen las historias míticas de hermanos celosos que terminan de ponerme nerviosa. Y es que la curiosidad por lo desagradable es un defecto muy humano, la casi certeza de una complicación familiar levanta mas curiosidad de la que debiera y es que con los celos en los niños y la infidelidad en los adultos la expectación está servida.

Me saldré un poco del guión, si os interesa el tema del “morbo” no os perdáis el primer capítulo de la primera temporada de Black Mirror, da que pensar y mucho.

A vueltas con el miedo y la culpabilidad vuelvo sobre los celos. Miedo a que mi niño sufra más de lo imprescindible, o a que lo imprescindible en sí ya sea mucho. Y culpabilidad, ya que la ocurrencia de traer un factor estresante a su vida ha sido mía. Este párrafo es fruto de la irracionalidad, obviamente, pero es que el puerperio me mueve bajo sedas subjetivas y mi percepción de lo que me rodea es infinitamente emocional. No es un factor estresante lo que ha llegado a casa, sino una persona preciosa que llena de amor con su presencia cada segundo que está despierta y cada segundo que está dormida.

Algunas lecturas indican que: “debemos reconocer los celos como un sentimiento humano y aceptarlos… es importante darle nombre y desarrollar toda la paciencia posible… Usarlos como herramienta para averiguar qué está necesitando, tiempo, atención… y establecer un diálogo breve no recriminatorio. Los menores de tres años necesitarían dos mamás y dos papás ante la llegada de un hermanito” Yolanda González Vara

Rosa Jové indica que son aconsejables los mínimos cambios posibles en la esfera del niño, es decir, que pase el mismo tiempo en casa que solía pasar, que no lo mandemos a dormir a otra habitación; también es buena idea incluirle en las actividades con el bebé y no usar la discriminación positiva, todo lo que se salga de la normalidad crea recelo y alerta y eso es precisamente la base de los celos. Y nunca minusvalorar al pequeño, aunque no nos entienda, porque queremos que se quieran, no que compitan entre ellos.

Para Carlos González los celos “son totalmente normales, y es absurdo (y muchas veces contraproducente) pretender negarlos, reprimirlos o erradicarlos.” Cuando “pedimos” lo que necesitamos y encontramos una respuesta empática, nos adaptamos, se trata de una respuesta desde el punto de vista del evolucionismo. Los niños que han mostrado sus celos “han tenido más posibilidades de sobrevivir, y sus genes se han extendido por el planeta.”

Otra costumbre, muy humana también, es la negación del problema o simplemente de lo complicado. Nos gusta pensar que lo que contamos es lo que vivimos, y bueno ¿quién soy yo para negar este recurso si a alguien le funciona?

¿Qué supone para los padres? doble trabajo para satisfacer las necesidades de sus hijos. Cuando empiezas una empresa de este tipo, sabes que el esfuerzo es grande pero la satisfacción también. A veces flaquean las fuerzas, pero siempre flaquean, tengamos hijos o no, la diferencia es que la capacidad de reacción debe ser alta porque eres responsable de las emociones de más personas. Sin duda es una etapa para aprender sobre nosotros, mejorar y no perdernos lo bueno e irrepetible que te dan los niños pequeños.

En definitiva los celos infantiles son un problema adaptativo, no una celotipia, y la solución es la adaptación, de ellos y de nosotros al nuevo núcleo familiar.

Del ritmo al silencio. In memoriam.

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Vuelvo a este espacio con la intención de rendir tributo a mi abuelo. Si, de nuevo. Y es que los dos hemisferios masculinos del árbol del cual provengo me han dejado en a penas un embarazo. Nueve meses que se abrían con una mala noticia y se cerraban con otra. Mis abuelos en sus largas vidas han sembrado e incluso recogido biznietos, pero a los que quedamos a este lado siempre nos parece pronto para una despedida.

Antonio, ese era su nobre, tímido y risueño, siempre detrás de su boina y sus gafas. Apenas te dabas la vuelta, hacía sonar su armónica para después esconderla con disimulo, no había nada mas divertido que un niño sorprendido, y él lo sabía. Siempre preocupado por todos, pasando lista y preguntando por las aventuras y desventuras de cada uno de nosotros.

No había nada que le gustase más que tenernos a todos en la misma habitación. Una gran comida y muchas mesas en fila. Pero con los años la dificultad para reunirnos crecía exponencialmente, y cuando lo conseguía rodaban por sus mejillas lágrimas de satisfacción. “Cuánto siento abuelito, no haberme dado cuenta antes de que el tiempo es una rueda que gira y gira sin mirar atrás, es una obviedad, lo sé, pero de repente es tarde y ya no se pueden recuperar una llamada, una visita, una mirada, una presencia, una palabra más”.

Los niños comprenden el mundo de un modo totalmente distinto al imaginario adulto. Cuando volví a casa me preguntaba si era necesario explicarle a Marco de dónde veníamos, si era necesario explicarle la ausencia. Así lo hice esta mañana, con palabras que él pudiera digerir. Muy serio y atento me escuchó y comprendió, aunque no volveremos a sacar el tema a menos que él lo haga. Pienso que los niños, incluso los pequeños, necesitan honestidad, necesitan escuchar y necesitan la verdad, porque la desconfianza y el recelo nunca deben ir aparejados al concepto de familia. Suerte que Marco no siente ese escozor adulto, esa sima que representa la muerte, todavía. Y entonces pensé en mi primita de diez años y en la perplejidad que sentiría al conocer la noticia, porque crecer en ciertos aspectos, duele.

Aún no he escrito sobre la adaptación de Marco a la nueva y más extensa situación familiar, sin embargo puedo decir que el hecho de que su padre, su nueva hermanita y su mamá se ausentaran tantas horas ayer, toda la tarde, ha dejado mella, ha vuelto la exigencia y la desconfianza. Aunque en compañía de su mejor amigo, ¿qué hipótesis habrán pasado por su mente? “¿Volverán con otro bebé? ¿Finalmente prefieren a mi hermanita y me han dejado?” Es difícil elegir bien la verdadera escena que no daña, ¿acaso cuatro horas de coche y encontrar un entorno triste donde siempre hay alegría no es desconcertante? Al menos se que con presencia, paciencia y amor restauraremos el bienestar, si es que se ha perdido, estoy segura.

La vida es ritmo. Rápido, rápido al principio; el corazón bombea veloz con la primera ecografía de una vida. Pero después viene el silencio, ese blanco y aterrador silencio, de tan solo imaginarlo me duele el alma. Pero el silencio también es calma, también descanso y también paz. Y sé que nos dejaste así, en paz, en manos de tu guía espiritual, conectado con lo que habías creído y bajo el consuelo del que fue tu Dios. Adiós abuelito, siempre te recordaremos con la sonrisa de niño travieso que nos regalabas con alegría.

 

Y la sirena llegó nadando

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El nacimiento de la sirenaSi, la sirena surcó las aguas de su madre y llegó al mundo acogida por la tibieza de otras aguas. Aguas que se mezclaron con las propias y que en calma la abrazaron. Y no fue en otro sitio que en brazos de madre donde su pecho inhaló la fuerza aérea del nuevo mundo que se expandía en derredor.

Así llegó Maia al mundo, este fue su camino. Casi un mes de pródromos, un susurro, estoy aquí, pero aún no. Su madre no siempre supo leerla, desesperó, caminó, la esperó. Pero también aprendió de la fuerza de la naturaleza, de la fuerza del propio cuerpo, donde no sirven las agendas, donde no importan los planes, ni lo conveniente, ni lo inconveniente.

Aquella mañana su madre lo supo, con más fuerza que otros días que “también” lo había sabido. Y es que la sirena daba pistas pero se tomaba su tiempo, quería decidir sobre su propio momento, su momento único. Y aquella mañana había contracciones desorganizadas, como siempre, pero que le “picaban” incluso recostada. Ocho y cuarto, “hoy si Antonio, lo puedo sentir”, atravesó el pasillo, “hoy si mamá”. Todo el mundo arriba, “¿unos crepes?”, se toman su tiempo pero ella sabe que no lo tiene, amamanta a su tesoro y el dolor se agrava, Marco sumó su propia inyección de oxitocina. Ella decide darse una ducha caliente y después tan solo un bocado dulce, “taxi ya”, llamada telefónica y unas escaleras de pronto infinitas.

En el hospital, otra vez. Cuánta desconfianza, después de la experiencia anterior, parecía tener que demostrar que si, que ahora si. Monitores. “Estas contracciones no son regulares, pero te exploraremos”. “Dilatación completa, el agua clara, la bolsa intacta, se puede ver el pelito”. Y ella, lloró y lloró, olvidó su ropa y descalza fue conducida hasta el paritorio, flotando y llorando…

Un grupo de matronas la recibe, aún sola, y le ofrecen parir en la bañera, dudas y contracciones “¿decidir ahora?” No pensó que tendría tanta suerte y esa posibilidad no estaba apenas considerada. Pero cuando su pareja llegó y la animó, ya no hubo mas dudas, ansiaba ese agua caliente rodeándola.

Las contracciones le dolían pero eran mucho mas orgánicas, si se sentaba en el fondo el agua le llegaba hasta los hombros, la poderosa esfera no tenía que lidiar más con la gravedad. Casi dos horas de expulsivo, lento, de un ir y venir como la marea. La sirena nadaba en su propia bolsa, rebotando en sus propios confines y sin quedar atrapada hasta que fuera el verdadero momento de cruzar de mar a mar.

La madre pudo conectar con sus emociones, con su dolor, con su respiración, con ese “planeta parto” del que se habla. Entre contracciones hablaba con su sirena, “cariño, confío en ti, haz tu camino, te estoy esperando, eres fuerte, eres valiente”, luz tenue, la mejor compañía, Aquarius y Handel. Así llegó el momento de pujar, fuerte, salvaje, intenso. Pero también hubo debilidad, ella se perdía en la vorágine y desconfiaba de su cuerpo, de su fuerza, se disculpaba por sus gritos, el peso de la costumbre era fuerte. Pero la vida se abría paso y ante propios y extraños las aguas se abrieron y Maia sacó su cabecita, sus hombros su torso, su vientre sus piernas, con tiempo pausado, tranquila.

Ojos abiertos bajo el agua y sin nadie que la tocara que no fuesen las entrañas de su madre, que al apenas sentirla salir, alzó con sus manos y tendió sobre su pecho. Y así llegó al mundo la sirena, sin prisa, sin pausa, con calma, con mucha calma. El ambiente que se respiraba no era un estallido de emoción si no un estado milagroso de estupefacción.

 

Como apéndice de este cuento, que si fuera mentira no te lo cuento, me gustaría dar algún dato técnico, durante todo el tiempo que permanecí en la bañera, regularmente, una matrona escuchaba con un aparato de mano sumergible el ritmo cardíaco del bebé. Una vez el cordón umbilical dejó de latir, se cortó y yo pasé a una camilla con una sábana plástica, sin separarme de recién nacida y alumbré la placenta y demás membranas, hasta ese momento la sangre no había aparecido. Tras un pequeño debate de su necesidad o no, me dieron un par de puntos internos y otro externo. También hice uso de óxido nitroso pero no el suficiente tiempo, no podía concentrarme y estar pendiente de inhalarlo.

Mi parto, fue un Parto Respetado y estoy agradecida con el Hospital Clínico de Granada y con el servicio de matronas que me atendió. No es común vivir una situación tan gratificante en un hospital y recibir el alta a las veinticuatro horas, es lo más parecido a un parto en casa a lo que podía aspirar en un centro hospitalario y me siento muy afortunada por ello. Por supuesto, si me lee alguna futura madre, le aconsejaría este tipo de parto si se dan las condiciones, es una experiencia inolvidable en el maravilloso sentido de la palabra.